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La académica de la Facultad de Medicina de la UNAM, Guadalupe Ponciano Rodríguez, advirtió que aunque hay quienes consideran que las llamadas “bolsas de nicotina” sirven de reemplazo para dejar de fumar cigarros, no son una alternativa, pues existe la posibilidad de generar una nueva adicción por su contenido de nicotina y otras sustancias químicas.
En ese sentido, Ponciano Rodríguez alertó que los estudios disponibles muestran un aumento sostenido en su uso, en especial en jóvenes, pues en la actualidad Europa del Norte, Reino Unido y Estados Unidos (EU) concentran gran parte del mercado, aunque su presencia crece en América Latina.
La también coordinadora del Programa de Investigación y Prevención del Tabaquismo de la Facultad de Medicina indicó que además su uso crónico provoca afecciones a la salud y los únicos tratamientos que han demostrado su seguridad y eficacia para dejar de fumar en México son los parches y la goma de mascar, al igual que los tratamientos no nicotínicos como el bupropión y la vareniclina que son tabletas.
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En este contexto, refirió que las “bolsas de nicotina” son conocidas también como productos modernos de nicotina oral, de tamaño pequeño –uno por dos centímetros–, rellenas de diferentes fibras, por lo general vegetales, empapadas en nicotina que la mayoría de las veces es sintética y que son similares a una pequeña bolsa de té.
Detalló que para su consumo se colocan entre el labio superior y la encía donde la nicotina es absorbida; al hacerlo a través de la mucosa bucal y de la circulación sanguínea se distribuye por todo el organismo.
Sobre los efectos, la especialista sostuvo que es preocupante su uso, ya que de acuerdo con la marca tienen concentraciones que van de tres a 50 miligramos de nicotina, “lo que es una locura porque seis u ocho miligramos ya es demasiado debido a que se suministra vía oral”.
Aunado a ello, resaltó que es una sustancia química altamente adictiva, especialmente peligrosa para niñas, niños, jóvenes, adultos y mujeres embarazadas, “porque producen aftas o úlceras; abscesos periodontales que pueden llevar a la pérdida de dientes, gingivitis o inflamación de las encías, además de que modifican totalmente la microbiota y la composición de la saliva”.
Agregó que mientras se trae en la boca, la saliva que se deglute pasa por el aparato digestivo y sus efectos podrían originar inflamación en el estómago, dolor abdominal, gastritis, colitis y erosión de la mucosa gástrica y destacó sus repercusiones sustanciales a nivel cardiaco, pudiendo provocar un infarto al miocardio o un evento vascular cerebral (embolia).
La experta explicó que en la fabricación de las “bolsas” las empresas tabacaleras utilizan gran cantidad de saborizantes y sustancias químicas para hacerlas más atractivas y cubrir el fuerte y desagradable olor de la nicotina; pueden ser de diferentes sabores, como menta, hierbabuena y mora azul, entre otros.
De esta manera, dijo, la industria que las produce “engaña” a las personas consumidoras con olores agradables que reducen la percepción del riesgo y también son atractivos.
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Además, subrayó que, desde el punto de vista jurídico, no se manejan como productos de tabaco, pues es nicotina sintética, por lo que la industria tabacalera ha aprovechado ese vacío legal, y carecen de advertencias sanitarias a diferencia de las cajetillas comunes de cigarros que por ley tienen pictogramas y advertencias sanitarias, al igual que el tabaco para pipa, “por lo que parecería que son inocuas, lo cual es totalmente falso”.
De acuerdo con Ponciano Rodríguez, dichos productos violan la ley y tampoco hay instancia que los regule, lo que origina que las personas consumidoras, en su mayoría jóvenes, las consideren no nocivas para la salud y atractivas.
“Se comercializan como productos sin tabaco ni humo; al carecer de una regulación pueden comprarse en tiendas de conveniencia donde se colocan cerca de las cajas registradoras, junto a los dulces y golosinas, y cualquier menor de edad tiene acceso a ellas sin que se les niegue su venta”, precisó.
mahc/apr
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