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Álamo, Texas.— Fue su gran promesa, su orgullo, y Donald Trump no podía dejar el cargo sin despedirse: fue así que ayer viajó a la frontera con México para ver, de cerca, su obra y, a la vez, agradecer al “gran caballero”, al presidente de México, por su “amistad”.
Sin el menor atisbo de arrepentimiento por el asalto de sus simpatizantes al Capitolio el 6 de enero; sin miedo a ser destituido —hay cero riesgo, dijo—, Trump compareció por primera vez en público desde esa fecha en la que tras arengar a la multitud, ésta entró al recinto y causó destrozos, obligando a suspender unas horas la sesión en la que se contaron los votos del Colegio Electoral y se confirmó el triunfo de Joe Biden en las presidenciales del 3 de noviembre. Ajeno al enojo y la división que ha causado, Trump se dedicó a “autografiar” el muro y no escatimó elogios para su par mexicano, su amigo improbable, Andrés Manuel López Obrador. “Quiero agradecer al gran presidente de México. Él es un gran caballero, un amigo mío. El presidente Obrador es un hombre que realmente sabe lo que está pasando. Ama a su país y también ama a Estados Unidos”, dijo.
“Quiero agradecerle por su amistad y su relación profesional de trabajo”, insistió, destacando el despliegue, por parte de México, de 27 mil efectivos para patrullar las fronteras mexicanas y frenar el paso de migrantes con destino a EU. Además, celebró los Protocolos de Protección al Migrante (MPP) sellados con México, que Trump calificó de “pioneros”, por los cuales los extranjeros que llegan a la frontera de Estados Unidos pidiendo asilo deben aguardar la resolución de sus casos en territorio mexicano.
“Esta medida por sí sola puso fin a una crisis humanitaria y salvó innumerables vidas”, se autoelogió Trump, cuyo viaje fue para celebrar la finalización de unos 640 kilómetros de muro.
Aprovechó, a la vez, para advertir a su sucesor, de las consecuencias que, cree, tendría revocar las políticas migratorias que él aprobó: “Si se revierten nuestras medidas en la frontera, se desatará un maremoto de inmigración ilegal, una ola como la que nunca hemos visto, y puedo decirles que ya están empezando a venir”. Insistió en su señalamiento de que los migrantes que llegaban a Estados Unidos antes de que él restringiera la migración “quizá eran asesinos, quizá líderes de cárteles, quizá gente realmente mala. Los países no los querían de regreso”.
Eso sí, ni una palabra sobre la promesa que no cumplió: que México pagaría por el muro, algo en lo que insistió todavía durante la campaña para la elección en el Senado en Georgia.
Sobre lo ocurrido el 6 de enero, cuando llamó a la gente a ir al Capitolio y advirtió que nunca concedería la derrota, aseguró que “la gente pensó que lo que dije era totalmente apropiado”, y dijo que continuar con la idea de destituirlo, invocando la Enmienda 25, sólo provocaría una “tremenda ira”.
La posibilidad de invocar dicha enmienda, para declararlo incompetente para ejercer el cargo, quedó desechada cuando el vicepresidente Mike Pence dijo que no lo hará porque “no está en el mejor interés de la nación ni es consistente con nuestra Constitución”.
Pero los demócratas están enfocados en llevar a Trump a juicio político por “incitar a la insurrección” y está previsto que hoy voten para enviar la acusación al Senado, donde debe realizarse el juicio. Con mayoría en la Cámara Alta, es seguro que la acusación pasará, y ya tiene el apoyo de cuatro representantes republicanos, incluyendo la número tres de la CámarBaja, Liz Cheney.
En el Senado, el líder republicano Mitch McConnell dejó ver su satisfacción con un posible juicio político, según el diario The New York Times.
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