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En marzo, mes donde se conmemora el Día Internacional de la Mujer, las historias de resiliencia femenina suelen narrarse desde la lucha social, el liderazgo o la conquista de derechos. Sin embargo, también existen relatos profundamente humanos donde la fortaleza nace del dolor más íntimo. Ese es el caso de Laura Castro Posada, autora y conferencista latinoamericana que transformó la pérdida de su hija en un poderoso mensaje de conciencia, sanación y amor.
En 2022 su hija de 18 años murió tras ser arrastrada por una corriente en Barra del Pacuare, en Siquirres, Limón, Costa Rica. Lo que siguió no fue solo un duelo devastador, sino el inicio de un camino espiritual y emocional que hoy comparte con miles de personas a través de su libro “21 verdades sobre la muerte que te sirven para la vida”, una propuesta que invita a replantear la relación con la pérdida desde la conciencia emocional.
Hablar de la muerte sigue siendo un tema incómodo, incluso en una sociedad que simbólicamente la honra. Aun así, pocas veces se aborda desde la profundidad que implica enfrentar una pérdida real; por lo que tras la muerte de su hija, Laura decidió transformar su experiencia personal en una reflexión pública para ayudar a más personas.
Cuando el dolor se transforma en conciencia
Perder a un hijo es una de las experiencias más dolorosas que puede atravesar una persona. Para Laura, el golpe emocional fue inmediato y devastador. No obstante, desde el principio tomó una decisión interior que marcaría el rumbo de su proceso: no quedarse atrapada en el sufrimiento.
En entrevista con EL UNIVERSAL, confesó que siempre ha tenido una fuerte conexión con la vida, la alegría y la luz, por lo que su mayor temor era caer en la oscuridad emocional.
“Le tengo mucho miedo a la depresión […]siento que si me dejo caer no me voy a poder levantar”.
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Esa determinación de no hundirse no surgió de la nada, pues recordó que desde niña aprendió a levantarse sola, pues creció experimentando una profunda soledad emocional. Aquella experiencia temprana le permitió desarrollar una fortaleza interior que, años después, sería clave para enfrentar el duelo.
“Tengo otra hija y tengo toda una familia que sé que, si me hundo, se van conmigo”.
El momento que cambió su forma de entender la pérdida
El instante en que recibió la noticia de la muerte de su hija estuvo marcado por el caos emocional. Entre gritos, incredulidad y dolor, Laura vivió un momento de lucidez que transformó su forma de mirar la tragedia.
En medio de la desesperación se hizo una pregunta que cambiaría su perspectiva:
“¿Estaría más tranquila si fuera otra mujer, otra mamá, y no yo quien tuviera que atravesar esto?”.
La respuesta fue inmediata: no.
Esa reflexión la llevó a evitar una de las preguntas más comunes ante la tragedia: “¿por qué a mí?”. En lugar de ello, decidió asumir la experiencia como parte de un proceso más grande.
“Si me está pasando a mí es porque confío en que estoy preparada para esto. Lo recibo”.
Ese cambio de enfoque fue el primer paso para convertir el dolor en una búsqueda de significado y conciencia.
Una experiencia espiritual que cambió su visión de la muerte
Durante su proceso de duelo, Laura vivió una experiencia que describió como un estado de conciencia profundo, similar a lo que muchas personas relatan en experiencias cercanas a la muerte.
Contó que se vio suspendida en una oscuridad absoluta, pero llena de amor. En ese espacio simbólico imaginó a su hija como una pequeña luz que se fundía con algo mucho más grande.
“Pensé: esa es mi hija y se está fundiendo con algo más grande. Está en Dios”.
Ese momento marcó una comprensión que se convertiría en el eje de su mensaje: el dolor es real, pero también puede tener un sentido más amplio dentro de la experiencia humana.
“Mi corazón estaba como agua hirviendo […] y me decían: ‘Laura, es por amor’”.
Para ella, esa frase se convirtió en una clave espiritual: el dolor que sentimos cuando alguien muere es, en realidad, una expresión del amor profundo que existe entre las personas.
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Hablar de la muerte para aprender a vivir y resignificar el duelo
Para Laura, uno de los pilares de su trabajo es romper el silencio cultural que existe alrededor de la muerte. A su juicio, evitar este tema solo incrementa el miedo y el sufrimiento, cuando en realidad aceptar su existencia puede transformar la forma en que las personas viven.
“Lo más seguro que tenemos es que todos nos vamos a morir”, afirmó.
Desde su perspectiva, reconocer la finitud de la vida permite valorar con mayor profundidad el presente, las relaciones y el amor.
“Si alumbramos ese único camino seguro que tenemos, la muerte nos puede invitar a vivir”.
Por ello, sostiene que hablar de la muerte no genera oscuridad, sino conciencia. Esa misma reflexión la llevó también a analizar la forma en que las personas enfrentan el duelo, especialmente en el caso de las mujeres.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, Laura explicó que durante generaciones el modelo cultural femenino estuvo ligado al sacrificio y al silencio emocional. No obstante, considera que hoy muchas mujeres están transformando esa narrativa.
“Fuerte no es resistir ni ponerse una armadura. Fuerte es tener la capacidad de sentir sin destruirte”.
Desde su visión, la verdadera fortaleza femenina se encuentra en la vulnerabilidad: en llorar, reconocer el dolor y, aun así, elegir seguir viviendo.
También señaló que las diferencias culturales influyen en la manera en que hombres y mujeres atraviesan el duelo. Mientras muchas mujeres suelen apoyarse en redes emocionales, a muchos hombres se les ha enseñado desde niños que llorar es una señal de debilidad, lo que con frecuencia los lleva al silencio y al aislamiento.
“Los hombres han crecido con la idea de que no deben llorar. Desde niños les decimos: ‘Levántate, no pasó nada, eres varón’. Aprenden a callar. Por eso las tasas de suicidio en hombres son mucho más altas”.
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