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45 años sin Pedro Rodríguez

El primer mexicano en conocer lo más alto de los podios más importantes

Autopistas 15/07/2016 12:43 Juan García Ávila Actualizada 07:37

El apellido Rodríguez se ha convertido en un referente de velocidad y éxito para la historia del automovilismo mexicano e internacional desde mediados del siglo pasado. Pedro y Ricardo, los hermanos que portaron con orgullo este apellido, desde su corta edad fueron los pioneros de una generación de pilotos que en su momento, demostraron al mundo que en México la adrenalina también venía en su ADN.

A pesar de su breve existencia, dejaron una huella muy profunda como verdaderas leyendas del volante a través de sus múltiples logros en varias categorías, desde las bicicletas y motocicletas hasta los poderosos monoplazas de Fórmula Uno y autos de resistencia de aquella época gracias al apoyo económico y moral que recibieron de su padre, don Pedro Natalio Rodríguez Quijada. 

Cabe señalar que en Europa fueron bien recibidos -sobretodo en Francia- y se les consideraba como niños comparados con los pilotos de aquel entonces que aún a sus 35 años se mantenían en activo; de hecho, Juan Manuel Fangio se retiro hasta los 47 años.

Por desgracia, Ricardo a sus 20 años sería el primero en dejar este mundo en las prácticas del  Gran Premio de México, aquel 1 de noviembre de 1962 en el autódromo que en su primera etapa se conoció como el de la Magdalena Mixhuca. Pedro, por su parte, terminaría de forjar su cronología el 11 de julio de 1971, en Norisring, Alemania, con 31 años de edad, por lo que este mes se conmemoran 45 años de su pérdida.

Para recordar esta fecha nos acercamos a una de las figuras más especializadas en este rubro del periodismo nacional, el buen Rodolfo Sánchez Noya, quien vivió en carne propia los pasos de Pedro tanto como cronista de su carrera y sobre todo, como amigo con el que compartió muchos de sus logros y tuvo a bien platicarnos cómo era la forma de pensar de esta leyenda del automovilismo que nunca hizo a un lado sus raíces mexicanas, las cuales lo obligaron a cargar con un disco de 45 revoluciones con el Himno Nacional después de su victoria en el Gran Premio de Sudáfrica en 1967, ya que la organización no contaba con él. Además, era fanático de los chiles jalapeños y Rodolfo se los llevaba cuando Pedro vivió en el extranjero.

“Conocí a Pedro en muchos sentidos: deportivo, periodístico y como amigo. Era una persona muy profesional; para darte una idea, si su coche se descomponía y no arrancaba, como sucedió en su primera incursión a LeMans a mitad de la carrera, no gritaba ni hacia declaraciones en contra de nadie. Por el contrario, se despedía de todos, les daba  las gracias y se retiraba; nunca escuchabas una reacción en contra del equipo”. 

De igual forma, su manera elegante de ser y vestir que aderezaba con su formalidad para los compromisos en donde la etiqueta era su principal carta de presentación.

“Qué tiene éste que no tengamos nosotros como mexicanos”. Fueron las primeras palabras que registró Sánchez Noya por parte de Pedro, previo a la carrera de Sebring, Florida, en 1960 al hacerles notar la presencia del campeón sin corona  Stirling Moss. “Esa firmeza y entereza de un muchacho que rondaba entre los 18 y 20 años te daba una idea de su mentalidad como piloto, persona y mexicano que no tenía miedo de nadie y por eso siempre fueron muy valientes los dos, eso me dejó marcado hasta la fecha”.

Al parecer, el miedo no era un factor para Pedro, quien se cerraba en una concentración absoluta antes de una carrera para enfocarse en lo que tenía qué hacer; y cuando se metía en el habitáculo, su entendimiento con el auto los hacía imparables. Un claro ejemplo fueron los Mil kilómetros de Brands Hatch, donde tuvo que arrancar hasta el final de la parrilla por no respetar una bandera amarilla. “Le llamaron la atención por no respetar la bandera amarilla; tuvo que arrancar hasta el final, pasó a todos y ganó con el Porsche 917K atravesado, osea de costado. Obviamente no se contaba con toda la tecnología que tienen los autos ahorita ni la seguridad, a él no le importaba y se medía con Jim Clark, Graham Hill, Jochen Rindt, Dan Gourney entre otros”.

Después de una pausa, entre risas, Rodolfo recapitula lo dicho por el jefe de equipo John Wyre durante la carrera, que tuvo una lluvia torrencial “¿no le pueden avisar a Pedro que se dé cuenta que está lloviendo?”  Ventaja que también resaltó en carreras nocturnas, por lo que lo apodaron  el “ojos de gato”.

Su entereza tuvo un punto de flexión con la muerte de Ricardo y pensó en el retiro, así lo manejaron los medios; sin embargo su respuesta la dio a conocer meses después de su eventual salida con su primera  victoria en Daytona International Speedway,  impulsándolo para seguir adelante.

Ejemplo a seguir. Pedro corrió todo tipo de autos, su hambre de competición no tenía saciedad y era capaz de correr hasta con el pie enyesado. “Cuando Pedro se despistó en la carrera de Sicilia se rompió un tobillo y su auto quedó a mitad de la pista, se tuvo que arrastrar para salvarse. Regresó a Mexico con el pie enyesado y aún así lo cargaron para meterlo en el coche de Fórmula Uno y competir en el Gran Premio de México. No dejaba de correr”. 

Su forma de correr lo llevó a sobrepasar los límites, como sucedió en Sudáfrica cuando aguantó sin hacer el cambio de neumáticos, lo que le valió el triunfo. “En aquel entonces las llantas tenían una franja blanca y cuando el piloto veía estas manchas en el piso del auto,  tenía que entrar a cambiarlas. Sin embargo  aguantó y esa fue su clave para conquistar la carrera con las llantas totalmente desechas”.

El epígrafe de Pedro actualmente es un parámetro para los aficionados de la velocidad. Su talento lo llevó a correr para muchas marcas y equipos de renombre como BRM en Fórmula Uno y Porsche en la categoría de Sport Prototipos -donde acumuló muchas victorias al mando del 917K. Sin embargo, su habilidad también le permitió extenderse esporádicamente a categorías como NASCAR Grand National y Winston Cup, donde figura como el primer mexicano que participó en este serial.

El legado que dejó Pedro para Sánchez Noya se traduce en los récords y triunfos que obtuvo a nivel mundial en cualquier categoría; en Alaska corrió en la nieve con un Porsche 911 que le obsequió la firma después de su triunfo en el campeonato mundial de marcas. 

“Pedro fue un piloto serio y formal,  muy consciente de lo que tenia que hacer y muy concreto en sus entrevistas de prensa. Creo que es un ejemplo a seguir como persona y piloto e indudablemente deja un reflejo que ojalá algún día se pueda igualar con personas como él o superiores. Pero seguirá en el recuerdo de todos los que somos aficionados al emperador de los deportes: el automovilismo dedportivo”. 

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