En el mundo de hoy, hilar los temas y conectar los puntos se ha convertido en una de las destrezas más importantes con las que tenemos que contar. Consideremos este ejemplo. La mayor crisis entre Ucrania e Irán desde el inicio de la invasión rusa estalló apenas tras el ataque, el 24 de julio, contra un buque mercante iraní en el mar Caspio, incidente en el que murió un marinero y que Teherán calificó como un "acto criminal y hostil", convocando al representante diplomático ucraniano y exigiendo explicaciones y compensaciones. No debe sorprendernos. Tenemos que entender que los conflictos se entretejen. Irán y Ucrania estaban destinadas a algún tipo de choque si consideramos que Teherán ha respaldado la invasión rusa desde su inicio, no solo políticamente, sino mediante el suministro de armamento clave que ha resultado fatal para Kiev en numerosas ocasiones. Del otro lado, Rusia ha apoyado a Irán en su guerra contra EU e Israel, proporcionándole información de inteligencia crucial para que los bombardeos iraníes alcancen mayor eficacia y letalidad. Pero eso no es todo. Hace unos días, la prensa reportó que, justo mientras Washington busca eliminar los lanzadores de misiles iraníes, China está enviando 400 de esos lanzadores a Teherán para reabastecer su arsenal. Todo esto ocurre mientras Irán bombardea Egipto, Jordania, Bahréin y Kuwait; ataca embarcaciones de distintas nacionalidades que cruzan el Estrecho de Ormuz; sus aliados houthies atacan embarcaciones saudíes y cierran el mar Rojo; y EU y Riad bombardean Irak. Esto no es una guerra mundial, pero sí una guerra internacional, y es importante entender sus dinámicas y sus implicaciones.
1. Primero que nada, EU libra esta guerra en conjunto con Israel, país que además inició las hostilidades directas contra Teherán desde 2025, durante la guerra de los 12 días, a la que posteriormente EU se sumó bombardeando instalaciones nucleares iraníes. Si bien, como aquí hemos explicado, los intereses de Washington y Jerusalem no se encuentran actualmente alineados del todo, la realidad es que se trata de una alianza incuestionable. Pero, más allá de ello, el otro gran tema es que EU mantiene bases militares cruciales en países como Qatar, Jordania, Bahréin y Kuwait, bases que han sido atacadas una y otra vez por las Guardias Revolucionarias Islámicas de Irán.
2. Del otro lado, aunque Irán y Rusia mantenían anteriormente una asociación relativamente limitada, desde la guerra en Ucrania, su cercanía se ha incrementado considerablemente. Irán aportó drones y misiles que resultaron vitales para Rusia. Por su parte, desde hace varios meses, Moscú está devolviendo el favor proporcionando a Teherán respaldo militar e información de inteligencia clave para el bombardeo de posiciones estadounidenses.
3. Esto último tiene que leerse como una pieza más de la dinámica que ahora mismo está distanciando a Trump de Putin, después de muchos años en los que se percibía una gran afinidad entre ambos presidentes, incluso desde la gestión previa de Trump, y después de que, al inicio de este nuevo mandato, Trump parecía favorecer a Putin en varios temas. En ese sentido, vale la pena considerar los últimos desarrollos entre Ucrania e Irán. El solo hecho de que Irán esté acusando a Ucrania de atacar una embarcación civil iraní en el mar Caspio y de que posteriormente se hayan emitido amenazas mutuas sin precedentes revela ya demasiado.
4. Al final, la verdad es que el apoyo de Irán ha sido fundamental para los ataques rusos contra Kiev y del otro lado, el respaldo ruso está siendo clave para los ataques iraníes contra EU y sus aliados. Más allá de que Irán y Ucrania lleguen o no a lanzar hostilidades directas entre sí, los hechos y las amenazas emitidas muestran que ambos países se encuentran en bandos rivales desde hace ya varios años.
5. Hay otras dos piezas que añadir. La primera, y la más importante, es China. Hay que considerar que Beijing mantiene desde hace más de cuatro años un pacto estratégico de veinticinco años con Irán, el cual incluye respaldo tecnológico y en materia de defensa, entre otros componentes. Así que no debe sorprendernos que ahora Beijing esté enviando lanzadores de misiles, suministrando componentes cruciales para la reconstrucción de la capacidad defensiva iraní o que debamos esperar un flujo billonario de inversiones chinas hacia Irán en los años por venir.
6. Después de todo, Irán está demostrando ser un socio mucho más estratégico de lo que Moscú o Beijing esperaban. Su capacidad para exhibir las vulnerabilidades estadounidenses en un conflicto de gran escala, agotar parte de su arsenal, poner de manifiesto su escasa tolerancia a guerras prolongadas y, en última instancia, dispersar su atención y sus recursos, resulta estratégica por donde se le quiera ver.
7. La segunda pieza es la cuestión de Corea del Norte, país que actualmente aporta armamento y personal de combate a Rusia para su guerra contra Ucrania, y que tiene décadas de cooperar con Irán y sus aliados en temas como el nuclear, lo que inescapablemente tiene ya hilados los temas de la península coreana con Medio Oriente, Europa Central y del Este.
8. Mientras tanto, Ucrania tiene personal participando activamente en labores de apoyo a EU y a varios de sus aliados del Golfo en sistemas de drones y de interceptación de drones para combatir con mayor eficacia a Irán. Es ahí donde debemos insertar la más reciente reyerta entre Kiev y Teherán.
9. Así, aunque Kiev no ha reconocido haber atacado deliberadamente una embarcación civil iraní, diversos reportes indican que el barco formaba parte de la cadena logística utilizada para transportar material militar y componentes entre Irán y Rusia, por lo que Ucrania lo habría considerado un objetivo vinculado al esfuerzo bélico ruso. Más allá del incidente diplomático, el episodio revela una evolución importante de la estrategia ucraniana: además de golpear infraestructura dentro de Rusia, Kiev busca ahora interrumpir las rutas internacionales que sostienen la maquinaria militar de Moscú, incluso en el mar Caspio, una vía que hasta ahora había permanecido relativamente protegida. El riesgo es que este tipo de acciones eleven aún más la tensión con Teherán y, paradójicamente, terminen fortaleciendo la cooperación militar entre Irán y Rusia, justo en un momento en que ambos países enfrentan crecientes presiones occidentales.
10. Lo anterior, además, debe considerarse desde una panorámica amplia. Parte de la estrategia de Irán consiste en expandir el conflicto tanto como sea posible para estirar al máximo las capacidades defensivas de Washington. Así, desde el inicio de la guerra, Teherán ha empleado una táctica conocida como triangulación coercitiva, es decir, ejercer presión sobre Washington mediante daños provocados a terceros—países donde EU mantiene bases militares o intereses económicos—y forzar a EU a ampliar su necesidad de defender a esos otros países.
11. Pero estas tácticas no están exentas de riesgos para Teherán. Hay países, como Emiratos Árabes Unidos, que ya se han visto obligados a involucrarse directamente en la guerra mediante ataques contra Irán, y ese escenario no puede descartarse para otros estados que han sido, y siguen siendo, blanco de los ataques iraníes.
12. Por si lo anterior no basta, hay un factor adicional: el de los actores no estatales que forman parte del eje proiraní. Tenemos, por un lado, a la milicia libanesa Hezbollah, que acudió en defensa de Teherán apenas iniciada esta guerra y se lanzó a una prolongada confrontación contra Israel, sumando así el frente libanés a la amplitud de este conflicto. Luego están los houthies, quienes desde Yemen también atacaron a Israel poco después de iniciadas las hostilidades contra Teherán y que ahora han añadido la disrupción provocada desde la zona que controlan —el paso entre el mar Rojo y el Mediterráneo— al conjunto de enfrentamientos que estamos observando. En días recientes, los houthies han estado atacando embarcaciones saudíes que transitan por el mar Rojo, reactivando, por un lado, el conflicto que mantienen con Riad y, por el otro, generando mayores efectos sobre la economía global.
13. Por último, están las milicias proiraníes que operan en Irak, las cuales a lo largo de los años han protagonizado un sinnúmero de enfrentamientos contra tropas de EU y sus aliados en la región. Ahora mismo, en respuesta a los ataques de esas milicias, observamos cómo fuerzas saudíes y estadounidenses lanzaron ataques coordinados contra ellas, provocando la condena del gobierno de Bagdad e involucrando aún más a Irak en este conflicto.
Sumando todo lo anterior, lo que tenemos son varios planos de enfrentamiento.
A. De un lado, la guerra más directa entre EU e Israel contra Irán (aunque en esta última fase Israel se encuentra en pausa).
B. En un segundo plano están los ataques que Irán está lanzando contra países del Golfo y otros estados de la región. Estos ataques incluyen bases estadounidenses ubicadas en esos países, pero no se limitan a ellas. A lo largo de meses, Irán también ha bombardeado infraestructura energética y civil desde EAU hasta Turquía, desde Qatar hasta Egipto, desde Arabia Saudita hasta Bahréin u Omán, y varios más.
C. En ese mismo sentido, está el involucramiento de los actores no estatales proiraníes ubicados en Yemen, Irak y Líbano, que actúan contra Israel, EU y distintos aliados estadounidenses, como Arabia Saudita y los EAU.
D. Por último, está el plano de las superpotencias, en el que China y Rusia se encuentran indirectamente involucradas frente a EU, sus intereses y sus aliados, y que de alguna manera ya está contaminando y entretejiendo otros conflictos, como el de Ucrania, con la situación en Medio Oriente.
En suma, como dije, esta no es la guerra mundial, pero la cantidad de actores estatales y no estatales involucrados la está convirtiendo en una confrontación de proporciones bastante mayores a las que habíamos visto en varias décadas.
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