Una presidencia hiperactiva

Alberto Aziz Nassif

Desde que AMLO llegó al poder se escuchan voces preocupadas porque hay un presidencialismo poderoso. Lo cual resulta un poco extraño porque México es un sistema presidencial desde que es un país independiente. El debate está muy enfocado en la personalidad del presidente, lo cual resulta entendible en un poder unipersonal. Todos los días hay una nota o declaración que genera polémica y marca la agenda de discusión, por lo menos una buena parte de ella. Tenemos una Presidencia que se distingue por dos rasgos: una hiperactividad que se traduce en un ritmo frenético de acontecimientos, giras, conferencias de prensa, reuniones, programas, etcétera. Y, por otra parte, una enorme capacidad para generar polémica.

AMLO es un político que ha sabido atraer los reflectores y ha construido una Presidencia como centro de la operación política de su gobierno. Decide sus acciones e impone los criterios de las políticas públicas. Ha tenido una ola creciente de aprobación, a pesar de que ha sido blanco de una enorme crítica. En la campaña electoral la crítica y la propaganda negra de sus adversarios se topaban con una suerte de protección. Se sabe que estos blindajes tienen una temporalidad y se pueden fracturar. En los últimos días parece que AMLO ha empezado a enfrentar algunos problemas. Sin que se haya dado algún acontecimiento especialmente grave en su contra, sí se pueden agrupar varias frentes. A la revisión con lupa de todo lo que dice y hace el presidente, su hiperactividad ha multiplicado las oportunidades para generar debate y polémica en su contra.

Así, por ejemplo, tuvo un abucheo al inaugurar el campo de beisbol de los Diablos Rojos en la Ciudad de México, lo cual no le había pasado. En una gira por Sonora recibió reclamos de afectados por el proyecto de una cervecería y dijo que no daba entrevistas “banqueteras”. El tema de termoeléctrica en Huexca, Morelos, ha generado un rechazo frontal comunitario a su gobierno. Otra polémica se ha dado en torno a la revocación de mandato. En una decisión muy polémica volvió a enviar al Senado a los mismos integrantes rechazados (salvo uno) a las ternas para la Comisión Reguladora de Energía (CRE). Luego vino el tema del perdón de una carta que le mandó AMLO al rey Felipe VI de España, en donde le pide que se disculpen por los agravios y crímenes cometidos durante la Conquista. Y así, todos los días.

AMLO es un buen polemista y parece disfrutar de estas dinámicas, pero, al mismo tiempo, hay que preguntarse qué tanto este presidente sabe perder batallas. Existe una opinión crítica que ubica al presidente como una persona que no escucha y que es muy obstinado, como él mismo lo dice, que es muy perseverante. Una muestra es que buscó tres veces la Presidencia de la República. Un caso en donde su proyecto no ganó fue el proceso legislativo sobre la Guardia Nacional, que salió adelante con mucha negociación, cambios y propició un amplio consenso.

La Presidencia no se reduce a las declaraciones de AMLO, sus mañaneras y sus giras de trabajo. Poco a poco se construye otro ambiente en diversos espacios sociales. En el mundo laboral se han quitado las condiciones de represión y se ha iniciado una dinámica encaminada a tener un sindicalismo real, a veces con abusos como en la huelga de la UAM. En los medios públicos se decidió nombrar a un equipo competente de comunicadores y periodistas independientes, como una apuesta mediática democrática. Otro de los frentes que se quiere cubrir es el desastre que ha dejado la guerra contra el narcotráfico, sobre todo por los miles de desaparecidos y víctimas. En el cambio de rumbo respecto del sexenio anterior hay otros dos asuntos relevantes: la reforma educativa y la reforma energética. En el sector educativo la presión de la CNTE ha llegado a abusos, como el bloqueo del Congreso. En la energética está Pemex, que se ubica como uno de los mayores desafíos de este gobierno, como lo señaló el secretario de Hacienda.

Las apuestas de este gobierno todavía no producen resultados, pero la mayoría en el país espera que los cambios logren más bienestar, menor violencia, corrupción e impunidad. Mientras tanto, observamos a una presidencia hiperactiva y polémica…

Investigador del CIESAS.
@AzizNassif

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