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Sin duda la tecnología es una de las máximas bendiciones de la vida moderna, que ha venido a resolver diversas necesidades de la humanidad y librado a miles de personas de realizar tareas tediosas o riesgosas. Pero, ¿qué pasa cuándo se avizora una inminente revolución tecnológica en la que las máquinas sustituirán a los humanos en gran parte de su rol laboral tal y como estaba estructurado hasta ahora?
El peligro lo corren la mayor parte de las actividades manuales, dado que la tecnología está acercándose a pasos agigantados a cubrir con robots e inteligencia artificial las actividades que hasta hace una década sólo podían realizar seres humanos, por ejemplo la cocina de alta escuela, la enseñanza o la atención quirúrgica. Expertos advierten del desplazamiento que en sus puestos de trabajo podrían tener agricultores, ganaderos, pescadores y personal de servicio en hoteles, restaurantes y comercios. Ello no sólo debe hacer considerar como un paso lógico en la automatización de un sinnúmero de tareas la desaparición de múltiples oficios y profesiones, sino también llevar a reflexionar qué es lo que ocurrirá con esos millones de personas que antes podían ejercer una actividad productiva y que se encuentran que una máquina los ha sustituido y hace su trabajo en una cantidad mucho menor de tiempo. ¿De qué vivirán ahora? ¿a qué se dedicarán?
Para enfrentar esta realidad, hay que replantear los programas de estudio y en sí la pertinencia de las carreras profesionales mismas, repensando en la viabilidad de aquellas que pudieran ya no ser la solución a los retos que las tecnologías están imponiendo en un nuevo orden mundial. Es una tarea descomunal que implica la participación de especialistas y la conformación de equipos multidisciplinarios para determinar el rumbo que a partir de ahora deberán tomar los estudios profesionales. Es un hecho de que habrá muchas disciplinas que podrían quedar obsoletas y otras que requerirán un giro en su concepción y objetivos, orientándolos hacia donde están los puntos de oportunidad y la posibilidad de generar riqueza atendiendo nuevos nichos de necesidad. En países como Taiwán la proporción de los intereses de los estudiantes es a la inversa de lo que ocurre en México, pues mientras en el país asiático hay un acentuado interés por las ciencias exactas y las carreras técnicas, en nuestra nación hay una marcada preferencia hacia las humanidades y en especial a profesiones como la abogacía o la contaduría, cuyos paradigmas han comenzado a cambiar en todo el planeta. Urge un cambio de mentalidad teniendo el reto tecnológico en mente.
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