Enfermos recurren a redes en Venezuela
Para los venezolanos, la solución a la escasez de medicamentos es la ayuda humanitaria proveniente del exterior o de las ONG que les dan apoyo a través de las redes sociales. CORTESÍA JONATHAN LANZA

Enfermos recurren a redes en Venezuela

02/10/2019
04:04
MANUEL CORRO
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Ante el desabasto de las medicinas en el país y su elevado costo, además de la mala alimentación de los ciudadanos por las carencias, ONG brindan apoyo a través de internet a las personas que padecen de hipertensión y diabetes

En la estación Gato Negro de la línea 1 del Metro de Caracas, los operadores del subterráneo venezolano anunciaron un “evento” en uno de sus vagones. La señora Carmen González se había desmayado por tercera vez en dos meses. Su cuerpo sucumbió a una subida de azúcar (hiperglucemia). Para agosto, cuando ocurrió, tenía ocho semanas que no se suministraba, y no por elección propia, la insulina que controla su diabetes.

A sus 68 años, González se enfrenta a un viacrucis diario en la búsqueda, sin éxito, del medicamento que controla el nivel de glucosa en su sangre y, además, del losartán que mantiene a raya la hipertensión que también afecta su salud.

Esta educadora jubilada ha llegado recorrer 20 farmacias caraqueñas en un mismo día.

“No hay. Esas medicinas tienen años que no se dejan ver por aquí”, son las respuestas, ya comunes para ella, que encuentra en cada establecimiento visitado.

El drama de González es el mismo de miles de pacientes crónicos con diabetes e hipertensión en el país petrolero. El desabastecimiento de medicamentos y sus elevados precios, cuando con suerte los consiguen, hace imposible para muchos poder controlar sus padecimientos. En las escasas farmacias capitalinas en donde hay losartán, la medicación más popular para tratar la hipertensión, puede costar lo equivalente a un salario mínimo o a la pensión por vejez: 40 mil bolívares (1.84 centavos de dólar, al cambio del martes 17 de septiembre), y esto únicamente duraría para un mes completo de tratamiento.

Gustavo Arriendo sacaba sus cuentas a las afuera de una farmacia, ubicada en el este de Caracas: “Si decido comprar mi medicina me quedo corto, no tendría luego para la comida ni tampoco para mis pasajes”, concluyó este señor hipertenso de 66 años, quien sólo cuenta con los ingresos de su pensión, de lo poco que le pueda dar su único hijo, y depende para alimentarse, en gran medida, de la caja de alimentos distribuida de manera intermitente por el gobierno de Nicolás Maduro; y que no es gratis, se adquiere por 8 mil bolívares.

Para la doctora Maritza Durán, la mala alimentación y el estilo de vida del venezolano, que se debate a diario entre comer o atender necesidades esenciales como la salud, debido al desabastecimiento, los altos costos de los productos que aumentan día a día y a los paupérrimos salarios que los alejan de la posibilidad de adquirirlos, está influyendo en el incremento de casos de hipertensión y diabetes en el país.

De acuerdo con las cifras del estudio venezolano de salud cardiometabólica, realizado en el primer trimestre de este 2019, de los 30 millones de venezolanos, 34% sufre de hipertensión y otro 12% de diabetes; lo que representa un aumento importante en comparación con años anteriores.

“En Venezuela sus ciudadanos están mal comiendo o no comiendo. La situación [crisis económica y política] del país los tienen en un permanente estrés. Para quienes ya están enfermos, no hay como tratarlos. Las autoridades no cumplen con las políticas de salud pública que permitirían que estos pacientes accedieran a sus medicamentos de manera constante; y en farmacias tampoco los hay y cuando hay, su precio está afuera del alcance del paciente”, deploró Durán.

“La situación económica del país es terrible. Las personas mayores y las que tenemos algún tipo de enfermedad somos las que más sufrimos”, comentó notablemente afligida María Martínez, quien tiene condición de hipertensa y epiléptica, luego de no encontrar la carbamazepina para controlar la epilepsia.

“Junté toda mi pensión más un poco más y pude reunir 60 mil bolívares, pero ni así, teniendo el dinero en las manos, pude hallar mis pastillas. En una solo farmacia me dieron la esperanza que en 5 días llegaría mi medicina, pero 5 mil bolívares más cara, ahora me tocará ingeniármelas para conseguirlos”, lamentó Martínez.

Solo en 2018, los precios en el país aumentaron 1.698.000 por ciento, esto de acuerdo con los datos de la Asamblea Nacional venezolana (de mayoría opositora al gobierno de Maduro), ante la inexistencia de cifras oficiales del Banco Central de Venezuela. Para finales de este 2019, el Fondo Monetario Internacional pronostica una inflación de 10.000.000 por ciento.

SOS en redes sociales. La ausencia de medicamentos en los anaqueles de las farmacias en Venezuela ha llevado a los desesperados hipertensos y diabéticos a buscar ayuda en Twitter y otras redes sociales. La forma más directa y sencilla que encuentran en medio de su intensa búsqueda es esa.

Varias son las fundaciones y ONG venezolanas que han puesto a disposición del servicio público sus cuentas en Twitter; Acción Solidaria, Cáritas Venezuela y CodeVida son algunas.

“Por Twitter me donaron en más de una ocasión losartán y glucofage para mi diabetes e hipertensión, pero eso fue al principio, en 2016 [cuando empezó a agudizarse la crisis económica en el país], ahora cuesta más que llegue la ayuda”, comentó Pedro Ariztigueta, quien reconoce que el empeoramiento de la situación aumentó la demanda y “ni las redes sociales se dan abasto para que las almas nobles que pueden, ayuden a los que más lo necesitamos”.

La doctora Durán insiste en que “si las personas hipertensas y/o diabéticas no se tratan adecuadamente, se exponen a complicaciones cerobrovasculares, insuficiencia cardíaca, evolución a diálisis y pie diabético, entre otras. Es necesario que se tomen las medicinas”.

Advierte que si se quiere prevenir muertes prematuras y discapacidades, el control de estas enfermedades con fármacos es más que necesario, es obligatorio; combinado con un estilo de vida y de alimentación adecuada; algo que la crisis en Venezuela, por ahora, no le permite a sus ciudadanos.

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