Terminó el Mundial. México quedó eliminado tras regalarnos un espacio de concurrencia que teníamos años sin ver —o sentir—. Y, a decir verdad, el paso de la Copa por América del Norte ha dejado una serie de lecciones que poco o nada tienen que ver con el deporte.

Primero, el poder de la camiseta. Sin duda la gran protagonista de la justa fue la afición. Desde el Azteca, el Tri de Aguirre volvió a unir a México. Un sentir que se impuso a estos tiempos de soledad y a las fracturas que la cacofonía oficial ha construido cada mañana desde hace ocho años. La identidad compartida alrededor del “¿Y si sí?” vino a recordarnos que México es mucho más que las obras incompletas, la pintura morada y el cempasúchil adelantado. Que la riqueza se basa en la diversidad, no en las divisiones. Que jugando en equipo podemos llegar más lejos. Que sí podemos volver a caminar todos juntos, es cuesión de querer hacerlo.

Luego, la asimetría en la relación de los three amigos. Desde el anuncio oficial, en 2018, mucho se especuló sobre la posibilidad de iniciar un nuevo capítulo para América del Norte. Uno en el que el deporte se presentaba como alternativa para enfrentar las andanadas que ya se lanzaban desde Washington contra el TLC y contra México. Hoy, habiendo concluido, conocemos el resultado. El Mundial hizo evidente esa asimetría, la ausencia de voluntades y el desperdicio de la coyuntura.

También, la posibilidad de romper con la política del absurdo. El fondo e incluso la forma del viaje a la final, a Nueva York, podrían representar el desprendimiento del aislamiento al que México está sometido desde el sexenio pasado. Las evidentes contradicciones emanan de la misma política. Las justificaciones sobran. Se hizo lo que se tenía que hacer desde el principio. Aunque quizá algo tarde. Los nuevos aranceles cayeron como resaca de la fiesta y, otra vez, sin aviso.

La Copa del Mundo se va. Se la ha llevado España. Deja huella. La unidad que el ritual colectivo volvió a invocar. El iliberalismo que recorre América del Norte. La incongruencia de hacer lo que debía de hacerse. La victoria del juego en equipo sobre el equipo que juega para uno. Y no. Nunca hemos hablado de fut.

@JosePabloVinasM

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