No disparen

Alberto Aziz Nassif

Muchas campañas contra la violencia han tenido como consigna “no disparen”. Casi todos los días hay una matanza, hace poco 13 asesinatos en Minatitlán; el fin de semana pasado 5 en Chihuahua y 6 en Guadalajara. En menos de una semana también asesinaron a dos alcaldes más, uno en Michoacán (David Otlica Avilés en Nahuatzen), y otro en Veracruz (Maricela Vallejo Orea en Mixtla de Altamirano). Estos dos casos se suman a otras decenas de asesinatos de alcaldes que en los últimos años han caído en manos del crimen organizado. Y la gran mayoría de los asesinos siguen tan campantes.

México se ha ido pudriendo en una larga y densa espiral de violencia que acumula ya miles y miles de asesinatos, desaparecidos, feminicidios, secuestros, torturas. La cifra del terror incrementa la estadística todos los días y deja fuera de combate a las estrategias del gobierno, a los planes para combatirlo, a las declaraciones políticas y a las muestras de voluntades para salir de esta dinámica en la que el país está sumergido desde hace años. En estos números hay una violencia política que apunta en contra de los gobernantes y, de forma particular, en contra de las alcaldías, el nivel más cercano a los ciudadanos, pero el más vulnerable frente al crimen organizado. De acuerdo con la publicación www.alcaldesdemexico.com en los dos sexenios anteriores asesinaron a 134 ediles, 49 durante el gobierno de Calderón y 85 con Peña Nieto. Estas cifras son una expresión terrible de un problema que parece que se ha normalizado en el país. Sin embargo, en ningún régimen que se dice democrático es normal que se mate así a la autoridad.

Un seguimiento de la violencia política en México apunta hacia un deterioro que tiene varios componentes: por una parte, un régimen de impunidad frente a la violencia política que se ejerce cotidianamente en contra de periodistas, alcaldes, ex alcaldes y funcionarios; por otro lado, una presencia criminal que se ha enraizado en los espacios locales de gobierno y que afecta de forma directa a las autoridades municipales. Esta violencia parece imparable y suele agudizarse durante los procesos electorales. Durante el proceso electoral 2017-2018 el Séptimo Informe de Violencia Política, de Etellekt, señala que hubo 774 agresiones a políticos, de las cuales 152 fueron asesinatos, entre los que se cuentan 48 entre precandidatos y candidatos (www.aristeguinoticias.com) Ahora, el mismo Etellekt hace otro informe sobre violencia política en el primer trimestre de 2019 y establece un incremento de 46% de agresiones respecto al mismo periodo en 2018.

Durante el sexenio pasado la violencia bajó durante los primeros dos años y luego volvió a repuntar, para terminar como el sexenio más violento. Atravesamos por una urgencia nacional, quizá por eso AMLO decidió desplegar ya a la Guardia Nacional (GN). Los primeros 1,059 elementos de la nueva corporación iniciaron sus tareas de “vigilancia y protección en Minatitlán, Coatzacoalcos y Cosoleacaque (…) Sin normatividad secundaria, protocolos de uso de la fuerza y derechos humanos” (EL UNIVERSAL, 27/04/2019). Con prisa y una alta expectativa de que este instrumento servirá para combatir la violencia, el mismo secretario de seguridad, Alfonso Durazo, aclaró que este despliegue inicial estaba avalado por la Constitución de acuerdo a los artículos transitorios de la reforma que crea a la GN. El propio Durazo estableció en estos días el plazo para ver resultados: dijo que el gobierno considera que en tres años se podrán alcanzar niveles “razonables de tranquilidad” (EL UNIVERSAL, 25/4/2019), cualquier cosa que eso pueda significar. El funcionario señaló que el problema mayor era el “corto plazo”, es decir, lo que ya está pasando en estos días y meses, la continuidad de la espiral de violencia del gobierno anterior.

La expectativa de la pacificación es muy alta y, como dice AMLO, esperamos que “por el bien de todos” la nueva estrategia funcione de forma eficaz para salir del pantano de la violencia. Es desconcertante no saber cuánta violencia más se acumulará en los próximos días. Esta incertidumbre tiene a México en vilo. Ojalá que dentro de tres años no tengamos que volver a empezar una campaña que diga de nuevo: no disparen…

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