El pasado lunes 20 de julio se dictó sentencia a Ismael “el Mayo” Zambada en un tribunal estadounidense donde el juez Brian Logan condenó a cadena perpetua al líder del Cártel de Sinaloa y le aplicó una sanción reparatoria de decomiso de ganancias ilícitas por la cantidad de 15 mil millones de dólares.
Zambada, de 76 años, inició su carrera criminal en el tráfico de drogas en 1969 a los 19 años; en sus 57 años como criminal traficó millones de kilos de drogas a los USA, y así consolidó su organización criminal llamada el Cártel de Sinaloa con su compadre “el Chapo” Guzmán.
La condena al Mayo marca el fin de una época en el narcotráfico mexicano, cerrando el ciclo de “la vieja escuela” a la que pertenecieron Jorge favela, Lalo Fernández, Félix Gallardo, Ernesto Fonseca, Rafael Caro Quintero, Amado Carrillo, así como el Chapo y el Mayo. Fue Zambada quien permaneció más tiempo sustraído de la justica por su bajo perfil público, su violencia y su gran capacidad corruptora de instituciones y personas del gobierno.
Ismael Zambada García entendió los cambios políticos y supo aprovechar para su negocio criminal la debilidad institucional y el vacío de poder que se generó con la alternancia política en el año 2000, con lo que catapultó sus operaciones ilegales y su poder como líder mafioso.
Por otro lado, el director de la DEA, Terry Cole, señaló que este hecho, la sentencia de Zambada, no es el final sino el comienzo y que la DEA no pararía en su determinación para combatir a los cárteles por lo que “si tú eres un narcotraficante o un funcionario corrupto, la DEA irá por ti”.
Cole también dijo que una operación criminal del tamaño de la del Cártel de Sinaloa no podía sobrevivir solo con violencia y trafico de drogas: “La corrupción fue esencial para la empresa criminal del Mayo. Zambada usó sobornos, influencia e intimidación para blindar de la justicia a su cártel mafioso, y corrompió instituciones y socavó el estado de derecho para sus fines criminales”, concluyó.
De lo anterior se deriva que la corrupción institucional ha sido fundamental para el crecimiento del narcotráfico en México.
Virginia Vallejo nos dice que el rey de la cocaína en los 80’s, Pablo Escobar, argumentaba: “de los Generales mexicanos yo aprendí que los militares no se ponen con tantos escrúpulos. Y si un presidente no le camina a uno, los generales que están debajo de él, sí”.
En el sexenio de José López Portillo, un general de la Sedena heredó a sus hijos 30 millones de dólares en efectivo en el sótano de su casa. En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, Amado Carillo fue el capo sexenal en contubernio con el hermano incómodo. Con Felipe Calderón, Genaro García Luna trabajaba para el Cártel de Sinaloa. En 2020 fue detenido en los Estados Unidos por cargos de narcotráfico el general Salvador Cienfuegos Zepeda, titular de la Sedena con Enrique Peña Nieto.
En Sinaloa conocemos los casos de gobernadores narcopolíticos como Juan Milán, Jesús Aguilar Padilla, Malova y hoy Rocha Moya, que brindaron protección al Mayo Zambada y a su cártel, poniendo las instituciones de seguridad a su servicio.
México no puede seguir dependiendo de la presión de los Estados Unidos para combatir el crimen organizado y la corrupción organizada. El gobierno mexicano debe emprender una cruzada contra la corrupción organizada y contra los cárteles de la droga y así empezar a limpiar la casa para dejar de ser un narcogobierno.
Ingeniero industrial y empresario
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