Para cuando termine de leer esta columna —alrededor de siete minutos— el saldo de la deuda pública mexicana habrá aumentado, al ritmo promedio registrado desde diciembre de 2018, en más de 13 millones de pesos. Ocurre las 24 horas del día, los 365 días del año.
La aritmética puede ser incómoda, pero es incontrovertible. En diciembre de 2018, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público —la medida más completa de la deuda mexicana, que reporta Hacienda— se ubicó en 11.02 billones de pesos, 46.8% del PIB. Al cierre de junio de 2026 llegó a 19.05 billones, 51% del PIB: 8.03 billones de pesos adicionales en siete años y medio. Dividido entre las cerca de 65,700 horas transcurridas, el ritmo promedio de aumento es de 122 millones de pesos por hora. Ni un minuto de tregua.
Lejos de disminuir, el ritmo se aceleró pues, según el informe de la SHCP correspondiente al primer trimestre de 2026, la deuda neta del sector público creció 338,897 millones de pesos —3,766 millones diarios, casi 157 millones por hora—. En los meses recientes, México se endeudó más rápido que el promedio acumulado desde el inicio del sexenio anterior, no menos.
Para dimensionarlo de otra forma: un billete de mil pesos mide 15.3 centímetros de largo. Puestos uno tras otro, sin espacios, los 122 millones de pesos por hora formarían una fila de 18.7 kilómetros —cerca de medio maratón—; en un día, esa fila alcanzaría casi 450 kilómetros, aproximadamente la distancia por carretera entre la Ciudad de México y la de Oaxaca; y en un año, más de 163,500 kilómetros, equivalente a cuatro vueltas completas a la Tierra.
Ahora bien, ningún país crece sin deuda y la de México no es todavía un caso dramático frente a otras economías emergentes. La diferencia estriba en lo que se obtuvo a cambio de semejante endeudamiento; es allí donde la curiosidad aritmética se vuelve acusación.
En el Paquete Económico 2026, el costo financiero de la deuda —solo intereses, sin abonar capital— asciende a 1.57 billones de pesos, 4.1% del PIB: una cantidad superior a lo destinado a salud, educación o inversión física y casi tres veces el presupuesto de la pensión no contributiva para adultos mayores —1.4% del PIB o 526,508 millones de pesos—, programa que en el pasado motivó medidas cautelares del INE contra Morena por su uso electoral.
Dicho de otro modo: de cada peso que recauda el fisco, 22.8 centavos se destinan a pagar intereses antes de financiar una sola vacuna, un aula, un kilómetro de carretera o a liquidar el principal de dicho pasivo.
¿Y a cambio de qué se contrajo esa deuda? Los proyectos insignia del sexenio pasado son el mejor testigo. El Tren Maya, prometido en 150 mil millones de pesos en 2018, terminó costando 540 mil millones a precios de 2024 —171% por encima de lo planeado—, con sobrepagos por más de 1,250 millones de pesos en contratos de Fonatur y Sedena señalados por la ASF, la tala de más de siete millones de árboles y la compra de un predio, «Tamarindos», que nunca se usó porque la ruta cambió. Hoy pierde 25.4 millones de pesos diarios en gastos de operación —la venta de boletos cubre menos del 5% de sus costos— y el gobierno destinará este año 30,744 millones de pesos a su rescate.
La refinería de Dos Bocas, presupuestada en 8,900 millones de dólares, terminó costando 20,959 millones: 135% de sobrecosto, la más cara entre nueve refinerías comparables construidas en el mundo durante la última década, y todavía sin operar a la capacidad prometida, sin mencionar los frecuentes accidentes que ahí ocurren.
A esto hay que sumar el gasto discrecional en publicidad oficial —2,559 millones de pesos en 2023, según Artículo 19, concentrados en una decena de medios— y el crecimiento de programas de transferencias utilizados políticamente como bandera del régimen. ¿Casualidad? Para el presupuesto de 2024 —año de la elección presidencial— el gobierno de López Obrador propuso un endeudamiento neto de 2.3 billones de pesos para financiar todo el paquete, más del doble del pasivo histórico del Fobaproa, con la mayor parte destinada a gasto corriente; el IMCO advirtió entonces que había que vigilar que esos recursos no sirvieran a fines electorales. Al final, se pavimentaron votos, no carreteras.
Mientras tanto, la economía que tendrá que pagar la factura, apenas avanza. Banxico pronostica un crecimiento de 1.5% para 2026 y acaba de reducir de 2.1 a 2.0% su estimación para 2027, ante, entre otros factores, la incertidumbre alrededor del T-MEC. Frente a ello, la deuda neta del sector público aumentó 11.7% en términos reales en un año: casi ocho veces la tasa a la que se espera que crezca la economía en 2026.
El problema, por tanto, no es únicamente cuánto debemos, sino que la capacidad económica para cargar esa deuda crece muchísimo más despacio. Y si la tendencia continúa, cada peso adicional destinado a intereses será un peso que no podrá invertirse en infraestructura, seguridad, salud, educación ni crecimiento productivo.
Endeudarse no es el pecado; el pecado es hacerlo sin construir con qué pagarlo después. Mientras usted leía esta columna, el saldo de la deuda mexicana siguió creciendo al ritmo promedio de más de 2 millones de pesos por minuto. Y, después de más de ocho billones de pesos adicionales desde 2018, resulta legítimo preguntar dónde están los hospitales, las escuelas, las carreteras y la infraestructura productiva capaces de justificar semejante factura.
En cambio, quedaron megaproyectos deficitarios, sobrecostos multimillonarios bajo sospecha de corrupción desenfrenada, gasto electoral y propaganda gubernamental destinada a que usted no se entere y siga «feliz, feliz, feliz».
Esa es la deuda inútil: la que no construye el futuro con el que habrá que pagarla, sino que sirve al poder para perpetuarse, aunque nos lleve a todos la fregada.
X y Substack: @ferdebuen
Fuentes y metodología:
Deuda: SHCP, Saldo Histórico de los RFSP (dic-2018 a jun-2026) y reporte SHCP del 1T-2026 (aceleración a 157 M/hora). Gasto y pensión: Paquete Económico 2026, El Universal (Millán), IDC. Servidores de la Nación: medidas cautelares del INE contra Morena (2021) por uso electoral de programas sociales. Megaproyectos: ASF, El Financiero (Dos Bocas), El Universal (Tren Maya). Presupuesto electoral 2024: Vanguardia/IMCO, El Financiero. Publicidad oficial: Artículo 19. Crecimiento: Banco de México.
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