Más Información

Luisa Alcalde cuestiona informe sobre desapariciones de la ONU; señala inconsistencias y datos desactualizados

Bloqueos carreteros en México se reducen; Segob reporta solo cinco vialidades afectadas tras diálogo

Fiscalía capitalina busca imputar a empresas por muerte de fotoperiodistas en AXE Ceremonia; señalan múltiples responsabilidades

Laura Ballesteros solicita renuncia de Rosario Piedra Ibarra de la CNDH; la acusa de "encubrir crisis de desapariciones en México"

Presidente de comité contra la Desaparición Forzada responde a Sheinbaum; "es fundamental preservar el respeto", pide

"Enfermeras comían mientras manipulaban jeringas"; testimonio exhibe negligencia en clínica de sueros vitaminados en Sonora
Patadas estilo mariposa y potentes puñetazos. En el norte de Siria , un grupo de alumnos aprenden complejas técnicas de artes marciales bajo la tutela de Fadel Othman , un maestro de kung-fu con una sola pierna.
Este joven amputado de 24 años dirige una modesta escuela de artes marciales en Abzimu , una localidad en el oeste de la provincia de Alepo, controlada por los rebeldes.
Entre sus cien discípulos hay huérfanos o niños que han perdido a alguno de sus padres en la larga década de guerra en Siria.
Fadel confía en que sus alumnos serán campeones
"Es el primer equipo que entreno desde mi herida", explica a AFP en un terreno al aire libre donde a menudo ofrece sus clases de kung-fu .
"Me convenzo de que un día serán campeones del mundo", añade sobre sus discípulos.

Othman resultó herido por un disparo de obús en 2015, durante combates entre rebeldes y fuerzas del régimen en la ciudad de Alepo. Ahora forma parte de los más de 86 mil sirios considerados amputados de guerra por la Organización Mundial de la Salud .
El joven, que practicaba kung-fu desde los 12 años, se vio obligado a dejar su pasión. "Sentí que todas las puertas se cerraron frente a mi", recuerda desde su academia, justo debajo de una imponente bandera de la oposición siria.
Cursos de artes marciales
Durante los tres años pasados en Turquía para curarse, continuó atendiendo a cursos de artes marciales con entrenadores e incluso participó en competiciones.
Este año decidió abrir esta academia de kung-fu donde entrena a alumnos de diferentes niveles.
En su modesto gimnasio, con sacos de boxeo y barras de tracción, las paredes están repletas de fotografías de Othman en torneos.

El joven enseña una serie de ejercicios de calentamiento, sin necesidad de usar las muletas. Después observa a los alumnos realizar las sofisticadas secuencias de kung-fu antes de ayudarlos a refinar la técnica para parar patadas o puñetazos.
Su objetivo es enseñar a los niños "movimientos útiles que puedan usar para defenderse" y reforzar su confianza.
Como el gimnasio no está conectado a la red eléctrica local y las baterías que suministran corriente están descargadas, Othman se refugia contra una pared para buscar los últimos rayos de sol, mientras sus guantes de entrenamiento siguen recibiendo los puñetazos de un joven alumno.
Después, en un terreno a cielo abierto, el maestro de kung-fu entrena a un grupo de 14 niños vestidos con uniformes idénticos.
"Los considero como mis hermanos pequeños", explica. "Mi objetivo es formar un equipo sólido que pueda aspirar a competiciones internacionales", asegura.
Lee también:
aosr
Más Información
Noticias según tus intereses
ViveUSA
[Publicidad]



















