Las elecciones intermedias en Estados Unidos son un referéndum sobre el presidente Trump, aunque él no aparezca en la boleta. En noviembre se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 de los 100 del Senado y 36 gubernaturas. La batalla por el Congreso puede resumirse en dos números. Seis y veintiuno.
En el Senado, de los 35 escaños en juego, Cook Political Report coloca 13 del lado demócrata y 16 del lado republicano. Si así se dividiera el Senado el resultado sería 47 a 47. Los seis escaños que pueden definir qué partido se queda con la mayoría son Alaska, Iowa, Maine, Michigan, Ohio y Texas. Los republicanos necesitan ganar tres para llegar a 50. El empate es suficiente para ellos porque el vicepresidente JD Vance tiene el voto del desempate. Los demócratas, por su parte, necesitan cuatro para alcanzar 51 y controlar el Senado.
En la Cámara, la mayoría se logra a partir de 218 escaños. Cook coloca 205 distritos del lado demócrata, y 209 del lado republicano. Quedan 21 escaños en el aire. Si el resto del mapa se mantiene, los demócratas necesitan ganar 13. Los republicanos necesitan nueve.
Así, el control del poder legislativo se jugará en seis estados y 21 distritos. Dado el clima nacional, con un Trump que se aventuró a una guerra innecesaria en Irán y un esquema arancelario que, juntos, han hecho la vida más cara para los estadounidenses, deberíamos estar ante una ola, o hasta un tsunami, azul.
La encuesta Reuters/Ipsos del 28 al 31 de agosto coloca la aprobación de Trump en 33 por ciento, frente a 63 por ciento de desaprobación. El dato más peligroso para la Casa Blanca está en la economía. Para 47 por ciento de los votantes el costo de vida será el factor principal al decidir su voto. Y solo un 22 por ciento aprueba cómo Trump maneja ese tema y 71 por ciento lo reprueba. Este es un cambio radical para un Trump que era visto como ideal para mejorar la economía estadounidense después del gobierno de Biden.
Pero hoy las cosas han cambiado. Hasta quienes apuestan dinero ven venir la derrota. Al 1 de septiembre, Polymarket daba a los demócratas 89 por ciento de probabilidad de ganar la Cámara y 51 por ciento el Senado. No es una encuesta ni una profecía, pero ahí es donde la gente contesta metiéndole dinero de su bolsillo. El mercado ve una Cámara de Representantes demócrata y el Senado como un volado.
Ante un Trump que no ha mejorado la economía y ha metido al país a una guerra innecesaria, los demócratas tendrían que arrasar. Sin embargo, aunque pueden ganar ambas cámaras, su ventaja no es amplia porque es más producto del repudio al gobierno que de que representen una alternativa atractiva.
El economista y premio Nobel, Paul Krugman, escribió que Estados Unidos pasó de una kakistocracia, el gobierno de los peores, a una cheatistocracy, un sistema que recompensa a los más deshonestos. En español lo traduzco como corruptocracia. El deterioro ya no es solamente por colocar incompetentes en el gobierno, sino en usar el poder para proteger y premiar a quienes rompen las reglas.
Trump tiene apenas un 33 por ciento de aprobación y aun así los demócratas no logran capitalizar el mal gobierno republicano. El gobierno pierde popularidad por la falta de resultados. Pero las oposiciones necesitan algo más que este fracaso para ganar elecciones.
Apostilla: Lo que anoto para EU también aplica para México. No es suficiente que Morena gobierne mal. La oposición tiene que demostrar que es una opción atractiva si pretende ganar en el 2027.
@AnaPOrdorica
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