Abortos inseguros en 2017

Arnoldo Kraus

Tener el derecho a morir con dignidad y a abortar con seguridad son temas médicos, sociales y económicos. Quienes tienen suficientes recursos monetarios pueden, si su agenda religiosa se los permite, pensar en morir con dignidad, esto es, acercarse a doctores y precipitar la muerte. Lo mismo sucede con las mujeres que desean o deben abortar: las ricas lo hacen cobijadas por bonanzas médicas, mientras que las pobres arriesgan su vida y, si fracasa el procedimiento y mueren, dañan a su entorno íntimo; íntimo, en naciones pobres, México entre ellas, significa abandonar a hijos e hijas. Aborto y eutanasia son temas sociales, humanos, éticos.

El informe reciente de la Organización Mundial de la Salud, en asociación con el Instituto Guttmacher —instancia especializada en derechos reproductivos—, acerca del aborto es aterrador: 25 millones de abortos inseguros se practican cada año. Aunque es imposible conocer si la cifra es o no exacta, los números de la OMS apabullan.

En las naciones pobres es donde se llevan a cabo los abortos inseguros y, en ellas, las víctimas, por padecer injusticias perpetuas, desconfían, ad nauseam, de los gobiernos. La desconfianza orilla a pensar que los números ofrecidos por la OMS representan, sobre todo, a las mujeres hospitalizadas por complicaciones de los procedimientos inseguros, o bien, que fallecieron por la misma razón; esas cifras ignoran a las que “no llegaron”. Sea cual sea la cifra, cada muerte, cada orfandad, cada procedimiento brutal —introducción de objetos en la vagina, uso de brebajes, colgarse de árboles—, lastima y ofende.

Comparto algunas datos. Los números y las ideas dimensionan la magnitud de la tragedia. 1) Anualmente, cinco millones de mujeres son hospitalizadas como consecuencia de abortos mal realizados. 2) Tres millones de mujeres que sufrieron complicaciones no recibieron atención médica. 3) Se calcula que el costo anual por atender las complicaciones del aborto inseguro asciende a 680 millones de dólares. 4) Abortar en medios pobres, rurales, deviene estigmatización. 5) Se calcula que 45% de las 56 millones de interrupciones voluntarias del embarazo que se producen cada año en el mundo se efectúan en condiciones peligrosas. 6) En América Latina, quienes más padecen los efectos negativos son las mujeres que habitan en zonas rurales; en los países donde imperan órdenes decimonónicas que prohíben el aborto en cualquier circunstancia, las mujeres no tienen escapatoria. 7) En México, la objeción de conciencia de algunos médicos, aunque no tengan la certeza de que el aborto fue provocado, los ha orillado a denunciar a algunas mujeres; en Guanajuato, y en otros estados, hay mujeres indígenas, por supuesto pobres y con escasa protección legal, recluidas en cárceles.

La tragedia es inmensa. Subsume a las mujeres pobres y las enclaustra en varios callejones sin salida: el de someter su vida y su cuerpo a las decisiones de otros, la mayoría de las veces hombres; la de profundizar su pobreza; la de comprometer su futuro, y si sobreviene la muerte, la de los suyos; la de ser víctima de políticos iletrados, quienes en busca de votos castos se confabulan con religiosos no castos.

El infortunio podría ser menos dramático si el dinero utilizado para tratar complicaciones se invirtiese en educación sexual, en enseñar el uso adecuado y distribución de métodos anticonceptivos, y en la creación de clínicas para apoyar a quien solicite un aborto seguro. La tragedia podría ser menor si se aplicase alguna dosis de justicia: las complicaciones de los abortos practicados en condiciones seguras, por aspiración, son mínimas: abortar en el primer trimestre tiene menos de 1% de riesgo y es diez veces más seguro que dar a luz.

Los abortos inseguros dividen a la población en dos: quienes tienen dinero se atienden de acuerdo a los cánones médicos del siglo XXI; quienes son pobres, proceden como antaño, como hace uno o más siglos; se introducen en la vagina artilugios inimaginables. Las mujeres pobres que abortan en condiciones inhumanas retratan el culmen de la injusticia y las alianzas, siempre nauseabundas, entre políticos y religiosos. La mortalidad materna innecesaria refleja cuán poco se respetan los derechos humanos de las mujeres.

 

Médico

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