La esposa incómoda

Alfonso Zárate

La mujer del César no sólo debe ser honrada, debe parecerlo.

Julio César

¡Cómo ha cambiado México y cómo se han trastocado los usos del poder! “En nuestros tiempos —decía el ex presidente Miguel Alemán—, las hacíamos artistas, hoy se casan con ellas”.

Es cierto. Los presidentes de la República solían tener esposas discretas y juiciosas, como Eva Sámano de López Mateos, Guadalupe Borja de Díaz Ordaz, Paloma Cordero de De la Madrid, Cecilia Occelli de Salinas, Nilda Patricia Velasco de Zedillo y Margarita Zavala de Calderón, que no se creían La Señora Presidenta porque reconocían que el titular del Poder Ejecutivo era su marido. Pero algunos de esos mismos políticos tenían como amantes a muchachas de la farándula y hasta del cine de “ficheras”. Irma Serrano, La Tigresa, fue amante de Gustavo Díaz Ordaz, y Sasha Montenegro, de José López Portillo, aunque luego de muchos años terminó casándose con ella (así le fue).

Una perversión mayúscula se dio durante el primer gobierno de la alternancia en la presidencia (2000-2006). Vicente Fox le enmendó la plana a la Constitución, que establece el carácter unipersonal del titular del Poder Ejecutivo, y lanzó otra de sus ocurrencias: “la pareja presidencial”. Unos años antes de que lo hiciera Angélica Rivera, La Gaviota, Fox y Marta acudieron al arzobispado y movieron sus influencias para lograr una chusca anulación de sus anteriores matrimonios. Pero lo que no conocíamos era una relación peculiar —no clandestina, como solía ocurrir, sino a la luz del día— entre un gobernador con aspiraciones mayores y una actriz de telenovelas; un contrato matrimonial inscrito en una estrategia electoral.

En preparación para la puesta en escena, La Gaviota se divorció y logró la anulación de su matrimonio religioso con José Alberto El Güero Castro, un productor de Televisa. El 19 de mayo de 2009, la Arquidiócesis Primada de México declaró “nulo e inválido” el matrimonio. Toda una historia de vida: 17 años en pareja, tres hijas nacidas de esa relación: Sofía, Fernanda y Regina, borrados de un plumazo con un argumento patético: no haber realizado todos los trámites requeridos, “por ejemplo —aclaró Maritza, hermana y representante de Angélica— no pidieron permiso a sus respectivas iglesias para casarse primero, en el DF y después en Acapulco”. Así, Angélica Rivera, la novia del gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto, pudo llegar al altar en una boda-espectáculo que sería transmitida por las televisoras, vestida de blanco, como la Virgen María: “concebida sin pecado”.

Ya en la presidencia, los abusos de la señora Rivera y su parentela —siempre con el consentimiento de su marido—, ocuparon portadas en revistas del corazón e hicieron historia. Las imágenes de La “Casa Blanca”, una mansión ostentosa cuyo costo se calculó en más de 80 millones de pesos, fue sólo una más de las torpezas que exhibían la insensibilidad de la esposa del presidente. En un país en el que casi la mitad de los mexicanos vive en la pobreza y unos 9 millones en la miseria, una casa como la que exhibían era todo un insulto. Lo que ocurre ahora, la “separación dolorosa” (tuit de La Gaviota), no es sino la consecuencia lógica de ese arreglo.

Las mujeres y el poder. Uno de los afrodisiacos más eficaces es el poder. Algunas mujeres se sienten subyugadas por los hombres poderosos y los que son capaces de correr enormes riesgos. Y muchos de esos hombres usan esa condición para poseer a mujeres que son deseadas por otros hombres —modelos, artistas, reinas de belleza—, que así resultan una especie de trofeo. En ocasiones, dice Francesco Alberoni, los ingredientes de la seducción son el engaño, la manipulación, la adulación. El seductor finge, pero también finge la enamorada.

En el largo itinerario de mujeres de ornato, ambiciosas del poder y frívolas, hay que reconocer la singularidad de Beatriz Gutiérrez Müller, investigadora y profesora que desde muy temprano reprobó el cortesano nombre de “primera dama” y que ha continuado su carrera y el cuidado de su hijo manteniendo un acompañamiento prudente a su marido. Las decisiones controvertidas del presidente López Obrador han dado pretexto a muchos miembros de la “comentocracia” para pegarle a su esposa. La postura frente al presidente debe ser crítica: reconocer aciertos, pero también señalar errores. Sin embargo, creo que su esposa es una mexicana inteligente y discreta que, quizás, en la esfera íntima y lejos de los reflectores, hace el contrapeso que reclama tanta acumulación de poder.


Presidente de GCI. @alfonsozarate

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