Venezuela. Decidir entre el éxodo y el abismo de la economía
En un intento de detener el flujo de personas, las autoridades de ambos países impusieron el 24 de agosto el requisito del pasaporte, documento que es difícil de conseguir para los venezolanos (ERNESTO ARIAS. EFE)

Venezuela: Decidir entre el éxodo y el abismo de la economía

03/09/2018
02:06
ENRIQUETA CABRERA
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Las medidas económicas de Nicolás Maduro, lejos de dar confianza al país, han llevado a miles de venezolanos a optar por la migración

Quienes salen de Venezuela buscando una nueva vida no tienen otra opción. Acosados por la más profunda crisis económica, la falta de empleo, el desabasto, la crisis política y, en fin, una catástrofe sin salida en toda la vida nacional, casi 3 millones han abandonado el país desde 2017, cuya población es de alrededor de 30 millones. Nadie se plantea volver, buscan rehacer su vida en otras naciones de la región y fuera de ella, incluídas España y Estados Unidos. En Colombia, en los últimos años, han llegado un millón de venezolanos, la ola actual es de 600 mil.

Emigran hacia donde pueden con los recursos que tienen; los más pobres, hacia países más cercanos; hay una migración amplia de clase media que busca establecerse en Perú o Chile, Brasil, Uruguay o México. También intentan llegar a Estados Unidos, o no tan lejos: a Panamá o Costa Rica, en Centroamérica; incluso a Trinidad y Tobago, en el Caribe. Enfrentan toda clase de adversidades en aras de construir una nueva vida. Sacuden a toda la región, que se mueve entre la protección y grados diversos de rechazo.

Lo nunca visto en el hemisferio, el auto exilio venezolano impacta a una región amplia y cada país reacciona de acuerdo con sus políticas internas, no hay políticas comunes.

Hay una enorme crisis humanitaria, son ya entre 2.3 y 3 millones de personas que han salido de su Venezuela para no volver, es decir, entre 7 y 10% de la población, señala, en entrevista con EL UNIVERSAL, José Miguel Insulza, ex secretario General de la OEA (2005-2015) y actualmente senador en Chile. Él también fue un migrante en la década de los 70. Tras el golpe de estado de Auguto Pinochet, vivió en México años de exilio.

Sobre Venezuela dice: “¡Vaya crisis!, es algo que no habíamos visto nunca en la región en la dimensión actual”.

Afirma que entre 2017 y este año llegaron a Chile 165 mil personas —mucho menos que a Colombia—. Chile es un país de bajas migraciones, el año pasado comenzaron a llegar haitianos y dominicanos, luego llegaron los venezolanos.

Su arribo es a través de Perú, porque Chile ofrece mejores condiciones y el ingreso es bastante fácil. La gente que entra de manera irregular es citada a un tribunal varias semanas después de su llegada, lo que facilita la permanencia. Lo raro es que a Argentina que tiene políticas de inmigración más flexibles, y apenas han llegado alrededor de 80 mil venezolanos.

El éxodo de miles de migrantes ha generado varios problemas simultáneos: en Brasil, los venezolanos son rechazados violentamente por la población que habita al interior del Amazonas. El gobierno ordena militarizar la frontera para detener el flujo de personas.

Ecuador y Perú decidieron exigir pasaporte para ingresar a los ciudadanos venezolanos, para quienes es prácticamente imposible conseguir uno debido a la burocracia. El gobierno de Quito argumenta que ya no puede recibir más personas. El de Lima, por su parte, dejó en la desesperación a miles que llegaron cuatro horas tarde para alcanzar a entrar sin pasaporte. Llantos, gritos de mujeres y niños para los que era el fin del terrible camino, y se desvaneció. Las agencias internacionales de atención a migrantes han tenido que entrar en acción.

Y así, la situación va llegando a puntos de saturación. Hay también razones políticas. En Chile, el presidente Sebastián Piñera creó una situación de mayor limitación a los ingresos: usó como pretexto la creación de la visa de responsabilidad democrática que se les da a los venezolanos, y es más fácil para ellos estar en Chile que en otros países. “No se imaginó que fueran a llegar tantos”, reconoce Insulza.

El gran tema es ¿hasta dónde llega la responsabilidad de acoger a estos miles de refugiados? Dentro de la globalización no está incluida la movilidad de personas.

Hay una crisis humanitaria que afecta ya a varios países que se sienten incapaces de recibir a tanta gente, en algunos casos crea conflictos. En Colombia se dice que narcotraficantes se aprovechan de los de menores ingresos. Se teme o se avizora la trata de personas en otros casos.

Al respecto, Insulza destaca las capacidades profesionales de refugiados. Relata que en Chile, para ejercer la profesión médica, hay que presentar un examen de preparación y capacidades y “los venezolanos son los que mejor [lo] pasan. El tema es que migran por razones políticas y también económicas, o buscando oportunidades y tranquilidad.

“Hay una migración amplia de clase media bien preparada. A Maduro le conviene que salgan, libera presiones, pero también deja a Venezuela sin una parte importante de la población media más capacitada. Los mejores profesionales se están yendo. No se si alcanzarán a percibirlo”, señala.

La recepción de inmigrantes tiene un tufo selectivo. Los mejor capacitados son bien acogidos, los más pobres rechazados. La desigualdad de la globalidad está también ahí, en el exilio venezolano. También hay gente muy pobre que migra del interior de Venezuela, con muchas necesidades y chocan con la gente de la población local, lo que genera un fuerte rechazo.

La situación en Venezuela está empeorando y podría sumarse a Nicaragua, donde la ONU denuncia violación de derechos humanos. ¿Se inicia otro éxodo? Atención, puede estar en riesgo la estabilidad regional.

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