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Por: China Global Television Network
Han pasado ya más de dos meses desde el inicio de la operación militar especial de Rusia en Ucrania. El conflicto, con una concepción original de “guerra relámpago”, ha ido derivando hacia una violenta crisis sin un final a la vista. El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov reiteraba recientemente en una entrevista concedida a un medio de comunicación saudí que el ataque cesaría una vez que sus objetivos y metas sean alcanzados.
Según el máximo responsable de la diplomacia rusa, una de esas metas es evitar la posibilidad de que la OTAN convierta a Ucrania en una base militar contra Moscú. Por su parte, el secretario general adjunto de la OTAN, Mircea Geoana, ha asegurado que la guerra en Ucrania podría extenderse durante meses e incluso años. Es difícil aventurarse a predecir hasta cuándo durará el conflicto, pero el final del mismo no dependerá tan solo de los bandos ruso y ucraniano, sino también del papel que pueda desempeñar la OTAN, fuertemente influida por Estados Unidos. En opinión del escritor Thomas L. Friedman, expuesta en su columna del New York Times durante el estallido del conflicto, Estados Unidos y la OTAN no pueden ser considerados como meros espectadores inocentes
Desde el colapso de la Unión Soviética de la década de 1990, Rusia no ha perdido la consideración por parte de varios países, algunos de ellos miembros de la alianza atlántica,de amenaza para su seguridad nacional. Desde 1999, la OTAN ha realizado cinco expansiones hacia el este, a la vez que una gran cantidad de armamento estratégico ofensivo se ha ido desplegando en Europa Oriental. Esta ampliación hacia las fronteras rusas ha contribuido al aumento de las tensiones entre el Moscú y otras capitales. Ucrania y Bielorrusiaconformaban lo que Rusia consideraba la última zona de amortiguación frente a la OTAN.
Los movimientos para proteger la seguridad de un país o una organización no deben perjudicar la seguridad de otras naciones. Esto carece de fundamento y no tiene lugar en la política internacional. El padre de la doctrina estadounidense de contención dela Unión Soviética, George F. Kennan,había considerado en 1998 que la ampliación de la OTAN sería un error fatídico de la política de Estados Unidos, pudiendo desencadenar una nueva guerra fría. Pese a estas advertencias, se llevó a cabo la expansión hacia el este de la OTAN, sin que esta haya proporcionado más seguridad a los países europeos, sino más bien plantando semillas de conflictos.
Pese a que los miembros de la OTAN reiteran el carácter y finalidad defensivos de la misma, la alianza no ha dejado de provocar y participar en diferentes conflictos. En 1999, la OTAN llevó a cabo una campaña de 78 días de bombardeo en Yugoslavia, causando el fallecimiento de más de dos mil civiles y desplazando a casi un millón de personas. En 2001, Estados Unidos, con el apoyo de sus aliados en la OTAN, inició la guerra en Afganistán. La misma manera de actuar se repitió en 2003 en la guerra contra Irak y en 2011, en la guerra contra Libia. Ninguno de estos ataques recibió la autorización del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas. Enfrentándose a estas acciones, es difícil para los ciudadanos de todo el mundo considerar a la OTAN como un garante de la paz y la seguridad.
En el caso del conflicto entre Rusia y Ucrania, desde su estallido Estados Unidos y países aliados han proporcionado una gran cantidad de armamento a las fuerzas ucranianas, a la vez que imponían sanciones unilaterales sin precedentes contra Moscú. Estas medidas no sólo no favorecen la resolución política del conflicto, sino que pueden convertirse en catalizadores de una escalada de la crisis. La gran mayoría de la comunidad internacional comparte las expectativas de apoyo a las negociaciones de paz y a la consecución de un alto el fuego. Estados Unidos y los aliados de la OTAN deberían evitar avivar el conflicto y tomar medidas en aras de reducir las tensiones. Ni Europa, ni el mundo en general, necesitan una nueva guerra fría. Dos meses después del inicio del conflicto, la OTAN debería reconsiderar y reflexionar sobre su papel en la crisis de Ucrania y sus implicaciones para la seguridad de Europa.
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