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En 2020 se registraron en México 1 millón 629 mil 211 nacimientos, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). A seis años de la pandemia de Covid-19, parte de esa generación ingresa a la primaria este lunes. EL UNIVERSAL conversó con una especialista y padres de familia para conocer cómo se han adaptado los niños que vivieron sus primeros años entre confinamiento, menor interacción social y cambios en las dinámicas familiares.
Una investigación de la Universidad de Stanford publicada en 2024 en la revista Psychology International señala que los cambios en las dinámicas del hogar por la pandemia podrían estar vinculados a ansiedad, depresión y problemas de atención en menores de seis años.
“Esta situación de estrés por parte de los padres terminó por infiltrarse en el desarrollo infantil”, señala María Teresa Monjarás, doctora en psicología y profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM en entrevista para este diario.
A los cambios en el entorno familiar se sumó el cierre de guarderías y preescolares, espacios clave para el aprendizaje y la interacción social. Pese a ello, la especialista señala que las niñas y niños han logrado adaptarse de a poco tras el levantamiento de restricciones sanitarias.
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Aprender a convivir tras el encierro
Según una investigación publicada por la revista Psykhe en 2023 llamada Rutinas, Conductas y Ansiedad en la Infancia durante la Pandemia por COVID-19, los miedos, problemas de apego y angustia por separación fueron las principales respuestas detectadas en niños de 3 a 6 años durante el confinamiento.
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“Desde que me alivié, siempre he estado con mi hija. Tuve todo el tiempo para cuidarla y dedicarle atención en casa. Pero no disfruté la crianza así como con mi primer hijo, porque con él salía, lo llevaba a citas y todo”, describe en entrevista Alma López, madre de Gaby, quien recién cumplió seis años.
Por su parte, la madre de Mía, otra niña de la misma edad, señala que tuvo dificultades en la educación de su hija. “Yo la siento como muy dependiente de mí. No sabe hacer tantas cosas como mi otro hijo, por sí sola. Obvio, independientemente de su edad”, cuenta Ariana Mendoza.


La doctora María Teresa Monjarás señala que gran parte del desarrollo cognitivo y social se construye en los primeros años mediante el contacto con otras personas y que la escuela propicia habilidades sociales y emocionales.
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“A mi hija le cuesta más hacer amigos. Aunque es muy amistosa, es tímida para acercarse y tiene dificultad para aceptar la personalidad de los otros niños. Se hiere con facilidad; si los niños la rechazan, ella llora”, describe Ariana.
Alma relata una experiencia similar con Gaby: “Era muy miedosa. Cuando íbamos al parque no se podía subir a los juegos porque le daba miedo o veía a la gente espantada”. Sin embargo, esto disminuyó al incorporarse al preescolar.
“Cuando Gaby entró al kinder pensé: ‘Me va a buscar”, pero no. Ya que aprendió a relacionarse con más niños, le llamó más la atención. Cuando pasó a segundo de kinder, quería ir a la escuela incluso sábados y domingos porque se adaptó muy bien”.
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La doctora Monjarás advierte que las dificultades no siempre se presentan. “Al evaluar a niños de preescolar recientemente, pude notar que alrededor del 20 o 30 por ciento presenta algún problema a nivel emocional; depresión, atención o impulsividad, pero no es una generalidad”.
Por otro lado, la psicóloga señala que especialistas ya observaban cambios en lenguaje y aprendizaje desde antes del aislamiento. “Hicimos una comparación entre los niños preescolares de 2015 y 2022, justo en la pandemia. Y sí vimos una diferencia significativa; los segundos tenían más problemas de ansiedad, quejas somáticas y de atención”.
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No obstante, puntualiza que estas observaciones no permiten atribuir una relación directa con el confinamiento, pues se trata de condiciones multifactoriales. “Hablar de un diagnóstico es complicado. Porque hay muchos factores que influyen, no solo la cuestión genética, sino también la cuestión ambiental”.
La madre de Mía refiere que aunque su hija se adaptó bien, observó otras experiencias entre sus compañeros del preescolar. “Muchos entraron con problemas de lenguaje. Inclusive la maestra decía que ella la apoyaba mucho con los otros niños, porque no sabían pronunciar muchas cosas”.


En el caso del pequeño Dante, quien recién cumplió 7 años y entrará a la primaria este año, las dificultades de lenguaje conviven con un diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), realizado después de que su maestra sugirió una valoración clínica.
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El TDAH es una condición multifactorial y su diagnóstico no puede atribuirse directamente al confinamiento. Sin embargo, Laura, la abuela de Dante y quien actualmente se encarga de su crianza, considera que la faltó estimulación durante el preescolar. “Apenas está empezando a hablar. No te dice muchas frases, pero necesitas insistirle”, explica en entrevista.
Monjarás señala que una mayor exposición a dispositivos móviles también puede influir en las infancias. “Son niños que han pasado mucho tiempo frente a las pantallas, justo porque en el confinamiento era el recurso que se tenía ahí. Hay estudios que revelan cómo los problemas de atención e impulsividad se correlacionan con esto”, plantea.


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Una generación que se adapta
Monjarás también ha observado rezago académico entre generaciones que cursaron preescolar después de la pandemia frente a anteriores. Sin embargo, explica que estas dificultades pueden subsanarse con apoyo gracias a la plasticidad cerebral de las infancias, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse, cambiar y reorganizarse.
“Por ejemplo, por parte del instituto con el que colaboro, se realizó una intervención temprana justo en estos grados de segundo y tercero de preescolar. Evaluamos como a 45 niños, de los cuales aproximadamente el 50 por ciento presentó problemas. Al aplicar la intervención, el porcentaje bajó a cerca del 20 o 30”.
Ante el ingreso de esta generación a la primaria, Monjarás pone énfasis en la necesidad de atención especializada y en evitar que las dificultades observadas se conviertan en etiquetas.
“Es muy importante que el gobierno haga caso de esto y haya muchísimos programas a nivel de prevención. Principalmente en las etapas de preescolar y primaria en temas de regulación emocional y de afrontamiento, es decir, ayudar a los niños a afrontar situaciones estresantes y adversas para prevenir la depresión, el bullying o los problemas de atención”, puntualiza.
La especialista plantea que el desafío también está en la manera de mirar a esta generación: “Entonces muchos podrían decir que esta es la generación de retraso, ¿no? Pero otros podrán decir la generación resiliente. Porque a pesar de la adversidad han salido adelante”.
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