Lo peor del miedo no es que paraliza, sino que normaliza. Hace aceptable lo inaceptable. Convierte al ciudadano en súbdito y al disidente en enemigo. Frente a esta era, se vuelve urgente resistir desde la razón, la palabra y la construcción de comunidad.

La lección para otras empresas, financieras o no, es que un mundo nos vigila y es mejor actuar de modo transparente y ser socialmente responsable a través de la rendición de cuentas.

Su crítica ahora se dirigía siempre hacia arriba. Criticaban la corrupción de los gobernantes o sus excesos. Nunca al modelo neoliberal y a sus promesas rotas.