La tarde del 30 de agosto de 2020 una lluvia de balas cayó sobre el personal del Segundo Batallón de Fuerzas Especiales de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) que circulaba por la carretera que comunica a las poblaciones de Madera y El Largo Maderal, en los linderos de la sierra de Chihuahua. En la agresión, dos civiles que participaron en la balacera perdieron la vida.

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Tras concluir el intercambio de balas, los soldados descubrieron un campamento de vigilancia donde se encontraban los agresores: hallaron armas largas, municiones, ropa y equipo táctico diverso.

Fue el séptimo campamento del crimen organizado que se detectó y desmanteló en Chihuahua en ese mes, y dejó como saldo sólo un detenido.

Esa persona confesó a las autoridades de Chihuahua que los campamentos estaban vinculados al grupo delictivo La Línea o Nuevo Cártel de Juárez, organización que, de acuerdo con reportes militares extraídos del hackeo a la Sedena por el grupo Guacamaya, es dirigida por Silverio Fuentes y/o Silverio Carrillo, y es quien controla esa región.

El hallazgo y desmantelamiento de campamentos del crimen, que lo mismo se usan para entrenamiento de sicarios que como puntos de vigilancia y control, según se desprende de informes militares, reportes de fiscalías y comunicados de prensa, ha registrado un incremento importante durante el año pasado, indicó la Sedena en una solicitud de información.

De enero de 2017 a marzo de 2023, la Defensa reconoce la ubicación y desmantelamiento de 50 campamentos; la mitad de ellos el año pasado.

Al hacer una búsqueda en fuentes abiertas sobre el tema, resultó evidente que la Sedena no tenía registrados todos los campamentos, así que se agregaron datos de comunicados de prensa de gobiernos estatales, la Guardia Nacional y la propia Defensa. Creció a 77 el número de campamentos detectados.

Con la información ampliada son Michoacán, Chihuahua, Zacatecas y Jalisco los estados con el mayor número de campamentos del crimen organizado: concentran casi 90% del total.

El número de estos sitios ha variado en los últimos años, pero muestra un claro incremento en los últimos tres: 2017, ocho campamentos; 2018, cuatro; 2019, uno; 2020, uno; 2021, 11; 2022, 41, y hasta marzo de 2023, 11.

Zonas complejas

De acuerdo con un mapeo realizado para este reportaje, con base en la información recopilada, existen dos grandes áreas de campamentos. Una está pegada a la costa del Pacífico y cruza por los municipios de Aguililla y Buenavista, Michoacán, en los límites con Jalisco. En esta zona se libran batallas constantes por el control territorial entre el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el conglomerado de grupos delictivos conocido como Cárteles Unidos. También pasa por municipios jaliscienses como Tapalpa, Talpa de Allende y Tala, zona controlada por el CJNG.

La otra línea se halla más al centro, pero siempre cercana a la franja occidente del país, cruzando por Michoacán, Guanajuato, Jalisco y Zacatecas. También hay presencia en Chihuahua, Sonora y Tamaulipas. En la información que la Defensa Nacional entregó, se observa que en la mayoría de los casos reportados no se registran personas detenidas. Sin embargo, en boletines y notas de prensa sí se documentan detenciones de grupos de hasta 19 o más personas.

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Paramilitarismo criminal

A mediados de enero de este año un video saltó a las redes sociales. El reportero estadounidense Jaeson Jones publicó en Twitter imágenes tomadas con un dron que muestran un grupo de hombres armados y encapuchados pertenecientes, se dice en el video, a la facción de Los Chapitos, del Cártel de Sinaloa.

El punto de vigilancia para los movimientos de la guardia fronteriza y otras fuerzas de seguridad estaba instalado a 300 metros de la línea que separa a Arizona de Sonora, una de las zonas ubicadas como área de trasiego de drogas químicas como la metanfetamina y el fentanilo.

Tras la noticia, la Sedena realizó un operativo que permitió desmantelar seis campamentos en el desierto de Altar, Tubutama y Sáric, en Sonora.

En 78% de los municipios en donde fueron detectados los campamentos hay presencia del CJNG, según el cruce de los datos obtenidos con los reportes de inteligencia extraídos del hackeo de Guacamaya Leaks.

Raúl Benítez-Manaut, investigador del Centro de Investigaciones sobre América del Norte, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sostiene que el aumento o disminución del número de campamentos se debe a la decisión del Ejército de intervenir o no una zona.

“Ahí no hay información de Sinaloa, cuando todos sabemos que en Sinaloa hay bastiones del cártel que controlan parte de la sierra en la frontera con Durango y todo eso”, advierte.

Los campamentos del crimen organizado no son nuevos, explica en entrevista Guadalupe Correa-Cabrera, académica y autora del libro Los Zetas Inc., ni empezó recién en 2017: “Esos campamentos han existido desde principios de este siglo”.

La doctora en Ciencia Política adscrita a la George Mason University, apunta a que el surgimiento de Los Zetas trajo consigo un modelo paramilitar para el crimen organizado en México, con una transferencia de modelo de organización y preparación de sus sicarios tomado de la instrucción militar.

En su artículo Comienza el horror, los orígenes de la delincuencia organizada paramilitar en México, Carlos Antonio Flores Pérez, académico del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social, afirma que el CJNG ha replicado el esquema paramilitar que se inició con Los Zetas.

“Parecen abrevar de los mismos principios por otras vías aún no analizadas públicamente, pero que implicarían quizá su integración con núcleos de origen semejante: personal con formación militar”, se lee.

La Sedena se negó a informar por transparencia las características de los campamentos que han desmantelado.

En 2017, el CJNG montó campamentos en municipios cercanos a la capital jalisciense. Tala, en los linderos del bosque de La Primavera, fue uno de ellos.

Las historias que contó la organización Quinto Elemento Lab con testimonios de personas que estuvieron en esos campamentos hablan de cadáveres incinerados y desaparecidos, reclutas llevados con engaños, prácticas de tortura y entrenamiento amenazados de muerte.

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