Por primera vez en la historia del boxeo amateur mexicano, dos peleadores alcanzaron medalla de oro en Juegos Olímpicos, correspondiendo el honor al peso mosca, Ricardo Delgado , y al pluma, Antonio Roldán , quienes anoche culminaron en forma brillante su actuación en la Arena México.

Fueron solemnes los momentos en los que el público, que casi abarrotó el inmueble de la colonia Doctores, cantó el Himno Nacional mientras la bandera de nuestro país se elevaba en lo más alto. Miles de voces unidas, se escucharon después que los dos jóvenes mexicanos lucharon con éxito por la victoria.

Ricardo Delgado

no tuvo mayores problemas para vencer al polaco Arthur Olech , quien, con sus toscas embestidas, se entregaba fácilmente a la izquierda y derecha del pugilista local.

Ricardo

hizo una pelea inteligente que lo llevó a una victoria absoluta. Olech buscó el combate en corto, su poder era manifiesto pero el tricolor lo contuvo.

Lo recibió siempre con un jab de izquierda seguido de un derechazo que, invariablemente, se estrellaba en la quijada del europeo y que, en dos ocasiones, estuvo apunto de derribarlo.

Todos los jueces votaron en favor de Delgado, quien ganó por cinco puntos contra cero.

Ricardo Delgado y Antonio Roldán, dos púgiles áureos
Ricardo Delgado y Antonio Roldán, dos púgiles áureos

Por su parte, Antonio Roldán tuvo a un rival de mucha calidad en el norteamericano Albert Robinson, de mayor estatura y alcance que el nuestro.

Pese a ello, tuvo un primer round en el cual se manejó estupendamente, metiéndose en la guardia de Robinson y golpeándole en la parte baja del estómago.

En el segundo asalto, y después de haber sido amonestado en dos ocasiones por pegar con la cabeza, Robinson volvió a las andadas y nuevamente dio un frentazo a Roldán , por lo que el estadounidense fue descalificado por el juez, y el combate le fue otorgado al púgil tricolor, quien sumó la tercera presea para la delegación mexicana en los Juegos.

En la Alberca Olímpica , el estadounidense Michael Burton se proclamó campeón en los mil 500 metros libres.

Cuando Burton hizo el toque final, el público le brindó una ovación calurosa, pero no como la merecía alguien que rompió el récord mundial. Él mismo con su triunfo desbarató a un pequeño ídolo de barro que se debatía, 70 metros atrás, entre los últimos lugares.

Guillermo Echeverría

era ese mito. El público realizó un lleno impresionante en el graderío del escenario para verlo triunfar, porque tenía confianza en la grandeza del nadador mexicano, que se había convertido en la esperanza desde hace varios años. Todos se sintieron defraudados.

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