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Visto desde el aire, el campamento de Kutupalong, en Bangladesh, parece un laberinto construido en una colina.
Decenas de miles de tiendas de campaña improvisadas están amontonadas en un terreno escalonado.
Pero desde el suelo, es una extensión caótica y abarrotada.
Y en los últimos meses no sólo se ha ganado el notorio título del mayor campamento de refugiados en el mundo, también se ha convertido en el más densamente poblado, con un millón de habitantes.
Las cifras son escalofriantes: en los últimos seis meses duplicó su tamaño, en el último año su población se multiplicó por cinco y supera a la de ciudades como Málaga o Lisboa.
Éxodo masivo
Todo comenzó en agosto del año pasado cuando la violencia y la discriminación sistemática en el estado de Rakhine, en la vecina Myanmar, provocó un éxodo masivo de familias rohingya.
En cuestión de semanas, cientos de miles de personas huyeron hacia Cox's Bazar, una ciudad costera en Bangladesh, donde unos 200.000 rohingya ya habían buscado refugio.
Estas dos imágenes de satélite de la zona de Kutupalong, tomadas por la organización de ayuda Médicos Sin Fronteras, antes y después del éxodo y llegada de cientos de miles de refugiados rohingya, muestran en impacto del campamento.
El éxodo masivo de agosto de 2017 fue provocado por una brutal campaña del ejército de Myanmar contra la minoría musulmana.
Cientos de aldeas fueron incendiadas, en medio de violaciones y asesinatos generalizados.
La ONU describió la campaña como “limpieza étnica”, aunque el ejército birmano afirma sólo estar combatiendo a militantes extremistas rohingyas y niega los abusos contra la población civil.
Perseguidos
Los rohingya han sufrido décadas de persecuciones en Myanmar donde la religión mayoritaria es el budismo.
En ese país no son considerados ciudadanos, porque no tienen reconocimiento como grupo étnico.
Y el origen de este pueblo sigue siendo extensamente debatido.
Ellos afirman que son indígenas del estado de Rakhine descendientes de comerciantes árabes, pero el Estado birmano asegura que son migrantes musulmanes que se originaron en Bangladesh y emigraron a Myanmar durante la ocupación británica.
Desde 1948, cuando se independizó el país, han sido víctimas de tortura, negligencia y represión.
El Estado les prohíbe casarse o viajar sin permiso de las autoridades y no tienen derecho a poseer tierra ni propiedades.
Se cree que la brutal represión histórica en su contra ha creado una diáspora de por lo menos otro millón en varias partes del mundo.
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