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sebastian.garcia@clabsa.co.mmx
No es un día normal, no es un partido más. La gente en la colonia Noche Buena lo sabe. Mareas amarillas y azules invaden las calles aledañas al estadio Azul y la seguridad se tiene que multiplicar. La precaución, en esta ocasión, va más allá de la llegada, estadía y salida de los grupos de animación.
Es un Cruz Azul vs América, un Clásico Joven. Las barras americanistas, que llegan desde diferentes puntos, caminan hombro a hombro con los policías. El pueblo celeste se siente cómodo, sabe que están en casa. Si de por sí los boletos ya tenían un costo elevado, la reventa previa al partido, los hizo inalcanzables. A pesar de ello, el inmueble lució repleto.
Después del sismo que azotó al país el pasado 19 de septiembre, el futbol y la alegría volvieron a la Ciudad de México. La gente se olvidó por un momento de aquel trago amargo y se dio cita para alentar a su equipo. Claro que siempre con esa sensación de estar atenta a las indicaciones por cualquier emergencia.
Ante el miedo y alerta que siguen latentes, el coso de la colonia Noche Buena mostró mayor seguridad.
Paramédicos en las entradas y más acomodadores reflejaban la latente preocupación que dejó el terremoto y que merecía especial atención de todos, no solamente de los encargados de la seguridad.
Por otra parte, en el estadio Azul se respira nostalgia por parte de los locales. Puede ser el último América - Cruz Azul, el último Clásico Joven que hará vibrar el coso celeste antes de que La Máquina emigre al Estadio Azteca, casa de su rival en turno. Adentro del estadio, el pueblo celeste fue mayoría.
La ilusión por vencer al acérrimo rival era máxima. Tanto como la sorpresa que reflejaban las caras de niños en la grada por vivir su primer y último clásico en ese inmueble. Para mala fortuna de los locales, en esta ocasión las Águilas volaron alto. Ya son tres años sin perder ante La Máquina, que una vez más, mató las esperanzas de sus aficionados.
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