Miami.— El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) está levantando en la el sistema de control territorial más amplio de su historia: barreras de acero de nueve metros, boyas en el río Bravo, caminos de patrullaje, cámaras térmicas, sensores enterrados, torres autónomas, inteligencia artificial, drones y presencia militar. El propósito operativo es reducir los puntos de cruce, obligar a traficantes y migrantes a desplazarse por corredores previsibles y concentrar allí la capacidad de detección y captura.

La administración del presidente ha destinado cerca de 46 mil millones de dólares al llamado muro inteligente; hasta mediados de junio de 2026 había agregado 119 kilómetros de barrera y proyectaba cubrir con tecnología otros 861 kilómetros donde la geografía dificulta construir.

La pregunta es: ¿Se puede cercar a los cárteles?

Una investigación publicada en junio de 2026 sobre interdicción de narcotráfico concluyó que presupuestos modestos pueden reducir de manera importante el flujo en puntos específicos, pero no es una solución definitiva.

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“Los cercos antinarco funcionan durante un tiempo determinado, especialmente mientras el gobierno vigila las rutas del narco, pero los traficantes van a seguir buscando opciones y recuperan ventaja cuando encuentran otras formas de burlar la autoridad”, dice a el analista y experto en seguridad Jaime Ortiz. Sin un combate a la otra arista del problema, el consumo, ninguna estrategia de “cerco” funcionará, aseguran analistas.

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La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EU (CBP) instala cerca de 10 kilómetros de muro cada semana, incorpora otras 95 torres autónomas y utiliza cables de fibra óptica enterrados capaces de detectar pasos, vehículos y movimientos del terreno. Los algoritmos clasifican las imágenes, separan animales de personas y envían alertas a los agentes. El comisionado de la CBP, Rodney Scott, dijo que “es un muro inteligente; es más que una barrera, maximiza el uso de nuestro recurso más valioso, que son nuestros agentes”.

Pero Ortiz explica que la lucha contra el narcotráfico debe darse en dimensiones múltiples. “Para tener la posibilidad de encerrar a toda una organización criminal deben controlarse simultáneamente los cruces terrestres, las garitas, el subsuelo, el espacio aéreo, las costas, las empresas de transporte, las redes financieras, el suministro de sustancias químicas y, por supuesto, detectar y atacar la corrupción”, afirma.

Esta fotografía, proporcionada por la DEA, muestra pastillas que contienen fentanilo, incautadas en abril de 2025 en Nuevo México. Foto: Especial
Esta fotografía, proporcionada por la DEA, muestra pastillas que contienen fentanilo, incautadas en abril de 2025 en Nuevo México. Foto: Especial

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Potencia en dosis pequeñas

El combate al fentanilo es un ejemplo de lo difícil que es “cercar al narco”. Una cantidad elevada de dosis puede transportarse en espacios pequeños, como un rincón de un automóvil, en los neumáticos, tableros, oculta en mercancías legales. Los cárteles mexicanos fabrican el opioide con sustancias químicas adquiridas principalmente en Asia y, de acuerdo con diversos informes, lo introducen en EU, en gran medida, por los puertos terrestres oficiales de California y Arizona. Durante el año fiscal 2024, las autoridades estadounidenses decomisaron 9 mil 570 kilogramos de fentanilo en la frontera con México. La droga atraviesa con frecuencia los mismos carriles utilizados cada día por trabajadores, familias, turistas y cadenas comerciales. El muro situado entre las garitas tiene una capacidad limitada frente a un cargamento escondido dentro de un vehículo.

Cuando el DHS dificulta el cruce de drogas por el desierto, los ríos, las montañas y otros puntos fuera de los puertos fronterizos oficiales, los cárteles de la droga pueden dividir una carga grande en decenas de envíos, utilizar vehículos de pasajeros, reclutar ciudadanos estadounidenses o turistas, infiltrar empresas de transporte y esconder paquetes dentro de productos legales. El volumen diario de cruces obliga a seleccionar qué automóviles y camiones pasan a una revisión secundaria.

“Las organizaciones criminales se organizan y estudian los horarios, las filas, los cambios de turno, los tipos de vehículo que revisan y las decisiones de los inspectores”, señala Ortiz. La frontera legal se convierte en el corredor más útil para ocultar una actividad criminal dentro de millones de movimientos legítimos. Los datos de sentencias federales muestran que 86.4% de las personas condenadas por tráfico de fentanilo durante un periodo de 12 meses concluido en septiembre de 2023 eran ciudadanos estadounidenses.

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Los drones abren otra salida y permiten a los cárteles observar el cerco construido para vigilarlos. Steven Willoughby, subdirector del programa antidrones del Departamento de Seguridad Nacional, declaró ante el Congreso que las organizaciones criminales mexicanas utilizan esos aparatos casi todos los días para transportar drogas y vigilar a los agentes de la Patrulla Fronteriza. Más de 27 mil presencias de drones fueron detectadas a menos de 500 metros de la frontera durante los últimos seis meses de 2024. Los aparatos transmiten imágenes en tiempo real, siguen patrullas, localizan zonas sin cobertura, coordinan cruces y también transportan metanfetamina o fentanilo. Algunos modelos construidos o modificados por los traficantes pueden trasladar hasta 100 kilogramos y aterrizar en coordenadas programadas mediante navegación satelital.

El dron también permite provocar alertas simultáneas y medir la respuesta estadounidense. Una organización puede lanzar un aparato sobre una zona, mover personas en otra y enviar el cargamento por un tercer punto. El gobierno queda obligado a distinguir entre vuelos comerciales, aparatos recreativos, aeronaves oficiales y operaciones criminales. En febrero de 2026, el uso de un sistema láser antidrones cerca de Fort Bliss provocó el cierre repentino del espacio aéreo de El Paso, Texas, después de una coordinación deficiente entre el Pentágono y la Administración Federal de Aviación.

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Bajo tierra y por mar

Los narcotúneles son una opción más costosa y reservada para las organizaciones con mayor capacidad financiera. Los sensores enterrados pueden detectar vibraciones y movimientos del suelo, pero la comprobación exige personal especializado, inspecciones físicas, mapas de servicios urbanos y cooperación con las autoridades mexicanas.

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El mar es una extensión del espacio disponible; los cargamentos de cocaína, marihuana, metanfetamina y otras sustancias han llegado a la Unión Americana a través del Pacífico, el golfo de México y el Caribe en lanchas rápidas, pesqueros, embarcaciones comerciales, contenedores y semisumergibles. Durante el verano de 2025, la Guardia Costera de Estados Unidos decomisó 34 mil 500 kilogramos de droga en 19 embarcaciones localizadas cerca de México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe. Aviones de patrullaje, buques, radares e inteligencia internacional logran cubrir únicamente una parte de esa zona marítima de tránsito, que es más grande que toda Rusia. Las autoridades calculan que logran decomisar menos de 10% de la cocaína y drogas en general que circula por esos corredores. Para enfrentar esa amenaza, Trump ordenó ataques a embarcaciones que, alega, han reducido el flujo de drogas por mar 98%, pero han desatado controversia y denuncias de que se trata de ejecuciones extrajudiciales.

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Las sustancias químicas también pueden ser reemplazadas, igual que los proveedores. En octubre de 2025, el Departamento del Tesoro de EU sancionó a 12 empresas mexicanas y ocho administradores acusados de suministrar precursores a Los Chapitos, una facción del Cártel de Sinaloa. Una de las compañías centrales, Sumilab, ya había sido sancionada en 2023 y mantuvo su estructura a través otras empresas. La reconstrucción de esa red muestra la rapidez con que una organización puede reemplazar una conexión bloqueada. “Los cárteles más poderosos pueden trasladar parte de la fabricación a EU; o enviar por separado los químicos, las prensas, los moldes y todo lo necesario para establecerse parcial o totalmente”, dice Ortiz.

A estos problemas para “cercar” al narco, como quiere Trump, se suma otro: la corrupción. “La corrupción es la ruta que atraviesa cualquier barrera y que desmorona todo esfuerzo por detectar, desmantelar y detener al narcotráfico”, asevera. Un empleado portuario, un conductor federal, un agente fronterizo, un policía, un funcionario municipal, un piloto o azafata o un trabajador de una empresa logística puede facilitar el tráfico de drogas.

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Los cárteles están hoy tan organizados que han incorporado en sus cálculos la pérdida de una fracción de sus envíos, como reconoció el secretario de Estado, Marco Rubio, en 2025.

“La capacidad económica del narcotráfico debilita el valor de los decomisos aislados como indicador de éxito. Una incautación grande puede representar una ruptura importante o una pérdida prevista dentro de un volumen mayor que permanece oculto y que saldrá al mercado a recuperar lo perdido”, concluye Ortiz.

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