La Liga de la Justicia y la suprema Corte

Carlos Matute

“Existen juzgadores federales corruptos que no merecen estar en Poder Judicial, incluso algunos de ellos han establecido nexos con el crimen organizado, asegura el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el ministro Arturo Zaldívar, quien se ha echado sobre los hombros la tarea de erradicar la corrupción y el nepotismo existente en este poder la unión, una batalla en la que dice enfrenta fuertes resistencias internas y externas” El Universal (3/junio719).

Después de cinco meses de Presidencia, el Presidente de la Corte se erige como uno de los paladines de la Liga de la Justicia y se alinea a la 4T en el discurso y en el diagnóstico: la fuente de todos los males es la corrupción. Conclusión simplista y populachera. No hay duda, al grado que es una verdad de Perogrullo, ya que en toda organización hay manchas y personas que abusan de la circunstancia para beneficiarse indebidamente.

La prevención y combate de la corrupción es una tarea permanente en cualquier organización (pública o privada). En los últimos años hemos desarrollado instituciones y figuras jurídicas para evitar las desviaciones, a saber, controles internos, reglas de integridad, protocolos de actuación, contralores normativos, códigos de ética y de conducta, matrices de riesgos, declaraciones patrimoniales, transparencia, acceso a la información, protección de datos personales, bancarización de la economía y un largo etcétera. No es una lucha solitaria de un Hércules que enfrenta retos superiores a las fuerzas de un hombre, ni es excepcional.

Los súper héroes de la Liga de la Justicia defienden al desvalido de los malvados e imponen un orden desde el neo Olimpo que ellos mismos se fabrican en sus mentes. En su acción salvadora, suelen destruir mucho más de lo que aportan, por ejemplo, para rescatar a un gatito pueden provocar un choque de trenes, pero siempre están preparados para exhibir al animalito ileso frente a las cámaras de los periodistas entre fierros retorcidos. Sus “hazañas” son lo importante no el beneficio de la sociedad o las instituciones.

La acción de un juez justiciero comienza con poner a cada quien en el lugar que el supone que le corresponde. La etiquetación, que es una forma de generalización, comienza con aquellos que no comparten su visión del mundo y los persigue con su dedo flamígero acusándolos de cualquier delito por mera sospecha. Cualquier indicio irrelevante es suficiente para condenar desde la demanda sin pruebas y con base en prejuicios.

Este tipo de juzgador se olvida que la forma de comunicarse con la sociedad son las sentencias debidamente fundadas y motivadas y prefiere los reflectores de los medios de comunicación que favorecen la grandilocuencia y no otorga el derecho de audiencia al acusado.

En ese sentido, preocupa que el Presidente de la Corte mencione vínculos de miembros del Poder Judicial de la Federación con el crimen organizado y, después, por obvias razones prefiera guardar silencio respecto a los nombres, número o circuito judicial en el que estos existen.

La prudencia, que es una de las principales virtudes del juez, es apartada en su ánimo de demostrar que la mejor Presidencia es la suya, aunque se encuentre en sus inicios, y para ello no duda en atacar despiadadamente a quién él considera malos, sin importar los efectos colaterales.

¿Qué gana un Presidente de la Corte con alardear? Las investigaciones de los jueces y magistrados son competencia del Consejo de la Judicatura Federal, no de la Presidencia. La divulgación de hechos que se conocen en seno del Pleno del Consejo de la materia de disciplina o responsabilidades administrativas o penales es incorrecta pues estos son de índole reservado hasta que haya una resolución.

¿Qué necesidad hay de dar pistas a los “presuntos” jueces o magistrados que a su parecer son corruptos? o ¿Qué fin persigue mencionar veladamente que las readscripciones de juzgadores son una forma de desintegrar “bandas” delincuenciales dentro del Poder Judicial de la Federación?

Las generalizaciones alimentadas por un maniqueísmo caricaturesco son permitidas en la Liga de la Justicia. Divierte y los súper poderes son atractivos, aunque sean destructivos, cuando se ven en una pantalla o en un comic, pero en la realidad acaban con las institucionales y las personas injustamente.

El caso de la francesa Florence Cassez acusada de secuestro es paradigmático. Un súper policía, protagónico, ambicioso y con apoyo de los medios de comunicación, que realizó el gran arresto y acabó en un fiasco por la violación al debido proceso. Sería lamentable que la actitud violatoria de derechos humanos que originó la sentencia favorable del ahora Presidente de la Corte para liberar a la inculpada sea su estilo de administrar al Poder Judicial de la Federación. No es conveniente convertir a la Suprema Corte en la Liga de la Justicia con súper héroes.

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