La Iglesia católica afirmó que en la Ciudad de México y en otras grandes urbes las contingencias ambientales se han vuelto parte del calendario y alertó que son señales de advertencia que invitan a revisar las decisiones colectivas y personales.
“Nos hemos acostumbrado a un escenario en el que las autoridades emiten alertas, los ciudadanos ajustan sus rutinas y la ciudad continúa”, dijo.
A través de su editorial Desde la Fe, sostuvo que detrás del deterioro ambiental confluyen múltiples factores, como los modelos de consumo que privilegian lo inmediato, ciudades que crecen sin armonía con su entorno, sistemas productivos que agotan los recursos naturales y una cultura que ha perdido la capacidad de contemplar la creación de Dios como un don recibido.
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“A primera vista, podría parecer sólo una consecuencia de la densidad urbana, del crecimiento del parque vehicular o de condiciones atmosféricas desfavorables; sin embargo, la repetición constante de estas alertas apunta hacia una realidad más amplia”, expresó.
En ese sentido, indicó que las contingencias ambientales son la manifestación de una relación deteriorada entre el ser humano y la creación, “porque más allá de las condiciones atmosféricas o de los índices de partículas suspendidas, estos eventos ponen al descubierto que está en juego la forma en que hemos de habitar el mundo”.
Añadió que diversos informes ambientales muestran que la contaminación atmosférica continúa siendo uno de los principales riesgos para la salud que afecta en especial a niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias.
Adicionalmente, advirtió que cuando la relación con la naturaleza se rompe, se debilitan los vínculos entre las personas y la explotación indiscriminada de la creación suele ir acompañada de desigualdades sociales, de deterioro urbano y de una cultura que reduce la vida a producción y consumo.
Por ello, recordó las palabras del papa León XIV acerca del cuidado de la creación, quien manifestó que “es hora de pasar de las palabras a los hechos. Trabajando con dedicación y ternura se pueden hacer germinar muchas semillas de justicia, contribuyendo así a la paz y a la esperanza”.
“Quizá el signo más preocupante no sea la contaminación misma, sino la facilidad con la que hemos aprendido a convivir con ella. Cuando el aire se vuelve pesado y la ciudad se cubre de una capa gris, la creación parece recordarnos que algo esencial se ha desordenado, y que ha llegado el momento de cambiar”, concluyó.
mahc/rmlgv
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