Europa ha sido emboscada en cuatro frentes. Los europeos son atacados en todos los puntos cardinales y su tecnología está siendo rebasada. El continente que fue clave para los destinos mundiales en los últimos mil años, ahora es asediado por una realidad inesperada.

Europa occidental dividida perdió la oportunidad de ser más competitiva e integrarse profundamente en comercio, migración y trabajo. Ambos lados del Canal de la Mancha advierten hoy una productividad estancada, altos precios de energía y pobreza creciente. En parte, esto se atribuye al divorcio británico y las oportunidades perdidas por el Brexit. Estados Unidos, China y Rusia, aprovecharon esa división y tomaron ventajas.

La primera emboscada a la Unión Europea fue la atlántica, comenzó con el Brexit y un deterioro de la alianza americana. Hace una década Reino Unido decidió alejarse de los europeos comunitarios, lo que debilitó la capacidad de negociación del continente en su conjunto. En los últimos años, EU retiró el trato preferencial a los europeos en asuntos que van desde comercio e inversión, hasta el financiamiento en la defensa que brindaba desde la Segunda Guerra Mundial.

La Unión Americana se ha distanciado de Europa y su visión del mundo. Mientras el modelo europeo busca progreso compartido, leyes comunes y ceder soberanía, el exaliado atlántico va en contrasentido. EU prioriza al derecho americano, los intereses locales y menoscaba al derecho internacional. Parte de su espectro político considera a la relación europea como desventajosa, parasitaria y contraria al sueño americano.

En el flanco este, la Unión Europea perdió su cercanía con Rusia y la estabilidad en Ucrania. Dejó las ganancias económicas y políticas del gas y petróleo rusos: baratos, cercanos y disponibles. Al enviar menos euros por energéticos, los europeos disiparon su poder para influir en buenas prácticas políticas en Moscú. No está claro si el avance al este de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) fue por iniciativa europea propia o por presión estadounidense, lo que sí es evidente es que dio resultados catastróficos. La invasión rusa a Ucrania afectó a sus hermanos ucranianos, mas también al corazón pacifista de la Unión Europea. Parece que los únicos ganadores son los nuevos vendedores de energéticos a la UE.

La defensa europea encara en el norte a un frente ártico. La UE, con los daneses a la cabeza, prepararon una respuesta política y legal ante el interés estadounidense de anexar Groenlandia. Países que optaban por el pacifismo o una posición neutral como Suecia y Finlandia han entrado en un modo de defensa, reacción que comparte Canadá, otra nación ártica. La nueva cortina de hielo es un foco de tensión en el polo norte. En la península de Kola, Rusia ha modernizado su arsenal e infraestructura, aérea y naval, que incluye submarinos y armas nucleares. Más dolores de cabeza para la UE e impuestos destinados a gasto militar.

Medio Oriente es el flanco sur que termina de perjudicar a la economía y la seguridad energética europeas. El conflicto del estrecho de Ormuz y el Mar Rojo no hacen más que encarecer petroquímicos y minerales para la UE. Y el misil final viene del lejano Oriente, dónde la tecnología, máquinas y autos europeos son igualados o superados por los chinos. Europa deja de ser el continente dominante, un escenario sólo imaginado por Marco Polo hace siete siglos y distante hasta hace poco.

Especialista en geopolítica y miembro de COMEXI

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