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El camino de Nick Foles en la NFL representa a muchos jugadores que no aguantan la presión de las grandes franquicias y son desechados sin cumplir las expectativas.
Pero el quarterback de los Eagles de Filadelfia es la excepción de una lista extensa de aquellos que duran poco en la liga más prestigiosa de futbol americano. Mañana, el egresado de la Universidad de Arizona jugará el Super Bowl LII después de una ruta llena de obstáculos. La misma que Tom Brady tuvo que superar para convertirse en el cinco veces monarca que todos conocemos.
Sin destacar mucho en el Draft de 2012, Foles fue seleccionado por Eagles en la tercera ronda.
El texano empezó su campaña de novato en la banca, suplente de quien fuera superestrella de la NFL, Michael Vick. La oportunidad de mostrarse no tardó mucho; el mal rendimiento del ex astro de Atlanta le abrió la puerta de la titularidad. Perdió en su debut, frente a Washington 31-6.
Para su segundo año, Foles jugó 10 partidos como pasador principal. El 3 de noviembre de 2013 demostró sus aptitudes al empatar el récord de más touchdowns (7), en un partido (vs Raiders). Atrajo los reflectores con ese rendimiento; al término de la campaña, llevó a Filadelfia a Playoffs, donde cayó en la ronda de comodines ante Nueva Orleans. Una temporada después, el equipo llegó a un acuerdo con los Rams de San Luis para intercambiar quarterbacks. Nick llegó a
Missouri y Sam Bradford hasta Penssylvania. No la pasó bien con el head coach Jeff Fisher.
Con sólo once juegos disputados decidió marcharse a Kansas City, donde asumió el papel secundario sin problema. Fue suplente de Alex Smith todo 2016. Con un audífono en el oído y una tableta en manos ocupó la banca, hasta que su equipo fue eliminado por Pittsburgh en la ronda divisional.
Todas las mudanzas valieron la pena cuando firmó un nuevo contrato con Eagles; la lesión de Carson Wentz –en la semana 14 frente a Rams–, lo tiene a un paso de ser la figura del primer Vince Lombardi para Filadelfia
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