La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) expresó su preocupación por los Lineamientos Generales para la y advirtió por los riesgos que éstos implican para la libertad de expresión.

A través de un comunicado, indicó que “ninguna autoridad administrativa puede erigirse en calificadora de la verdad, particularmente tratándose de ideas, opiniones, convicciones, creencias, sean o no religiosas (…) La verdad no se decreta, sino que se busca y se reconoce en el debate libre y plural”.

“La verdad no se impone: se busca, se propone y se reconoce libremente. Cuando el Estado renuncia a decidir qué es verdadero y se limita a garantizar las condiciones para que todos puedan buscarla y decirla, protege a la vez la , la libertad religiosa y el derecho de las audiencias”, dijo.

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En ese sentido, puntualizó que la calificación administrativa por parte de una autoridad, aparejado de eventuales sanciones, respecto de la difusión de información que se considere como "falsa" o "descontextualizada", particularmente en el ejercicio periodístico de los medios de comunicación, tiene como riesgo condicionar la libertad de expresión a criterios oficiales de veracidad, lo cual es incompatible con el tutelado por nuestra Constitución, por los tratados internacionales suscritos por México, así como por diversos precedentes judiciales nacionales y del Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Adicionalmente, indicó que otro componente que merece atención especial es la protección de la independencia editorial, porque el proyecto faculta a la autoridad para revisar y validar los Códigos de Ética de los medios y para revisar en última instancia las decisiones de los defensores de audiencia, pudiendo ordenar rectificar o modificar contenidos.

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“La autorregulación ética es un bien que florece en libertad; sujeta de modo permanente a la validación oficial, deja de ser autorregulación”, manifestó.

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Ante ello, destacó la necesidad de que la ciudadanía, los comunicadores, las universidades e instituciones educativas y las organizaciones de la sociedad civil participen en la consulta de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) antes del 21 de agosto de 2026.

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“La participación ciudadana no es un trámite del proceso regulatorio, sino un ejercicio de corresponsabilidad con el bien común; una democracia se fortalece cuando los ciudadanos participan, no cuando callan. Confiamos, a su vez, en que las autoridades integrarán con transparencia las aportaciones recibidas”, expuso.

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aov

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