En el marco de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, la Iglesia católica reconoció la labor de los hombres y mujeres que han entregado su vida a Dios y afirmó que se deben visibilizar y sostener estas vocaciones, que siguen sanando heridas, reconstruyendo historias y sembrando esperanza a su paso.
A través de su editorial Desde la Fe indicó que “hay vidas que no hacen ruido, pero sostienen al mundo. Son las vidas consagradas: hombres y mujeres que, sin buscar reflectores, han decidido entregar su existencia a Dios y expresarla en el amor al prójimo. Personas que deciden habitar el mundo con la lógica del servicio, la gratitud y la esperanza”.
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“La vida consagrada no se reconoce por salir en la televisión o en las redes sociales, pero sí en los gestos cotidianos”, dijo.
“Está en la religiosa que vela una cama de hospital cuando la familia ya no puede más; en el hermano que acompaña procesos de rehabilitación sin preguntar por el pasado; en las consagradas que abren espacios seguros para mujeres víctimas de violencia; en quienes caminan junto a mamás embarazadas que atraviesan la soledad, el miedo o la precariedad. Ahí, donde muchos huyen, la Iglesia hace presencia a través de ellos”, agregó.
Además, destacó que un ejemplo documentado y ampliamente reconocido es el testimonio de Madre Teresa de Calcuta, quien en los años más duros de la pobreza en la India abrió hogares para moribundos que eran rechazados por hospitales y por la sociedad.
“Ese impacto se multiplicó en miles de vidas tocadas por una vocación que entendió el Evangelio como cercanía. Los consagrados están llamados a ser “centinelas del amanecer”, no desde la comodidad, sino desde las periferias humanas, donde el dolor pide compañía, más que explicaciones”, concluyó.
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