A menos de tres meses de que México sea sede del Mundial, el principal acuerdo comercial y motor de crecimiento del país enfrenta su propio partido decisivo. Se hizo pública la preocupación de algunos colegas en Washington. El embajador Jamieson Greer, principal negociador comercial de Estados Unidos, reconoció que las negociaciones del T-MEC no han avanzado lo suficiente para cerrarse antes del 1 de julio, la fecha límite establecida hace seis años. “No vamos a poder resolver todos los temas”, admitió Greer en el Hudson Institute. De ser así, la revisión del tratado que mueve casi 2 billones de dólares al año entre México, Estados Unidos y Canadá entraría formalmente en tiempo de descuento.
El partido y sus reglas
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) entró en vigor en 2020 y reemplazó al TLCAN. Hoy regula prácticamente todo el comercio, inversión y movilidad laboral en Norteamérica: las autopartes que cruzan la frontera más de 12 veces antes de convertirse en un automóvil terminado, las frutas y verduras que llegan a los supermercados de los tres países, los electrodomésticos y partes de avión ensamblados en plantas de Aguascalientes y Querétaro. Casi 80% del PIB de México depende del comercio, y la mayor parte de ese comercio pasa por el T-MEC.
“$2 billones en comercio anual entre los tres socios del T-MEC están en juego en esta revisión”
A diferencia del TLCAN, el T-MEC tiene fecha de revisión y de expiración. El artículo 34.7 del tratado obliga a los tres gobiernos a decidir, el 1 de julio de 2026, si extienden los beneficios del acuerdo por otros 16 años. Si lo hacen, el tratado queda vigente hasta 2042 y el mismo ejercicio se repite en 2032. El proceso de revisión es cada seis años, sin excepción. Si no se logra consenso para extender sus beneficios este verano, el T-MEC entra en revisiones anuales y, sin acuerdo, expiraría en 2036. Julio no es una fecha límite para terminar las negociaciones. Es el silbatazo que define si América del Norte sigue siendo el equipo a vencer o empieza a jugar contrarreloj.
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Seis jugadas posibles, tres más realistas
En un análisis publicado con William Reinsch para el Center for Strategic and International Studies (CSIS), identificamos seis escenarios posibles. Tres merecen especial atención.
El escenario más probable es una extensión dolorosa: negociaciones que se prolongan hasta finales de 2026 o más, concentradas en automóviles, energía y reglas sobre componentes e inversiones chinas en Norteamérica. México y Canadá tendrían que hacer concesiones para reducir los aranceles que Washington ya les impuso. Algunas serán costosas. Reglas de origen más estrictas en acero, por ejemplo, podrían obligar a reconfigurar cadenas de producción completas. Pero el dolor en este escenario puede estar más en el proceso que en el resultado. Una negociación difícil que produzca un acuerdo modernizado y con concesiones manejables para los tres socios sigue siendo el desenlace más probable. A pesar de la complejidad del momento, un acuerdo aceptable sigue estando al alcance. Si el T-MEC pasa a revisión del VAR, el resultado definirá el rumbo de Norteamérica.
Las otras dos rutas son menos atractivas. La primera: revisiones anuales, con el tratado vigente pero bajo una nube de incertidumbre permanente. La segunda: un repliegue hacia acuerdos bilaterales que fracturaría las cadenas de suministro norteamericanas. Cuando Greer dijo que las pláticas con Canadá “van atrasadas” frente a las de México, confirmaba que el segundo escenario ya empezó. La vía bilateral es, en buena medida, una táctica de negociación de Trump para extraer concesiones por separado. La expiración total del tratado en 2036 sigue siendo el escenario menos probable, porque ninguno de los tres gobiernos la quiere y los costos económicos serían demasiado altos para todos.
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La cancha mexicana
México no es un jugador secundario en esta negociación. Es el principal socio comercial de Estados Unidos y la cancha donde se decide la competitividad norteamericana de las próximas dos décadas.
Un total de 1.7 millones de dólares de comercio bilateral cruzan la frontera entre México y EU cada minuto. México es el principal proveedor y el principal destino de exportación de EU.
Los números desmontan el discurso de Washington sobre el déficit comercial. Alrededor de 74 centavos de cada dólar de bienes manufacturados que México exporta a Estados Unidos provienen en realidad de insumos producidos dentro de Norteamérica, lo que refleja la enorme integración de la producción continental. Treinta y cuatro estados de EU tienen a México entre sus tres principales socios comerciales. Lo que México y EU han construido en tres décadas no es una relación unidireccional. Es una plataforma de producción conjunta. En un año electoral en EU, donde el aumento en el costo de la vida domina las encuestas, México también es clave para combatir la inflación en supermercados, concesionarios, farmacias y laboratorios de inteligencia artificial del otro lado de la frontera.
El costo de la incertidumbre ya es visible. La inversión en México cayó alrededor de 10% interanual, el crecimiento proyectado para 2026 se revisó a la baja, y la manufactura estadounidense prácticamente no creó empleos en 2025. Una revisión fallida del T-MEC no se mediría en el colapso de la relación comercial. Se mediría en años de crecimiento perdidos: fábricas que nunca se instalan, inversiones que migran a otros países y empleos que no llegan.
Norteamérica debe jugar como un solo equipo
La revisión del T-MEC va a decidir si Norteamérica sigue siendo la región más competitiva del mundo o si se fragmenta en tres economías que comparten flujos de inversión y comercio pero sin coordinarse entre sí. El secreto a voces en Washington es que ninguno de los tres países puede ganar por separado. Como en el Mundial, ningún jugador puede levantar la copa sin sus compañeros. EU no puede cerrar la brecha tecnológica con China sin México y Canadá. México no puede convertir su potencial de nearshoring en crecimiento sin vínculos más profundos con sus socios del norte. Canadá no puede escapar de su vecindad por más que busque diversificar sus mercados.
México tiene la geografía, base industrial, fuerza laboral joven y cada vez más calificada, y un acuerdo que, bien defendido, puede ser plataforma de crecimiento más importante de su historia. Llega a esta revisión con la oportunidad de reformular la relación bilateral no como un socio subordinado, sino como un eje de la competitividad estadounidense y la seguridad económica de Norteamérica. El silbatazo del tiempo regular del 1 de julio se acerca. La pregunta no es si México juega. Es si la cancha, los aficionados y los jugadores entienden que este partido no se gana solamente defendiendo, sino jugando en equipo. Por cierto, no era penal. Fellow del CSIS y fundador de North America Compass
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