Ahora que se cumplen dos años del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, el próximo 1 de octubre, es menester preguntarse si es necesario y oportuno realizar la primera depuración de Morena. Yo diría que sí a ambas cosas, no sólo para deslindarse de los malos elementos, sino para alejar del imaginario colectivo toda duda, sombra o parecido con la retorcida derechiza, quien creé que, en el supuesto de algunos casos de corrupción actuales, su imagen se limpiará en automático como calzones al tendedero.

Me temo que no es así de fácil. En su intento de salvar su deteriorada y derrotada imagen ante la sociedad mexicana, la derechiza -PRIAN y medios que la acompañan- ha querido manchar de lodo todo el proceso de MORENA, a fin de que la gente no distinga entre tantas camisas sucias de lodo y olvide así sus pecados. El problema no es sólo la ropa sucia, que podría confundir a más de uno, sino las manos llenas de lodo que no pueden ocultar y, algunas veces, la cara de pillos que tampoco pueden esconder. Ahí te hablan Alito. Esa es la diferencia.

En primer lugar, me parece que MORENA debe realizar un ejercicio de autocrítica y reflexión sobre los diferentes escándalos que lo cuestionan, diferenciando aquellos plenamente judicializados, de aquellos provenientes de sospechas y chantajes, tanto de EU, como de la propia derechiza y su esquizofrenia contra AMLO -y ahora contra su hijo-, cuyo recuerdo sigue vigente en sus vidas. La idea sería seguir el procedimiento judicial hasta alcanzar sus últimas consecuencias, en el caso de los primeros; y pedir o desechar pruebas en el caso de los segundos. El objetivo en ambos casos es que no haya impunidad, ni para delincuentes, ni para detractores.

En segundo lugar, creo que la actual coyuntura política favorece del todo a la presidenta Claudia, quien -ya con el control de las cosas en sus manos y las encuestas de su lado- puede influir para que sucedan dos cosas: una, la selección cuidadosa de candidatos de MORENA a elección en este próximo proceso electoral, donde estarán a competencia más de 20 mil puestos en todos los niveles de gobierno; y dos, la separación del partido de todos aquellos militantes o casos donde se comprueben malos manejos.

Si bien, la última encuesta de El Universal -Buendía y Márquez- muestran un mínimo efecto en las preferencias electorales ante las campañas de lodo de la derechiza -donde MORENA triplica o más a la oposición en la intención de voto-, de cualquier manera, hay que limpiar el nombre y apellido del movimiento y las personas que lo merezcan. El objetivo sería llegar bien limpio y planchado al proceso electoral del 2027, a fin de mantener la mayoría calificada en el congreso y la mayoría de las 17 gubernaturas a competir.

En tercer lugar, la depuración también debe incluir a aquellos personajes que su solo nombre molesta a la base y a los simpatizantes del movimiento, por sus antecedentes, hechos y cinismo al cambiar de colores como si fueran calzones, sin el menor rubor. Y ahí están los Bartlett, los Yunes, los Corral, los Blanco, que no sólo no aportan nada al proceso, y sí afectan la imagen política de MORENA.

La consigna sería que se acabó la joven morena de amplia moral y caderas anchas, que atrajo a pillos de diferente calaña en estos últimos años, para dar paso a la recatada señora morena, de caderas promedio y falda larga, que cuida su prestigio. El que quiera color guinda se deslinda… de su pasado.

En cuarto lugar, una depuración en su aspecto más general no sólo significa limpiar, purificar o eliminar errores, impurezas o elementos innecesarios, según el contexto en que se encuentre, sino busca sobre todo que el proceso vuelva al estado óptimo y funcional. En este sentido debe entenderse que el proceso llamado México está lleno de buenas noticias en todos los ámbitos de la vida de la sociedad mexicana: economía, empleo, desarrollo social, bienestar, cultura y deportes, incluso en temas de seguridad, por lo que sólo falta ajustarlo a tiempo para continuar adelante.

Finalmente, creo que el tema de la corrupción debe estar presente en el debate de las próximas elecciones, donde la sociedad entera debe entender que mientras en tiempos del PRI la corrupción se convirtió en una cultura social, y que luego el PAN la institucionalizó como forma de gobierno, a través de los negocios y los moches, ahora, en tiempos de Morena se combate sin distingo, pues aún quedan reminiscencias de esa cultura y esa institucionalidad perversas.

En una verdadera depuración no sólo se trata de lavar y poner los calzones al tendedero, sino de tirar a la basura aquellos que ya no sirven, ya sea por exceso de ventilación -ante tanto hoyo- o bien, porque aun así apestan.

Mario Alberto Puga

Politólogo (UAM) y exdiplomático

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