Bruselas.— se ha mostrado incapaz en la última década de prevenir crisis internacionales, algunas de ellas en su propio hemisferio.

La agresión armada de contra Ucrania no sólo evidenció que los ejércitos europeos no pueden proyectar estabilidad y paz a través de la disuasión, sino que puso de manifiesto una vez más la excesiva dependencia que tiene el continente respecto de Estados Unidos.

Europa ha comenzado a gastar en defensa, pero más allá de incrementar sus presupuestos, lo que necesita es construir mecanismos de defensa propios que le permitan asegurar una lealtad recíproca con EU. Hasta entonces, continuará siendo un mero apéndice de Washington.

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Trump afirma no necesitar a Europa, luego de que los países del bloque decidieron no sumarse a la guerra con Irán. Foto: EFE
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La zona euroatlántica es la de mayor seguridad en el planeta y ha sido posible gracias a la disuasión proyectada por las capacidades militares de EU, de ahí que entre los europeos genere nerviosismo cada vez que las autoridades estadounidenses se plantean la probable retirada de sus fuerzas convencionales en Europa.

Desde la creación del Mando Europeo de EU (USEUCOM), el número de uniformados estadounidenses en el Viejo Continente siempre ha fluctuado acorde a las necesidades nacionales y a la situación de seguridad aledaña al espacio trasatlántico. Pero a diferencia de los ajustes realizados a lo largo de las décadas, inquieta que las decisiones en la Casa Blanca actualmente se tomen unilateralmente y sin considerar a los países anfitriones, ni al conjunto de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la plataforma responsable de velar por la seguridad colectiva.

El más reciente golpe a la confianza transatlántica se registró el 1 de mayo, cuando el portavoz del Pentágono confirmó que EU ordenó la retirada de aproximadamente 5 mil soldados de Alemania y la cancelación del despliegue de misiles Tomahawk e hipersónicos de largo alcance en 2026.

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Si bien la información fue divulgada en un contexto de tensión diplomática entre el presidente estadounidense Donald Trump y el canciller alemán Friedrich Merz, y la quema de 850 Tomahawk en la cruzada contra Irán, renovó una preocupación permanente y que tiene que ver con las implicaciones de una retirada estadounidense del tablero europeo. Hay quienes advierten sobre el rompimiento del equilibrio de fuerzas creado en Europa y que supuestamente se ha mantenido gracias al dominio estadounidense sobre la seguridad europea, tal como lo planteó en su momento el académico alemán Josef Joffe, quien describió la presencia estadounidense como “un elemento pacificador” para Europa y sin el cual el continente volvería a caer en la competencia por la seguridad o en la guerra.

División en el bloque

Como aseguran en el Instituto Cato con sede en Washington, esta visión está desactualizada y no tiene en cuenta lo mucho que ha cambiado Europa.

Una reducción de las tropas estadounidenses más bien podría poner de manifiesto las debilidades estructurales de la arquitectura de defensa europea, especialmente en lo que respecta al transporte aéreo estratégico, la inteligencia, la vigilancia y el reconocimiento, la defensa aérea y balística, sostiene en un análisis Tymur Ivasiv, experto del Transatlantic Dialogue Center, con sede en Kiev.

Además, podría agravar las divisiones en la alianza debido a las percepciones divergentes sobre las amenazas en Europa Oriental y Occidental, “lo que complicaría el reparto de cargas y la coordinación de las adquisiciones, en un contexto en el que el gasto en defensa aumenta de forma desigual entre los Estados miembros”, indica Ivasiv.

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“Una reducción de la presencia estadounidense aceleraría los esfuerzos de Europa por alcanzar la autonomía estratégica, pero también pondría a prueba la capacidad del continente para mantener una disuasión creíble frente a Rusia sin un punto de referencia transatlántico único”, señala.

“La última decisión de Trump debilita la postura y la credibilidad de Estados Unidos en Europa (…) por lo tanto, los europeos deben tomar medidas urgentes para limitar el impacto de estos acontecimientos”, señala Giuseppe Spatafora, responsable del portafolio trasatlántico en el Instituto de Estudios sobre Seguridad de la Unión Europea (EUISS).

Independientemente de los escenarios probables, como sería un enfoque transaccional respecto a la defensa europea, la retirada parcial o total de fuerzas, Spatafora sostiene que Europa necesita reforzar sus propias capacidades de ataque de largo alcance con urgencia, debido a que los sistemas con que cuenta son defensivos —el Storm Shadow y el Taurus tienen un alcance de entre 300 y 500 kilómetros—, no ofensivos, como los Tomahawk, que superan los mil 600 kilómetros.

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Debe además prepararse ante la posibilidad de que los recursos estadounidenses no lleguen. “Cada nueva crisis supone una oportunidad para que la Casa Blanca elimine algunos componentes de su fuerza disuasoria en Europa (…) Para evitar sorpresas en el futuro, los europeos deben tener un plan B”.

El tercer ámbito en el que Europa debe trabajar es el de la comunicación, para evitar acusaciones de estar alterando el equilibrio estratégico con el despliegue de misiles ofensivos. De esta manera evitaría el castigo de sus ciudadanos en las urnas.

El Center for Strategic and International Studies (CSIS) ha dejado constancia en sus reportes de que Europa puede defenderse sin depender tanto de EU, pero requiere que los países adopten medidas decisivas para coordinar sus esfuerzos y capacidades defensivas.

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Es requisito que los líderes europeos alcancen un consenso en torno a un programa de reforma de la defensa, que sólo puede darse si Alemania, el país más grande en términos financieros y demográficos, lo respalda. “Aunque Alemania se ha comprometido a aumentar el gasto nacional en defensa, Berlín se ha opuesto al mismo tiempo a los esfuerzos por adoptar medidas más ambiciosas a nivel de la UE (…) el peligro para Europa radica en que no está claro si Alemania es capaz de reformar su ejército, excesivamente burocrático. Alemania gasta actualmente una gran cantidad de dinero en defensa, pero obtiene pocos resultados a cambio”.

Diversas fuentes estiman que Alemania tiene previsto aumentar considerablemente su presupuesto de defensa, pasando de 95 mil millones de euros en 2025 a 162 mil millones de euros en 2029. El CSII señala que lo ideal sería complementar el rearme alemán con un esfuerzo paneuropeo. “Esta sería la opción más adecuada y segura para Europa”, indica.

Presencia ESTADOUNIDENSE

Entre 1950 y 1953, el número de efectivos estadounidenses en Europa pasó de 120 mil a más de 400 mil como medida disuasiva frente a la Unión Soviética en el contexto de la guerra en Corea. Como consecuencia de la incursión armada en Vietnam, disminuyó a 265 mil y para los años de mayor tensión como resultado de la Guerra Fría, los números volvieron a pasar la barrera de los 350 mil.

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Tras el colapso de la Unión Soviética en 1989, la presencia bajó drásticamente y a partir del retorno de la paz, con el fin de las sangrientas guerras en los Balcanes en 1999, los números descendieron por debajo de los 120 mil.

Como consecuencia de la invasión de Ucrania en 2022, el Pentágono movilizó unos 20 mil efectivos y desde entonces el número total de tropas ha fluctuado entre 76 mil y 105 mil, incluyendo dos unidades de combate en Europa Central y Oriental, unos 10 mil soldados en Polonia y 800 soldados más del grupo de combate de la OTAN liderado por Estados Unidos.

En la actualidad hay más de 40 bases militares con presencia estadounidense, localizadas desde el estrecho de Gibraltar hasta Turquía y Estonia.

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El mayor número de efectivos se concentra en Alemania, unos 38 mil, seguido por Italia, con alrededor de 12 mil, Polonia y el Reino Unido, con 10 mil, respectivamente.

La disuasión a través de la proyección de fuerza es su principal función. Otras tareas son el apoyo logístico, táctico y el adiestramiento de fuerzas aliadas, así como el resguardo y gestión de las ojivas nucleares tácticas. Las tropas estadounidenses en suelo europeo además han sido eje de la integración militar, industrial y estratégica con Europa, de allí que una eventual retirada requeriría de años y un coste económico sustancial.

El International Institute Strategic Studies de Londres estima que, en caso de una operación militar a gran escala para hacer frente a un ataque ruso, el coste de sustituir al personal estadounidense en Europa sería mayor a los 12 mil millones de dólares.

De acuerdo con el German Marshall Fund, la ley vigente en materia de defensa establece que sólo con el aval del Congreso y una evaluación independiente sobre las repercusiones para la seguridad nacional, el continente estadounidense podría reducirse por debajo de los 76 mil efectivos.

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