No hay labor más miserable que buscar pretextos. Es propia de quienes por cobardía o alguna torcida forma de vergüenza no quieren dar a conocer abiertamente sus verdaderos intenciones o aceptar sus responsabilidades, y entonces las encubren y culpan a otros de la determinación que tomaron.
En una de sus fábulas más conocidas, Esopo lo mostraba diáfanamente: el lobo, bebiendo agua río arriba, le reclama al cordero, río abajo, que está enturbiando el agua que bebe; el cordero le responde que eso es imposible. Más tarde el lobo le reclama que el año anterior habló mal de él, a lo que el cordero le responde que él no había nacido. Así que harto de simular, el lobo decide comérselo ya sin rodeos.
Esta conducta en política es absolutamente perversa, pero muy socorrida por los autoritarios. Quienes la practican utilizan falsos argumentos, impugnaciones toscas, descabellados requerimientos, todo ello con tal de entorpecer el camino del adversario o de impulsar proyectos que ellos mismos saben antidemocráticos o contrarios a la ley.
Un maestro de estas artimañas era Andrés Manuel López Obrador. Pretextó deliberadamente problemas o corruptelas donde no los había para imponer sus “soluciones”, lo mismo para echar atrás el aeropuerto de Texcoco que para acabar con los fideicomisos; nunca demostró la corrupción que alegaba, pero igual los destruyó.
Paradójicamente, “hipocresía” ha sido la palabra más usada por la presidenta Sheinbaum y su mentor López Obrador para definir a sus enemigos de “derecha”. Sin embargo no ha habido más abuso hipócrita del poder que el de ellos, algo que conforme va pasando el tiempo le va quedando más y más claro a un número mayor de mexicanos que comprenden que Morena repudió el lujo para tenerlo, que denunció la corrupción para ejercerla como nunca en el país, que invocó la rendición de cuentas para dar lugar a la mayor opacidad de nuestra historia y, por supuesto, enarboló la democracia para ya en el poder pisotearla, robándose la mayoría en el congreso violando flagrantemente la Constitución.
De un gobierno así no podía sino esperarse la serie de tropelías y despropósitos con los que intentan ponerle el pie al partido de oposición que, por lo visto, les está quitando el sueño: Somos MX. Primero alegaron una sarta de tonterías para despojar a esta organización del color, emblema y nombre que 18 meses atrás el mismo Instituto Nacional Electoral que ahora los cuestiona reconoció como válidos.
Acatando la injusta resolución del Tribunal Electoral, a donde llegó el caso luego de que el partido se inconformara, Somos MX planteó una alternativa con un logotipo y nombre distintos de su partido. Sin embargo, a los mandaderos del INE (que responden clara e indignamente a las instrucciones de la presidenta Sheinbaum y no a la institución electoral) no les gustó tampoco esta opción; les pareció qué esta organización no podía usar la silueta de la geografía nacional.
No sé si los representantes de la servidumbre que se ostenta como arbitraje habrán o no de aceptar la nueva propuesta que han obligado a presentar a Somos MX (como le seguiremos diciendo todos), pero es un hecho que este nuevo partido no les dará el gusto de entrar al terreno del desacato que tan felices los haría, y que tanto el INE como el Tribunal Electoral van a seguir perdiendo credibilidad cuanto más lejos quieran llevar la instrucción de su jefa, la presidenta Sheinbaum.
@ArielGonzlez
FB: Ariel González Jiménez
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Exclusivas
Experiencias El Universal¿Por qué dejamos de escuchar? Hábitos que pueden dañar tu audición sin que lo notes
Experiencias El Universal“Off The Record” tercera edición: desayuna junto a Carlos Loret de Mola
Experiencias El Universal4 destinos de ecoturismo en Veracruz para conectar con la naturaleza
Experiencias El Universal





