El géiser mortal

Alberto Aziz Nassif

La imagen del combustible que brotaba como fuente a varios metros de altura, como un géiser de aguas termales en Tlahuelilpan, Hidalgo, parecía un chorro de dinero que todos se podían apropiar, con un poco de molestia y malos olores. Cualquiera que llegara con su recipiente podía tener acceso a esa riqueza. Esa fiesta de la abundancia se transformó de pronto en una tragedia de grandes proporciones cuando ese chorro de combustible explotó. El resultado es que hasta ayer se reportaron 91 muertos, decenas de desaparecidos y de heridos. De tragedia en tragedia México se enfrenta a sus partes más vulnerables y a sus miserias colectivas e institucionales.

En la tragedia del 18 de enero se mezclan escenas infernales con pobreza y corrupción. La pobreza de pueblos y comunidades que han encontrado en el robo y la comercialización del combustible una forma de vida; la administración de una empresa pública, Pemex, que ha sido fundamental en el desarrollo del país y que hoy en día ha llegado a una condición lamentable, por el manejo financiero, la extracción de ganancias, la corrupción desde arriba hasta abajo y privatización, que la han convertido en una empresa casi inviable. La ausencia de protocolos de seguridad para intervenir y cuidar la seguridad de las poblaciones vecinas al combustible. En cada tragedia aparecen las deficiencias institucionales, las redes de abuso y corrupción que se han establecido dentro de espacios y territorios ilegales, peligrosos y mortales. ¿Cuántas veces han estallado mercados que venden juegos pirotécnicos? ¿Cuántas muertes han causado instalaciones de energía que han rebasado los protocolos de seguridad, al estilo de lo que pasó en San Juan Ixhuatepec en 1984? ¿Cuántas personas han fallecido con el huachicoleo?

Las versiones se multiplican para contar lo que pasó en Tlahuelilpan. Los familiares de las víctimas son visibilizados y circulan como novedad noticiosa. De forma muy rápida se han empezado a fijar dos posiciones, la que defiende el gobierno federal que en palabras de AMLO es que el “fuego no se combate con el fuego” y que la actitud de las autoridades de no intervenir fue prudente porque era imposible que 25 uniformados contuvieron a una multitud aproximada de 600 personas que hicieron una fiesta alrededor del géiser de gasolina que brotó en una toma clandestina. Por otra parte, está la oposición política que ya acusa de negligencia al gobierno por no haber evitado la tragedia mediante una estrategia de contención para detener la euforia del combustible.

En cada tragedia hay especificidades, no es lo mismo el 2 de octubre del 68 que Ayotzinapa, ni es igual San Juan Ixhuatepec y Tlahuelilpan, pero también hay ejes de vinculación en donde la autoridad tiene un peso y una responsabilidad. Ha habido represión en unos casos y en otros corrupción. ¿La tragedia del 18 de enero se pudo haber evitado? En principio se puede responder que sí, porque en teoría era evitable si se hubiera acordonado la zona. Cuando se analizan los resultados y se ven antecedentes de lo que ha pasado con casos similares, se observan casos en donde ha habido enfrentamiento de la comunidad con las autoridades. También hay casos en donde existe colusión y todos llevan una parte de la ganancia. AMLO tiene como meta combatir el robo de combustible que está envuelto en amplias redes de corrupción.

El dilema que es necesario resolver responder ahora es: ¿se puede dejar a la gente que actúe como en Tlahuelilpan, porque se trata de un problema de pobreza y escasez y no hay que intervenir porque eso significa reprimir al pueblo?, o, por el contrario, ¿existe la posibilidad de que haya protocolos de seguridad para contener el robo de combustible o cualquier otra práctica delictiva, sin que se termine en una represión militar o policiaca? De cómo se responda este dilema se podrá saber si la estrategia contra el huachicol tiene probabilidad de tener éxito. Este dilema también está en el corazón del modelo de seguridad que se pondrá en operación para combatir al crimen en el país con el rumbo que tome la Guardia Nacional en la pacificación. La Fiscalía General tiene su primera prueba, investigar qué sucedió alrededor del géiser y establecer responsabilidades…

Investigador del CIESAS. @AzizNassif

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