Con más de dos metros de cinta métrica unidas por la mitad, tres metros de tela, un gis y una máquina de coser, la familia Espejel regresa la alegría y seguridad a sus clientes al confeccionar prendas diseñadas para personas de talla especial.
Desde su taller de costura en la colonia Álamos de la alcaldía Benito Juárez, al que nombraron Solo para Gorditos, aprovechan el vacío que deja la industria textil que sólo brinda opciones de vestimenta para medidas generales, dejando al sector de tallas extragrandes a un lado.
“El propio nombre es algo exclusivo para gorditos. Aquí no es una cuestión discriminatoria hacia ellos sino inclusiva”, explicó Velia Espejel, fundadora de la pequeña sastrería que desde la década de los noventa tiene como misión prioritaria ser un espacio cómodo y seguro para sus clientes.

“Este es su espacio y su lugar para conseguir lo que quieran, buscamos que salgan contentos”, agregó la propietaria al tiempo que trazaba con tiza sobre una tela el molde para una camisa.
Aunque aparentemente sólo se trata de la producción de prendas para tallas extra, los pequeños empresarios buscan derribar los prejuicios y aportar, desde su trinchera, su granito de arena para ayudar a erradicar la discriminación que viven las personas con sobrepeso.
“Si checas en CDMX no hay quién esté ofreciendo tallas extras elaboradas industrialmente, nosotros somos una alternativa para personas que tienen problemas con su vestimenta y no encuentran algo a su medida y gusto”.
En el 777 de la calle Simón Bolívar, los clientes son atendidos de acuerdo a sus necesidades, cuentan los propietarios, pues aunque dos personas tengan el mismo peso la distribución del cuerpo, la altura y la complexión cambia la forma en la que portan la ropa, lo que disminuye o aumenta la seguridad emocional de quienes recurren a ellos.
“Nuestros clientes actuales miden más o menos 50 pulgadas, lo equivalente a un poco más de dos metros”, dijo la señora Espejel.
Con tallas 4X, que van desde los dos metros de circunferencia, madre e hijo buscan cuestionar los estereotipos actuales y la percepción del cuerpo humano ante la sociedad.
“Aquí lo que se hace es que el cliente se vaya a gusto no sólo porque le queda bien, sino porque es la camisa que él desea”, mencionó Andrés, quien ayuda a su madre a realizar los pedidos.
La confección de este tipo de indumentaria es la forma en la que la familia Espejel ejerce su activismo, pues aseguran que la ropa que elegimos también transmite un mensaje.
“Se les abre un mundo porque normalmente están muy limitados al conformismo de cómo les quede y al ‘da igual’.
“Cuando ven que les va a quedar bien el cuello, manga y que pueden elegir entre las diferentes telas y patrones empiezan a tener control sobre sus gustos y la forma en que quieren ser vistos”, agregó Andrés, quien es parte de la segunda generación en el negocio.
El joven, quien también diseña las prendas, narró que el oficio es especial para él, ya que su familia experimentó en carne propia la discriminación que sufren las personas con sobrepeso, enfermedad que sufrió su padre. Por ello, con la ayuda de tijeras e hilo buscaron la manera de luchar contra el bullying.
Las tiendas comerciales ofrecen tallas que parecieran abrir camino a las personas con kilos de más, pero llegan hasta las 48-50 pulgadas dejando de lado a quienes exceden estos parámetros
Estos especialistas en corte y confección crearon su propia cinta métrica uniendo dos por la mitad para lograr rodear las partes de cuerpo de los clientes y así poder crear la ropa perfecta.
Ante la ola de comentarios gordofóbicos hacia las personas de talla grande, Vania defiende su oficio y ofrece alternativas de vestimenta a las personas que por su talla batallan para encontrar algo a su medida.
Para estos artesanos el ser gordo no tiene nada qué ver con la falta de amor propio, y para ellos, las tallas conocidas como “X” no definen el valor de las personas.
sin interrupciones.
sin límites.