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Cuando no había Internet para hacer la tarea

Hoy, niños y jóvenes recurren al internet para cumplir tareas escolares. Antes del ciberespacio generaciones de estudiantes acudían a las bibliotecas como única forma de consultar libros o enciclopedias y realizar sus investigaciones
Estudiantes en la biblioteca
22/02/2019
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Texto: Brenda Carreño y Vanessa Conde
Foto actual: Mariana Nagore/Cortesía
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 

Realizar tareas es parte de la vida cotidiana como estudiantes. Investigar en enciclopedias, atlas, libros especializados, indagar biografías de personajes, hacer resúmenes o la preparación de algún tema o trabajo para exponer en equipo era la clásica forma de hacer los trabajos escolares.

Podrán cambiar las generaciones, los planes de estudio y las maneras de enseñar, pero el hecho se repite, todos hicimos y hacemos tarea. Quizá la mayor diferencia está en los métodos. Hoy, niños y jóvenes se ven envueltos en la era de la innovación tecnológica que permite el libre y rápido acceso a la información, pero ¿cómo se realizaba la tarea antes de que surgiera el internet?

Varias generaciones de estudiantes acudían a las bibliotecas, como única forma de poder consultar libros o enciclopedias para cumplir con las tareas de investigación que dejaban los maestros.

En México, las bibliotecas públicas tal como las conocemos ahora surgieron en junio de 1921 con José Vasconcelos, entonces rector de la UNAM y luego secretario de Educación Pública. El hombre de los libros,- como lo llamó Linda Sametz de Warlestein, en su libro Vasconcelos, el hombre del libro; la época de oro de las bibliotecas creó un sistema, un nuevo movimiento de bibliotecas con la finalidad de nutrir de cultura y educación a todos los mexicanos a través de los libros.

Con la colaboración de Jaime Torres Bodet, Vasconcelos definió la “biblioteca como servidora del pueblo, colaboradora indispensable de la escuela, continuadora de su obra o sustituta de ella en algunos casos”, afirmó María Teresa Chávez Campomanes, pionera de la Biblioteconomía en México.

Desde entonces, escuela y biblioteca se convirtieron en las compañeras para la formación educativa de las personas, los estudiantes se veían en la necesidad de acudir a un espacio que les brindara la facilidad de acceder a la información sobre Ciencias Naturales, Matemáticas, Historia, Español, Literatura, Física, Química, Anatomía, entre otras ramas y distintas materias.
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La Biblioteca Nacional en 1982. Foto: Especial. 

“Las bibliotecas tenían muchísimo auge, recuerdo que era como un restaurante porque las mesas estaban ocupadas y había quienes hacían fila para entrar, si se desocupaban cinco lugares entraban cinco personas más”, nos dice en entrevista María Concepción Hernández, quien es bibliotecaria desde hace 25 años y actualmente labora en la Biblioteca José Manuel Othón, de la colonia San Miguel Chapultepec, en la delegación Miguel Hidalgo.

Las bibliotecas son un lugar de respuestas, donde se pueden realizar grandes descubrimientos, entrar en contacto con otros mundos a través del papel, caminar entre los estantes como un viajero perdido en búsqueda de un destino.
 
“Las bibliotecas se deben aprovechar como un santuario del saber, del conocimiento y de la diversión. Aquí podemos hacer de todo”, comenta Enrique González Núñez, licenciado en biblioteconomía y también trabajador de la Biblioteca Othón. Menciona que en esta biblioteca “antes había actividades culturales como música, teatro, danza. En la actualidad no hay presupuesto de las dependencias gubernamentales, por ello nos encargamos de organizarlas con las herramientas o personas que tenemos”.

Antes los maestros también fomentaban las visitas a estos espacios de lectura e investigación. EL UNIVERSAL conversó con personas adultas, de entre 30 y 40 años, estudiantes hace dos décadas aproximadamente, y una persona mayor de 60 años, quienes vivieron esta manera de aprender:

“Antes no había internet, lo hacíamos con biografías, monografías, investigaciones en enciclopedias, no había el modo de información como la hay ahora, teníamos que ir a las bibliotecas para poder investigar”, recuerda la Sra. Imelda Vega.
 
"Los niños estudiaban mucho antes y el maestro te obligaba a hacer la tarea, tenías que ir a la biblioteca, encontrar el libro de la materia, copiar lo que necesitabas en tu cuaderno y pedir el sello para que demostraras que fuiste", comenta el Sr. Clímaco Avendaño, quien no dice hace cuánto iba a la escuela "porque ya llovió".

“Investigábamos en los libros, buscábamos por título o tema, escribíamos a mano o con máquina (de escribir)”, afirma Lucía Ramírez. “Cuando se acercaban el 20 de noviembre o el 16 de septiembre se veía a todos los niños buscar libros de historia para investigar el tema y copiarlo en el cuaderno, claro que algunos usaban la monografía, es curioso ver que aún existe este material”, asegura Francisco Salvador.
 
En algunas personas aún permanece esta costumbre de ir a la biblioteca por iniciativa propia como es el caso de un usuario de la biblioteca Lerdo de Tejada, quien nos narró que “cuando era estudiante, en los años 60 aproximadamente, iba a la biblioteca de la universidad…, pero debido a la cercanía de esta biblioteca con mi trabajo, vengo todos los días desde hace 25 años. En la biblioteca Lerdo de Tejada todo es viejo, hasta yo; es parte de mi rutina mantenerme informado y estar aquí durante una hora y media”, dice.

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Hay usuarios que todos los días asisten a la biblioteca para mantenerse informados, es parte de su rutina. Crédito: Mariana Rojas/Cortesía. 
 
En estos recintos existe una persona que se encarga de ordenar, guardar, buscar y distribuir información en el formato impreso: el bibliotecario, “quien te auxilia en tus tareas, aquella persona que por sus manos pasan todos los libros de la biblioteca”, afirma en entrevista el licenciado Francisco Salvador Nava, egresado de la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía (ENBA) y actualmente Subdirector de bibliotecarios en la Biblioteca Vasconcelos, él ha trabajado en este lugar desde su inauguración hace 13 años.

“El bibliotecario te enseña a comprender el sistema de búsqueda y a convertirte en un usuario autónomo, aunque algunos dependen de nuestro consejo para hallar el libro que necesitan”, explica.

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La máxima de los bibliotecarios en la actualidad es “Google te puede dar quince mil respuestas a tu pregunta en segundos, un bibliotecario te dará la respuesta exacta a lo que buscas”, comenta Francisco.

Asistir a la biblioteca también implicaba entrar en contacto de manera manual con los grandes ficheros que contenían fichas bibliográficas con autor, título o tema en orden alfabético. Francisco Salvador Nava creció e inició su carrera profesional en la biblioteca delegacional de Azcapotzalco "José María Morelos y Pavón", él recuerda cómo funcionaban los ficheros:

“Si alguien no sabía el título del libro que quería, era necesario ir a buscar en las fichas por autor, pero si no lo encontrabas te ibas a las de tema, la consulta era un poco compleja y los ficheros difíciles de actualizar, la cantidad de fichas era tremenda, por cada registro podía haber hasta cinco fichas, por cada edición había que hacer una nueva, imaginemos lo que implicaba eso en papel y en producción, a veces se daba el caso y ¡se robaban las fichas!

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La consulta de ficheros era una de las principales experiencias al acudir a una biblioteca, aunque fuera complejo era la forma más confiable de encontrar un libro. En la imagen se observa un fichero que aún se conserva en la fototeca de EL UNIVERSAL. Crédito: Mario Caballero/EL UNIVERSAL.

En la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, inaugurada en 1928 y que hoy depende de la Secretaría de Hacienda, los ficheros antes eran de “luz”, “apretabas un botón donde elegías la letra y giraba, como una rockola, eran del año del caldo”, conforme pasó el tiempo se encontraron otras formas de guardar los ficheros “le llamábamos refrigeradores a donde guardábamos las fichas, ahora todo eso lo tenemos en bodegas como respaldo”, nos cuenta Emilio García Teja, quien tiene 20 años como bibliotecario.

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Emilio García lleva 20 años de ser bibliotecario e invita a los estudiantes a también aprender directamente de los libros como era antes. Crédito: Mariana Rojas/Cortesía.

Emilio, quien era veterinario y decidió convertirse en bibliotecario por vocación, dice que las computadoras y el internet se “comieron” a los ficheros, “cuando se creó el catálogo electrónico tuvimos que checar las fichas con los libros, ver que los tuviéramos y empezar a vaciar la información”.

Para él esta innovación facilita la búsqueda, pero al mismo tiempo la complica, pues un error de dedo a la hora de vaciar los datos impide al usuario encontrar lo que está buscando y así no se le pueda ofrecer el servicio como debe de ser, “es un buen adelanto pero hay que tenerlo bien catalogado”.
 

Los “Faros del Saber”

En el año 2001 destaca el innovador proyecto de los “Faros del Saber”, bibliotecas interactivas enfocadas a la ciencia y la tecnología con un acervo bibliográfico de miles de ejemplares, además de computadoras con internet, donde niños y jóvenes pueden aprender jugando.

De acuerdo con Alejandra Mayorga, entonces reportera de este diario, en la hoy alcaldía Miguel Hidalgo se instaló el primer Faro del Saber. El entonces Director de Desarrollo Social y Servicios Educativos de dicha alcaldía, Jorge Triana Tena, explicó que en estos espacios se enseñaría a utilizar una computadora, desde cómo encenderla y apagarla hasta cómo entrar a internet, también se darían cursos de iniciación a la robótica.

A las dos semanas de su inauguración, el primer Faro del Saber ya contaba con 450 personas en lista de espera para ingresar a los cursos de computación, la prioridad eran los niños, ellos sólo pagaban 48 pesos, si eran habitantes de las colonias aledañas, y 164 pesos para el resto de la población. Los usuarios tenían derecho a 50 horas a la semana o al mes según administran sus visitas para el uso de los equipos.

Posteriormente, se construyeron distintos establecimientos similares con clases especiales para estimular la creatividad de los “niños genios”, libros de préstamo a domicilio, sala de lectura y biblioteca infantil conformada por cuentos, juegos, y computadoras únicamente para los menores, un laboratorio tecnológico, un videoclub, hemeroteca y una sala de espera con internet para los padres que acompañaban a sus hijos.

Hoy en día estos lugares siguen operando en distintos puntos de la ciudad, se convirtieron en un espacio de convivencia pública dedicados a la educación y la cultura, además de contar con asesorías en las tareas para niños de primaria, secundaria y preparatoria, ofrecen cursos de idiomas, de instrumentos musicales, danza, karate, actividades diversas y hasta de ecología.
 

Las tareas hoy

Sea con una ficha bibliográfica de cartón o un catálogo digitalizado, la manera de hacer la tarea se ha visto influida por la tecnología. “Las generaciones anteriores aún tienen la noción de poder investigar, ahora los chicos quieren que todo sea rápido”, nos dice el bibliotecario Francisco Martínez, quien labora en la Biblioteca de México desde hace 27 años.
   
Francisco Martínez recuerda que llegaron a entrar a la biblioteca más de 300 usuarios en un día, “Aunque ha bajado la población, todavía vienen a hacer tarea estudiantes de todas las edades”.

Gracias al avance tecnológico hacer la tarea ahora sólo significa copy-paste, buscar en páginas como Wikipedia, sin consultar otra fuente o cerciorarse de que la información sea verdadera, se deja a un lado la manera más fiel de saber sobre un tema: leer e investigar.

El internet trajo rapidez y facilidad a la hora de buscar información e hizo para algunos tardado y aburrido ir a una biblioteca a consultar un libro, “yo veo al internet como una ventaja, una herramienta muy útil, pero no se le ha dado el enfoque real para que lo aprovechen como se debe y no se dejen de utilizar herramientas como el libro impreso” dice Francisco. 

En la actualidad, el internet es el primer medio al que acuden la mayoría de los estudiantes, ahora los niños manejan tabletas electrónicas y celulares inteligentes con los que ya es posible buscar por comando de voz lo que se requiere.
 
“Me gusta el internet porque es divertido”, dice Luis Felipe de ocho años, “en la escuela todo te lo piden en dispositivos USB, haces exposiciones por medio de la computadora, ya no utilizas los rotafolios”, comenta Jimena de 18 años. ”Ahora todo es por internet, a veces nos dejan ir a las bibliotecas, pero ahora son digitales”, complementa Abigail de 17 años. 

Algunos afirman que han logrado combinar ambas herramientas, pues consideran que con el internet y los libros se realiza mejor la tarea “yo siento que en los libros viene mejor explicado, pero también sé usar el internet”, nos platica Dulce Abril de 10 años. “Para hacer tareas como las maquetas, busco en internet para darme una idea. Me gusta usar el internet y también conozco la biblioteca”, dice Joshua de 11 años.

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Aún encontramos jóvenes y niños que recurren a los libros como principal fuente de información. Biblioteca Lerdo de Tejada. Crédito: Mariana Rojas/Cortesía.

Los bibliotecarios entrevistados concluyen que no hay mejor ni peor herramienta para investigar y realizar las tareas, el pasado de los libros y el presente del internet pueden complementarse para que los estudiantes aprendan mejor.
 

Una historia...

En la colonia Clara Córdova ubicada en el municipio de Nicolás Romero, Estado de México, se encuentra la biblioteca pública “Profesor Aquiles Córdova Morán”. Fue creada en el 2005 a petición de los habitantes de la comunidad, al principio y durante seis años tuvo una sala de cómputo con 13 equipos, pero el municipio los retiró para la creación de una biblioteca digital unas cuadras más arriba. Desde entonces el flujo de visitantes se redujo al mínimo. En sus registros se pueden ver entre 8 y 10 personas que van a diario, son niños de preescolar, primaria, pocos de secundaria y uno de preparatoria.

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Esta biblioteca cuenta con un sistema de consulta directa, está clasificada por secciones como Psicología, Religión, Física, Ciencias Naturales, tiene una sala infantil y un espacio con sillones para sentarse a leer. Foto: Brenda Carreño
 
Clímaco Avendaño Eloy es el bibliotecario y también conserje y vigilante de esta biblioteca. Él menciona que los “chavos” ya casi no asisten y sólo van a la computadora, pues hacer la tarea con internet es “papita”: “Ahora los chicos van a la computadora, atacan las teclas y ya salió, les preguntas -¿Cómo lo hiciste?- y responden: Quién sabe, les preguntas -¿Este qué libro es?- y dicen: Quién sabe”.

Entre risas y un poco de desilusión, Clímaco nos cuenta que a veces los niños menores de 12 años van a la biblioteca sólo porque en la escuela les dejan de tarea tramitar su credencial y saber cuáles son los servicios que ahí se ofrecen, les piden como evidencia el sello o una fotografía.

“Yo les digo a los chavos: los maestros piden la credencial con tal de que ustedes vengan a la biblioteca a estudiar ", después de esto a veces regresan y otras ya no se les vuelve a ver. Clímaco concluye que no tiene caso sacar una credencial de usuario si después ya no vas a asistir, considera que el “chiste” de tenerla es venir por lo menos una vez por semana “para leer y aprender mejor”.

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Clímaco tiene la esperanza de que cuando los niños de su comunidad vean la fotografía de él y la biblioteca, asistan más seguido y lleguen nuevos a leer el material que ahí se encuentra.

Nuestra foto principal ilustra la biblioteca de la Escuela Técnica Industrial "Rafael Dondé" durante el inicio del el año escolar 1968-1969, pertenece al archivo de este periódico.

Fuentes:  
Entrevistas a: 
Francisco Salvador Nava, subdirector de bibliotecarios en la Biblioteca Vasconcelos
Emilio García Teja, biblioteca Miguel Lerdo de Tejada
María Concepción Hernández, Biblioteca José Manuel Othón  
Enrique González Núñez, licenciado en biblioteconomía y también trabajador de la Biblioteca Othón  
Clímaco Avendaño Eloy, biblioteca pública “Profesor Aquiles Córdova Morán”

 

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