Desde que el PRD impidió el acceso de Felipe Calderón al Congreso de la Unión, pretextando que se trataba de un presidente ilegítimo, la ceremonia del informe presidencial no ha regresado a su espacio natural. Se trata de algo más que un simbolismo fallido, es la demostración de que en México, la ceremonia del informe no es un ejercicio republicano de rendición de cuentas, sino un abuso de la cultura presidencialista para la propaganda y autoelogio del gobernante en turno. No hay diferencia en esto entre gobernantes de izquierda o derecha. Ningún presidente mexicano tiene la disposición de ser cuestionado en sus cifras oficiales, mucho menos de asumir un debate frontal y continuo al estilo de los sistemas parlamentarios, entre el titular del gobierno y el líder de la oposición. A lo más que hemos llegado como país es a respuestas memorables al informe como la de Porfirio Muñoz Ledo, o a gracejadas vulgares como las de Vicente Fox colgándose unas orejas gigantescas. No ha existido la cultura del intercambio entre posiciones ideológicas distintas para mejor definir el rumbo del país. Damos por hecho que la ceremonia del informe es la fiesta o el día del Presidente con mayúscula, en lugar de una celebración de la obligación del poder ejecutivo de responderle por sus acciones y omisiones al poder legislativo.
Si algún día México vuelve a vivir en una democracia pluralista con competencia real en sus elecciones, valdría la pena que todas las fuerzas políticas convinieran un mecanismo de debate moderno para el día del informe presidencial. No soy partidario, como muchos dicen, de desaparecer la ceremonia. Me pronuncio por desaparecer la modalidad en la que la hemos ejercido en México durante prácticamente toda la historia del país. La obligación presidencial de informar al Congreso me parece una exigencia legal atinada. Pero la responsabilidad del informe debiera incluir la obligación presidencial de responder a la oposición y de organizar una deliberación nacional en distintos foros sobre las asignaturas pendientes de la administración en el curso del año. Se me dirá que para eso están las glosas del informe y las respectivas comparecencias de los secretarios de estado ante comisiones. Respondo que es insuficiente y eso cumple una función distinta. Lo que México requiere es algo similar al Prime Minister´s Questions del Reino Unido, donde cada miércoles el primer ministro comparece ante la cámara de los comunes para escuchar y contestar las preguntas del dirigente de la oposición. No digo que debiéramos hacerlo semanalmente como en Londres, sino que una actividad parecida el día del informe presidencial valdría mucho la pena. Estoy consciente que no sucederá pronto, pero estimo conveniente dejar constancia de la propuesta para discusión. El formato actual simplemente no sirve a ningún propósito republicano, salvo a la propaganda gubernamental pagada por nuestros recursos. Y para eso ya existen las mañaneras del pueblo, donde la Presidencia puede dedicar dos o hasta tres horas diarias a elogiarse a sí misma. México merece más, habría que dárselo.
Analista. @Raudel333
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