FOTOS: ROSALÍO HUIZAR/EL UNIVERSAL

Kenia Enriquez, de niña "bulleada" a campeona del mundo

18/02/2020
10:32
Gabriel Cruz
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Tiene 26 años, la mitad de ellos ligada al pugilismo. Acaba de realizar la cuarta defensa de su segundo título y acepta que no conoce mucho más que no sea estar entre guantes

Un chispazo bastaba para que Kenia se peleara en la calle, en la escuela, en su barrio. Lo cierto es que ya traía el boxeo en las venas y el tiempo tardó muy poco en ubicarla como boxeadora profesional, y no cualquiera, sino doble campeona mundial, actual reina minimosca del CMB.

Es parte de la segunda generación de boxeadoras mexicanas y acepta que tiene la ‘vara muy alta’, “así como ellas tocaron puertas para que llegaramos nosotras, ahora nos toca hacerlo para que el camino de las que siguen el camino sea más fácil”.

En lo personal, suma cinco años realizando el torneo ‘Kenia Enriquez’ impulsando el boxeo femenil amateur en Tijuana. Durante un día completo se juntan todas las niñas boxeadoras.

“Estamos robando la atención en el boxeo. Cuando vi que era la que encabezaba una cartelera estaba incrédula de lo que pasaba, la gente encantada por acompañarme en las actividades previas, en mi pelea hubo 6 mil personas reaccionando a un evento de este tipo en un lugar donde el boxeo no es parte de su vida cotidiana”.

Enríquez sabe que una campeona es arriba y abajo del ring, “por eso me gusta apoyar a las niñas con equipo para que sigan sus sueños, me reflejo en ellas, yo hubiera querido que alguien creyera en mi, que hubiera apostado por mi esfuerzo, no puedo cambiar eso pero si puedo cambiar la vida de una niña.

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Sé lo que se siente llegar a tu casa con un trofeo o un diploma, en mi casa fue muy difícil que aceptaran, a él (su padre) le encantaba que entrenara, pero al momento de ya subir a pelear no fue sencillo, lo convencimos y hasta la fecha nos acompaña”.

Más, por que reconoce que son un grupo vulnerable en la sociedad.

“Y el boxeo es una profesión pero también nos ayuda para defendernos. En mi lo cambió todo, era una niña tranquila, bulleada porque no era una niña bonita, tuve problemas de autoestima, era introvertida y callada. El box me abrió el mundo y ahora nadie me calla, me dio confianza, seguridad y una carrera profesional”.

Kenia tiene 26 años, la mitad de ellos ligada al pugilismo. Acaba de realizar la cuarta defensa de su segundo título y acepta que no conoce mucho más que no sea estar entre guantes, en un gimnasio.

“La mayor virtud que me define es querer ser. Me gustaba pelear y de ahí viene todo el asunto, hasta que llegó un punto en el que causaba muchos problemas y mandaron llamar a mi papá a la escuela. Él había sido peleador y regresó al gimnasio, entonces me metió en un intento para canalizar mi violencia”.

Su confianza era infinita, así que a los 10 días le ofrecieron una batalla y la aceptó, “pensaba que era lo mismo, pero no, duré un minuto y medio y me puse a llorar, porque yo era la reina de las peleas y de moelstar gente. Me dieron la paliza de mi vida y pregunté qué tenía que hacer para ganarle a esa niña. La respuesta fue disciplinarme y lo hice”.

Entonces vino lo bueno. A los dos meses volvió a pelear y ganó, le gustó la sensación. Entonces, se llevó los ‘Guantes de Oro’ en 2008, 2009 y 2010: “Un año después debuté y en el 2014 conseguí mi primer campeonato, lo perdí en el 2015 y logré mi segundo cetro en el 2017”.

Ya son tres años como monarca del mundo, representando a México entre las mejores exponentes de las 108 libras. Pero hasta la fecha no está convencida de que el boxeo es su trabajo, “porque nunca lo tomé en serio, era algo que me gustaba hacer”.

Aunque ahora, pide más de lo que debería al box, sabe que la perfección no existe pero la excelencia sí, “he mejorado en todo. Desde el comienzo lo disfruté y no ha llegado a ser un trabajo, me lo tomo en serio en la preparación y la pelea, pero no lo pienso desde el lugar de sentir que esto es mi profesión, así serio nunca le pongo estas palabras”.

Tuvo la fortuna, reconoce, de tener a Jackie Nava en Tijuana, quien le dio la oportunidad de ser su ‘sparring’ a los 17 años y empezar a descubrir un mundo en el que sabía que podía llegar a ser como ella, “que no estaba tan lejos ser campeona del mundo, que solo tenías que esforzarte más, ella fue una gran inspiración. Pero también grandes ejemplos como Cecilia Braekhus, la primera en unificar una división; Amanda Serrano que consiguió siete títulos en siete divisiones diferentes; una Barbie Juárez, quien a los 40 años es campeona del mundo”.

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