En el momento actual, la globalización se encuentra en un proceso de transformación, causado en parte por la caída de la demanda mundial de dólares, la cual dificulta a los Estados Unidos pagar e incrementar su deuda, impidiéndole a su vez, cubrir el creciente déficit del gobierno y del comercio exterior. La menor demanda mundial de dólares no es causada por la mayor presencia de los principales competidores de los Estados Unidos como China, Japón y Europa entre otros, sino fundamentalmente, se debe a los mismos Estados Unidos que relativamente han disminuido sus compras y sus inversiones con el resto del mundo, lo que reduce la oferta de dólares en el mundo, así como también disminuye la cantidad de poseedores de dólares dispuestos a comprar bonos de deuda norteamericana. En el intento de elevar la demanda mundial de dólares, Norteamérica eleva la tasa de interés, lo que a su vez incrementa la deuda que ya rebasa 120% de toda su producción. Pero lo importante no es la magnitud de la deuda, sino que ésta no se interrumpa, que pueda continuar aumentando para pagar los déficits norteamericanos, sin ella se paralizaría la economía del país, disminuirían tanto las importaciones como el gasto del gobierno.

Al arrancar el nuevo siglo, en el intento por elevar la demanda mundial de dólares, los Estados Unidos renovaron las agresiones militares en el Medio Oriente, la zona de mayor producción de hidrocarburos en el mundo, sin embargo, la globalización del mercado mundial, aunado al acelerado avance tecnológico de los últimos años, provocaron que las guerras ya no se definen directamente en el terreno militar sino que el éxito, la derrota y el final de la guerra misma lo determinan los efectos económicos y financieros globales, afectando de múltiples maneras no sólo a los países directamente involucrados, sino al resto de la comunidad internacional. El elevado poder destructivo de las armas modernas, hace inútil y convierte más bien en un suicidio el despliegue de numerosos ejércitos tal y como ocurrió en la Primera y Segunda Guerra Mundial. Ahora, las guerras se enfrentan con misiles, drones, satélites, inteligencia artificial, radares inteligentes, robots y demás avances tecnológicos que hacen inútil enviar al frente de batalla tropas y equipos de cualquier tipo, ya sean terrestres, aéreos o marítimos. Las nuevas tecnologías desde grandes distancias del punto directo del enfrentamiento, aniquilan prácticamente todo aquello que aparezca y se mueva, por lo que cualquier intento por enviar tropas y equipos al frente de batalla es prácticamente un suicidio o una misión tipo “kamikaze”. La única forma de detener el ataque de misiles, drones y demás artefactos, es enviando igualmente drones o misiles interceptores, quedando con ello neutralizada o paralizada cualquier posibilidad de avance, triunfo o derrota, lo único sobresaliente es la destrucción de equipos, ciudades y de todo aquello que se cruce en el camino de los misiles. Al no tener mayor efecto los combates directos entre tropas, de ahora en adelante, las naciones deberán de resolver sus conflictos desde otros planos de solución sin volver a acudir al enfrentamiento militar directo entre tropas como hasta el momento se ha dado.

Como se mencionó, debido a la elevada integración económica mundial y del avance tecnológico existente, el triunfo de la guerra ya no se resuelve directamente en el campo de batalla, ni depende de quien tiene más armas y ejércitos sino es el contexto económico y financiero el que decide los efectos y los trastornos causados en los mercados.

La guerra fría terminó con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética en diciembre de 1991; a partir de entonces, los Estados Unidos permanecieron sin contrapeso político y quedaron como la única potencia dominante en el mundo, no obstante, la relativa disminución norteamericana en la economía mundial, junto con la relativa menor demanda mundial de dólares antes mencionada, la hegemonía norteamericana se derrumba a pasos acelerados, por lo que irónicamente, los ganadores de la guerra fría parecen ser el comunismo chino, Rusia y otros países como los BRICS, que ahora surgen como líderes en el comercio, las finanzas y en la generación de nuevas tecnologías a nivel internacional.

La imposición de aranceles a las importaciones norteamericanas de casi todo el mundo reduce las compras norteamericanas, lo que disminuye el lanzamiento de dólares al mundo, a su vez, las agresiones militares emprendidas contra el Oriente Medio desde el 2001, junto con el apoyo brindado a Ucrania en su guerra contra Rusia y a Israel en la guerra contra Irak, Líbano y Palestina, sólo aceleran la caída de la hegemonía norteamericana y la aparición de un nuevo orden económico mundial. Los Estados Unidos perdieron su liderazgo en el Medio Oriente al no poder proteger la zona como lo acordado al instalar bases militares, mismas que quedaron vulnerables frente al ataque a distancia de misiles. El encarecimiento del mercado norteamericano causado por los aranceles, obliga a las corporaciones, incluyendo a las de ese país, a buscar nuevas opciones y alianzas comerciales, relocalizando las cadenas productivas en función de encontrar mercados menos costosos y más propicios para realizar inversiones directas como China, Europa y las regiones de América Latina, Asia y África, disminuyendo con ello la presencia norteamericana en el mercado mundial de mercancías y capitales. Lo anterior no significa que los Estados Unidos reducirán drásticamente su presencia en el mercado mundial y que el dólar dejará de participar, nada de eso, lo que se vislumbra es una menor presencia del papel hegemónico norteamericano y una tendencia de mayor cooperación e integración mundial en la cual los propios consorcios norteamericanos se ven obligados a participar, mientras los políticos no entienden los movimientos económicos internacionales y continúan aferrados a su corta visión nacionalista. De seguir por el mismo camino, de no cambiar la agresión militar y no buscar mayor cooperación e integración con el resto del mundo, Norteamérica no podrá recuperar parte de su participación con el mercado mundial, entonces posiblemente enfrentará una mayor caída de la demanda mundial de dólares y su devaluación que obligaría al Estado a reducir su gasto y las importaciones. Ello, sin embargo, provocaría una recesión internacional sin precedentes, porque aproximadamente 60% de la economía del planeta opera en dólares y una pequeña reducción de su poder adquisitivo provocaría pérdidas millonarias a la comunidad internacional.

Profesor Titular C de Tiempo Completo. Departamento de Producción Económica, UAM Xochimilco

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.