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Vivir hasta con zoológico en el patio

Inaugurada al sur de la ciudad en 1960 por Adolfo López Mateos, la Unidad Independencia representó la utópica idea de un hábitat urbano que engrandeciera a sus habitantes
Unidad Independencia a inicios de los años sesenta. Colección Villasana-Torres
02/03/2019
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Texto: Susana Colin Moya
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 

Al sur de la ciudad, en los límites de las delegaciones Magdalena Contreras y Álvaro Obregón, se encuentra la Unidad Independencia (UI), complejo habitacional construido a finales de la década de los 50 e inaugurado en 1960.

Pensada como una pequeña ciudad fuera de la urbe, la UI fue la materialización de la idea de progreso, bienestar y vivienda para trabajadores en la bonanza de mitad del siglo XX. Hoy en Mochilazo en el tiempo nos adentraremos en la historia de este proyecto arquitectónico.

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Un par de jóvenes en el juego de concreto llamado “trenecito”. La Unidad Independencia se extiende por 38 hectáreas. Foto: Susana Colin

El origen de la Unidad Independencia se remonta a una promesa de campaña que realizó Adolfo López Mateos a los trabajadores de las fábricas de hilados y papel de la zona: construirles vivienda. El sueño de una “vida más justa y una felicidad más cierta”, en palabras del mandatario, se alcanzó con esta obra cuya construcción estuvo a cargo del Instituto Mexicano del Seguro Social y su entonces dirigente: Benito Coquet, cuando esta institución, además de ofrecer salud, cumplía con otras funciones como centros vacacionales, parques recreativos y conjuntos habitacionales. 

La edificación comenzó en 1958 en los rumbos de San Jerónimo, entonces periferia de la ciudad. El proyecto fue dirigido por Alejandro Prieto en colaboración con los arquitectos  Pedro F. Miret  y José María Gutiérrez. “López Mateos llamó a un equipo de arquitectos jóvenes. Quería un proyecto nuevo, fresco, por eso no se comunicó con Pani”, cuenta Bertha Albarrán, vecina de la unidad desde hace 58 años. En dicho grupo de arquitectos se encontraba su padre, quien estudió en la Academia de San Carlos y participó en el diseño de Ciudad Universitaria.

El arquitecto José María Gutiérrez afirma en el documental “Ciudad Independencia” (2010) que el diseño de la unidad partió de las ideas de López Mateos y de Benito Coquet, quienes también retomaron modelos utópicos de Tomás Moro y del humanista Vasco de Quiroga: “una de las cuestiones importantes fue que no querían un conjunto de edificios, sino una unidad habitacional que fuera ejemplo de convivencia”, relata.

Con el antecedente de los multifamiliares Juárez, Miguel Alemán y las Unidades Santa Fe y Legaria, este proyecto se propuso conjuntar los servicios que conforman la “seguridad social”. No sólo era un conjunto habitacional, incluyó escuelas, espacios comerciales, un deportivo con alberca, teatro, clínica del IMSS, un zoológico, una sala de cine y muchos, muchísimos espacios verdes.

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Fotografía de la obra de esta unidad habitacional. Fototeca INAH.

Según datos publicados en este diario (1999), 67% de las 38 hectáreas que comprende la unidad son áreas verdes, 23% superficie construida y sólo 10% estacionamiento y calles. Construida en una loma, la unidad incluso era atravesada por un río, ahora seco. Los desniveles en el suelo fueron aprovechados en el proyecto arquitectónico para construir un singular paisaje urbano.

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Vista de la Unidad Independencia en los años 60. Se aprecian los desniveles y el paisaje urbano de aquellos años. Hoy los árboles lucen más crecidos. Colección Villasana-Torres.

La utopía ideada por López Mateos, Coquet y el equipo de arquitectos contemplaba la educación artística y cultural del pueblo como un elemento esencial, muestra de ello son los murales que adornan los edificios multifamiliares, autoría de Francisco Eppens Helguera. Fueron hechos con piedras de colores e ilustran imágenes prehispánicas.

Los pasillos de los tres barrios en que se divide la UI tienen nombres que refieren a la cultura mexicana: Batán Sur de canciones y danzas mexicanas (Huapango, Son, Jarana, Estrellita), Batán norte inspirados en el pasado prehispánico (Mayahuel, Chimalli, Zentzontle) y el barrio de San Ramón obras de la literatura mexicana (Periquillo, Sol de mayo).

La plaza cívica, corazón de la unidad y gran espacio de encuentro, detenta esculturas de Luis Ortiz Monasterio, piezas artísticas que materializan el nacionalismo difundido aquellos años desde el poder gubernamental.

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La Unidad Independencia reflejó aquello que se consideraba parte de la identidad nacional. Hemeroteca de EL UNIVERSAL.
 

La utopía moderna de México

La inauguración fue el 20 de septiembre de 1960 en el marco del 150° aniversario de la Independencia de México, de ahí el nombre de este complejo arquitectónico. Al evento asistió el presidente López Mateos, quien dijo a los periodistas que durante su gobierno habrían de construirse otras dos unidades habitacionales similares dando por resultado 15 mil casas habitación que permitirían albergar a 75 mil personas.

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Las dos mil 235 viviendas construidas correspondían a 3 diseños: edificios multifamiliares, casas unifamiliares y departamentos en torre. Primera plana del miércoles 21 de septiembre de 1960. Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

En su discurso, el director general del IMSS Benito Coquet, afirmó “La Unidad “Independencia” que hoy nace a la vida social y ciudadana, no es una utopía, sino una realidad que aspira a proporcionar a los trabajadores mexicanos algo—mucho más— que un techo para guarecerse”.

El gobierno de López Mateos se caracterizó, entre otras cosas, por la apertura de México al mundo, según la investigadora Sara Sefchovich: “se preocupó [López Mateos] por dar a conocer a México en el extranjero y sacarlo de la exclusiva órbita norteamericana”. Para ello, el presidente hizo varios viajes internacionales e invitó a gobernantes de otras nacionalidades.

¿Qué imagen del país convenía mostrarles a los mandatarios extranjeros? La del México moderno, post-revolucionario, próspero, en vías de alcanzar la anhelada justicia social y apegado a su historia, claro. Por esta razón, la Unidad Independencia fue parada obligada para ellos. John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos, Charles de Gaulle, primer mandatario de Francia y el Mariscal Tito de Yugoslavia son algunos ejemplos.

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Tras recorrer la Unidad Independencia en 1962, el entonces mandatario norteamericano John F. Kennedy quedó impresionado. Sin embargo, expresó su preocupación por el futuro del Seguro Social al hacerse cargo de familias numerosas (de 6 a 10 niños cada una). Según el arquitecto José María Gutiérrez,  Kennedy les recomendó: “Familias chicas para poder mantener la convivencia”. Foto: Robert Knudsen. White House Photographs.
 

 
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La plaza cívica es considerada por los vecinos como el corazón de la unidad. En esta imagen luce de fiesta por la visita del mandatario francés Chareles de Gaulle en 1963. Un elemento recurrente en este tipo de eventos eran las presentaciones de danzas regionales. Foto: Archivo de EL UNIVERSAL.  

“Vivíamos en el paraíso” dice Bertha Albarrán con un dejo de nostalgia en los ojos. Junto con su esposo, Francisco Aldana, quien también creció en este sitio durante los años 60, rememora sus primeros años en la unidad. Su rutina se conformaba en ir a la escuela, volver a casa a comer, salir al deportivo, nadar, asolearse y jugar en las áreas verdes, extensión de los pequeños departamentos (pero no tan pequeños como los que se construyen ahora) que habitaban.

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Unos niños se divierten en “El Pescadito” del área de juegos de la Unidad Habitacional Independencia en 1963. Atrás de los niños se aprecian los famosos murales de Francisco Eppens. Foto: Revista Arquitectos de México.

Las mujeres y los niños tomaban clases de cocina, teatro, costura, cultura de belleza y otros en la “Casa de la asegurada”, asistían a sus citas médicas en la clínica de la unidad y compraban la despensa en los negocios del lugar. Lo único que le faltaba a la unidad era la iglesia, la cual fue construida en años posteriores por los propios habitantes siguiendo el estilo arquitectónico de la unidad.  

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La alberca del Centro Deportivo Independencia en 1962. En este lugar entrenó el medallista olímpico Felipe “el Tibio” Muñoz. Una de las versiones del porqué de su apodo dice que un día el agua de esta alberca estaba muy fría y al día siguiente muy caliente, por lo que el joven preguntó si no podía estar “tibiecita”. En burla sus compañeros comenzaron a llamarlo el Tibio.  Foto: Colección Villasana-Torres.

Esta cómoda forma de vida no requería grandes cantidades de dinero, de hecho, se planeó para que trabajadores que ganaran desde 3 salarios mínimos pudieran adquirir una vivienda. El Seguro Social fungía como arrendatario de las viviendas y como administrador: se hacía cargo de la limpieza, la jardinería, el pago de la luz, y otros.

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Escena de la vida cotidiana en la UI recién inaugurada. El ladrillo de barro cocido con el que se edificó la unidad, en palabras del arquitecto José María Gutiérrez “es un material más humano y no requiere mantenimiento”.  Foto: Life Magazine.

El 67% del espacio que conforma la Unidad Independencia son jardines y áreas verdes, lugares de encuentro entre los vecinos: “Había gente de diferentes orígenes, había aquí una mezcla de familias y amistades que obviaban las clases sociales. Estábamos todos mezclados, la unidad estaba diseñada para eso” cuenta Francisco.

Y no sólo eso, en la unidad  también confluían habitantes de los alrededores quienes asistían a las escuelas del lugar o iban a divertirse en sus espacios públicos, cine y teatro. Así lo relata Alejandra Mariscal, quien creció en la UI durante los años 90:

“Todos los niñitos iban a jugar, iban a pasar al súper, aunque no fueran a la unidad. Una característica de la unidad es que no estaba cerrada, que es lo que pasa ahora. Era un espacio completamente abierto. No había plumas, podías llegar y estacionarte. Como que había un control de los vecinos, de que esto es mío y nadie se metía con nada.”

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Niñas brincando la reata en los espacios comunes de la UI. Cortesía: La Vida en la Unidad Independencia.

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 Durante sus primeros años, la  UI tuvo un zoológico con venados, changos y aves como loros, pericos, tucanes, cacatúas, patos, águilas y palomas. Cortesía: La Vida en la Unidad Independencia.

La propia disposición de la unidad, una especie de ciudad aparte, contenedora de todos los servicios necesarios para vivir, provocó un efecto como de congelamiento en el tiempo. Es muy interesante identificar que los recuerdos de infancia de Bertha y de Alejandra, a pesar de una diferencia de 30 años, son muy similares.

Los vecinos todavía recuerdan haberse encontrado a Adolfo López Mateos caminando por los pasillos de la unidad. Él decidió no vivir en los Pinos y continuar residiendo en San Jerónimo, cerca de la UI.  De hecho, tras divorciarse de su primera esposa Eva Sámano, se casó con la maestra Angelina Gutiérrez Sadurní quien dirigía uno de los kínder de la UI y vivía en la cerrada de la Providencia, a un costado de la unidad.

De entre las versiones de cómo se conocieron, Sara Sefchovich en “La suerte de la consorte” refiere la siguiente:

“cuando el presidente fue de visita [a la UI] se le encargó [a Angelina] entregarle un ramo de flores como bienvenida, lo que ella aprovechó para decirle todo lo que faltaba y estaba mal. A él le encantó que la joven tuviera tantos pantalones y así es como se conocieron”.

Sin embargo, a partir de diversos factores, el funcionamiento de la unidad cambió. Los más importantes fueron dos: el retiro del IMSS como arrendatario y administrador de la UI y el crecimiento de la Ciudad de México.  

En 1982, el gobierno de López Portillo decretó que el IMSS no podía más ser propietario de unidades habitacionales, por lo cual los departamentos y casas comenzaron a venderse a sus inquilinos. Ese mismo año se creó, a través del IMSS,  un Fideicomiso encargado del mantenimiento (alumbrado, limpieza y jardinería) de la unidad que finalmente se retiró en el 2002.

¿Cómo hacerse cargo de un proyecto que fue diseñado para ser mantenido por el propio gobierno? Homero Bazán, reportero de este diario, en 1999 señaló la inminente problemática que enfrentaría la UI:

“Cada mes, tan solo por el mantenimiento de sus gigantescas áreas comunes, los condóminos deberían pagar cuotas de entre 300 y 500 pesos. El problema radica en que 70% de los 12 mil vecinos está conformado por pensionados y jubilados cuyos ingresos mensuales fluctúan entre 600 y mil pesos”.

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Plana del 31 de octubre de 1999. Dolores Zamora, mujer pensionada de 82 años comentó para este diario: "A pesar de sus 39 años es una unidad muy conservada, aun con los problemas estamos muy orgullosos de vivir aquí". Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

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A partir del retiro del Fideicomiso “hace unos meses las áreas comunes se vieron invadidas de basura, los jardines se secaron y los robos a casas-habitación aumentaron” reportaron las páginas de este diario en el 2002. Fotos: EL UNIVERSAL.

Otro gran factor que contribuyó al demérito de la UI fue el propio crecimiento de la urbe. Si bien al inicio se trataba de un conjunto separado de la Ciudad de México, con el paso del tiempo y el acelerado proceso de urbanización, la unidad acabó en medio de una zona donde confluyen importantes vías urbanas como la avenida San Jerónimo o el Periférico Sur. Alejandra platicó para este diario el impacto que causó en ella la construcción del segundo piso en esta última vialidad:

“Yo creo que duré desde los 5 a los 8 años escuchando máquinas todas las noches. Hacer la excavación para meter la cimentación, colocar las columnas, meter las ballenas, pavimentar, iluminar… todo ese proceso yo creo que fueron unos 5 años y fue durísimo porque imagínate, yo salía de la primaria, iba a mi casa, salíamos a jugar y escuchábamos a los albañiles cómo nos gritaban desde el segundo piso. Para mí fue el momento en el que la unidad se tuvo que encerrar: empezó a haber mucha inseguridad. Tenías que protegerte. Se robaban los carros, era normal que abrieran las casas, se robaban a los perros, a los niños”.

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Comparativas de la Glorieta de San Jerónimo y periférico Sur en los años 70 y 2005, cuando se inauguró el segundo piso. Foto antigua: Colección Villasana Torres. Foto reciente: EL UNIVERSAL.
 

Mantener la utopía en el siglo XXI

“Eso es muy fuerte, además está muy vivo. La unidad está muy bonita, la unidad se deja vivir… todo el tiempo nos está contando una historia, a los que la queremos oír […] No es posible que a la gente se le olviden tantas cosas” dice Bertha, convencida de que la memoria y el aprecio por el lugar donde se vive son necesarios para preservarlo en buenas condiciones.

Lejos estamos de los tiempos del Estado benefactor-paternalista y de las instituciones gubernamentales fuertes. El siglo XXI y la individualización que éste promueve se manifiestan en el espacio pensado como utopía realizada hace apenas 58 años.

La organización vecinal para el mantenimiento de la UI ha sido difícil, llena de luchas políticas, desacuerdos e indiferencia por parte de algunos habitantes, relata Francisco, quien, junto con su esposa, han emprendido diversos proyectos en pro de la unidad.

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Bertha y Francisco, habitantes y defensores de la Unidad Independencia. Foto: Susana Colin

Uno de ellos es la rehabilitación de espacios comunes deteriorados con el pasar del tiempo, siempre respetando los diseños y materiales originales, cosa que pocos vecinos hacen porque es más costoso, “muchas adecuaciones se han tenido que hacer y es parte de la experiencia de vida, tú entiendes que la población va creciendo y va siendo mayor, tiene necesidades diferentes, como las escaleras, a la gente mayor les cuesta mucho subirlas”, comenta Bertha, apasionada.

Uno de los sueños de ambos es que la UI sea declarada patrimonio cultural, pues consideran que de esa forma sería más fácil conseguir recursos económicos para su remodelación, además se establecerían reglas de qué sí se puede y qué no se puede modificar.

La investigadora y gestora cultural Cecilia Barraza, en entrevista para este diario, señala la tensión que viven los espacios considerados patrimonio cultural del siglo XX: van cambiando de acuerdo a la dinámica natural de sus habitantes y al mismo tiempo existe un interés por detenerlos en el tiempo para que permanezcan como muestra de un espacio artísticamente valioso.

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Lo trabajadores que llegaron a habitar esta unidad en 1960 ahora son pensionados. Foto: Archivo de EL UNIVERSAL.

La Unidad Independencia fue construida con la idea de que fuera el Estado quien se responsabilizara de su mantenimiento, lo cual resulta imposible en el contexto neoliberal actual. Ni el IMSS ni la delegación se hacen cargo a cabalidad de la unidad y son los vecinos quienes buscan apoyos y recursos de donde pueden para conservarla en buen estado.

¿Cómo se imaginan la Unidad Independencia en 20 años? “A lo que vamos, tristemente peor”, comenta Francisco. Por su parte, Alejandra piensa que será muy difícil recuperar la unidad. Ambos tienen grabada en su memoria la imagen de una utopía casi alcanzada durante acaso 30 años. ¿Volverán aquellos años?
“Sin embargo es de piedra, aquí va a estar [la UI]… a menos que llegue un gran terremoto y la barra” comenta Bertha entre risas.

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La UI se caracteriza por sus áreas verdes. Parte del terreno elegido perteneció al florista japonés, refugiado de la Segunda Guerra Mundial, Matzumoto, quien en agradecimiento con el Gobierno mexicano, lo donó para dicha construcción. Foto: Susana Colin.

Fuentes:
Entrevistas con Bertha Albarrán, Francisco Aldana, Alejandra Mariscal y Cecilia Barraza
Hemeroteca de EL UNIVERSAL
La suerte de la consorte de Sara Sefchovich
La Unidad Habitacional Independencia. De la Administración Pública Descentralizada a la Municipalización de sus Servicios. Historia y Perspectivas (Tesis UNAM) de Alejandro Pérez Romero.
Documental "Ciudad Independencia", organizado por Francisco Aldana y Bertha Albarrán, dispoible: https://vimeo.com/channels/ciudadilusoria/43597406
 

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