España, ¿un punto de inflexión?

Alberto Aziz Nassif

Sin afirmar todavía que el voto español por la izquierda vaya a marcar el inicio de una tendencia, sin duda sirve como una señal contundente de cambio, luego de años de malas noticias para proyectos progresistas

En uno de sus últimos libros, Ruptura. La crisis de la democracia liberal (Alianza Editorial, 2017), Manuel Castells hace una afirmación que hoy podría convalidarse con el resultado electoral del pasado 28 de abril en España. Dice: “si Pedro Sánchez consigue anclar al PSOE en la izquierda mediante una adaptación de las políticas socialdemócratas a las nuevas condiciones sociales y a la cultura de las nuevas generaciones, estaría creando las bases para la superación parcial de la crisis que está llevando a los socialistas europeos a su desaparición como fuerza política significativa. Si esto sucediera, estaría reforzando las posibilidades de un renacer socialdemócrata ejemplificadas por Corbyn en el laborismo inglés y por Costa en el socialismo portugués” (p. 116). El triunfo del PSOE el 28-A puede abrir un escenario diferente en Europa, un punto de inflexión.

Sin afirmar todavía que el voto español por la izquierda vaya a marcar el inicio de una tendencia, sin duda sirve como una señal contundente de cambio. Desde hace varios años se ha venido dando una acumulación de malas noticias para la democracia electoral y los proyectos progresistas, tanto en Europa, como Estados Unidos y América Latina. El Brexit, Trump, Bolsonaro y otros casos como Hungría, Polonia, Turquía e India, han marcado una ola de nacionalismo, xenofobia y conservadurismo que han lastimado de forma importante a la democracia liberal. A varios de estos gobiernos resulta complicado seguir llamándolos como democracias. No sólo se han destruido sistemas partidistas, que eran un balance entre tendencias centristas de izquierda o de derecha, sino que se han reforzado los extremos, sobre todo por el lado de una derecha que hoy gana espacios con expresiones radicales muy peligrosas. En Europa han aparecido grupos políticos de ultraderecha que llegan a los parlamentos como en Alemania, Italia, Francia y, recientemente, también en España con Vox. Esa ultraderecha ha estado a punto de ganar en Holanda y Finlandia. Frente a este panorama la noticia española se vuelve muy importante.

Diversos análisis consideran como factor desencadenante de estas reacciones antidemocráticas la grave crisis de 2008-2009. Un proceso del cual quedan todavía restos y daños que no han terminado de sanar. En el caso español la derrota de la izquierda después de la crisis fue porque el PSOE respondió como si fuera un partido de derecha. Para los que piensan que el eje de izquierdas y derechas ya no tiene significación, habrá que llevarlos a ver cómo votó la ciudadanía española frente a los dos bloques que presentaban dos proyectos de país. Hay que añadir que la derecha del PP, un partido con fuertes cargos de corrupción, se movió más hacia el extremo del espectro y estableció alianzas regionales con los ultras de Vox.

Es muy probable que el 28-A pueda impactar a los dos procesos electorales próximos, los comicios locales del próximo 26 de mayo, en donde el vector será la representación regional específica en cada uno de los 8,124 municipios del país. El mismo día habrá elecciones para el parlamento europeo, y la batalla principal podría ser entre el bloque socialdemócrata y el bloque conservador. El progresismo europeo recibió como oro molido el triunfo del español Pedro Sánchez.

El líder del PSOE ha calculado que las alianzas para formar gobierno estarán definidas con el resultado de mayo. El PSOE regresa al poder con 123 escaños, pero le faltan 53 para la mayoría. Cercano está Unidos Podemos que cuenta con 42, pero tendrá que buscar otros 11 escaños de otras fuerzas minoritarias para completar la mayoría.

Mientras España termina sus dos procesos electorales, el nuevo gobierno de izquierda necesitará recomponer la precariedad laboral y los daños que dejó la crisis en los sectores más desprotegidos; también tendrá que combatir la corrupción y darle un sentido nuevo a la representación democrática. Atender el bienestar y la cuestión de la España-nación, serán dos tareas urgentes para el nuevo gobierno. ¿Será posible una democracia con más igualdad y una nación plural sin rupturas? Quizá sea mucho pedir, porque la otra alternativa, como concluye Castells en su libro, sea “aprender a vivir en el caos”.

Investigador del CIESAS. @AzizNassif

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