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Cuando en las cantinas no entraban mujeres

En 1981 se levantó la prohibición de que las mujeres en la capital entraran a estos sitios que, por siglos, fueron exclusivos de hombres. Aquí las reacciones del primer día
Una mujer en la cantina, 1981
29/06/2019
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Texto: Aída Castro
Fotos actuales: Nayeli Reyes
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

"¡Hay puros hombres, pero entro!", dijo la primera mujer que osó pisar el interior de Salón Palacio, hace 30 años cuando se modificó la ley que no le permitía beber en una cantina. Los gritos de los bebedores no se hicieron esperar: "¡Pásale mamacita, no te detengas!", "Esta es tu casa ¿Qué te tomas?". Los ojos masculinos se posaron en su anatomía.

Las conversaciones se cortaron de tajo y la mula de seis detuvo su caída. Su presencia provocó emociones contradictorias: sorpresa, burla, enojo, calma y hasta agresión.

La dama, temerosa, se sobrepuso al ambiente y caminó hacia la barra donde había varios bancos altos para degustar una botana y una bebida. Pidió al cantinero una cerveza en tarro y los tradicionales caracoles en adobo. Ellos prosiguieron su juego.

La polémica por su presencia se entabló entre los visitantes. Algunos comentaron que sería muy desagradable ver a una mujer en estado inconveniente, después de beber unos cuantos tequilas.

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En la década de los años 80 se permitió la entrada a las mujeres a las cantinas “y ahora no hay quien las saque”, escribió Francisco Ibarlucea en su texto: “20 años de recorridos catineros”.

Otro dijo que con la presencia de las mujeres en estos espacios las relaciones humanas mejorarían porque “ellas ponen la armonía y nosotros nos veremos obligados a comportarnos como caballeros”.  

El cantinero a su vez comentó: “esto se llama libertad porque en otros países hace mucho tiempo que se permite la entrada de las mujeres en estos lugares”.
Al calor de las copas, los argumentos a favor y en contra de la presencia femenina subieron de tono y en ese momento de intensidad se escucha un “shhhhhh” que calmó los ánimos.

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Las cantinas como lugares de esparcimiento y recreación fueron un espacio vetado a las mujeres por los prejuicios y el machismo en la sociedad.

Al interior un hombre llevaba una caja parecida a una batería de auto y anunciaba: “toques, toques”. El macho surgió, se animó y se levantó de la mesa para soportar el dolor de las descargas que salían del aparato.

También entró el vendedor de la suerte, el que traía los millones, el billete premiado. Se le escuchó decir: “Traigo el bueno. Cómpremelo patrón, que ora si se la saca”.

Los comerciantes no daban crédito a lo que veían: una mujer que desde ese momento sería también su cliente. Así lo describe la crónica que este diario publicó el 28 de febrero de 1981,  año en que se levantó la prohibición para que las mujeres entraran a una cantina.

Por décadas estuvimos vetadas de los expendios de bebidas alcohólicas. Un letrero afuera de estos sitios lo dejaba en claro: “Se prohíbe la entrada a mujeres, uniformados, vendedores ambulantes y menores de edad”.

Durante la regencia de Carlos Hank González en la Ciudad de México (1976-1982) se modificó el reglamento que regulaba estos lugares, donde se reproducen modelos de masculinidad como el beber, la agresividad física y verbal, afirma Diego Pulido Esteva en su libro ¡A su salud! Sociabilidades, libaciones y prácticas populares en la ciudad de México a principios del siglo XX.

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En las primeras décadas del Siglo XX una mujer no podía trabajar de mesera al interior de una cantina, si era vista en esta actividad los gendarmes la sacaban.

La presencia de mujeres estos recintos era impensable porque ni sanitarios había para ellas. El señor Francisco Rosas señala: “hace años los baños sólo eran para hombres, en muchas cantinas se tuvo que improvisar un baño para ellas o los cantineros cedían su sanitario privado”. Hoy ya existen para ambos sexos.

El artículo 57 de la Ley de Establecimientos Mercantiles del DF indica: “Las áreas de vestidores para el servicio de baño colectivo deberán estar por separado para hombres y mujeres y atendidos por empleados del mismo sexo”.

El fin de la prohibición no agradó a todos como al artista Alberto Ángel “El Cuervo”, quien hizo público su descontento en su texto: La cantina ha muerto…la mujer la mató.

“La mujer jamás pudo saber lo que la cantina era porque una condición sine qua non, era la cantina como un sitio donde los hombres daban o dábamos rienda suelta a toda emoción, sin limitante alguna que implicara reglas sociales para no ofender la delicadeza de la mujer”, expresó “El Cuervo”.

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Hace tres décadas los cantineros y visitantes se sorprendían con la presencia de las mujeres en estos “templos de la salud".

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Hoy las mujeres participan en el recorrido etílico que ofrecen estos espacios de convivencia.
 

De las vinaterías a las cantinas

El origen de los bares o cantinas en México al estilo estadounidense proceden del Porfiriato, antes sólo había vinaterías originarias de la Colonia, de acuerdo con el libro Cocina mexicana o Historia Gastronómica de la Ciudad de México, escrito por Salvador Novo.

“Las vinaterías estaban sucias, llenas de mesillas quemadas con cigarrillos, taburetes duros, bebidas servidas en vasos toscos, suelos llenos de colillas de cigarros, litografías decoloradas, con exhalaciones fétidas de la letrina y atendidas por un “un grosero y rudo español”, describe el cronista.

En estos despachos de bebidas había “altos mostradores, una imprescindible barra de metal pulido a su pie, mesillas de cubierta de mármol, sillas de bejuco, camareros que atendían a la clientela con largos mandiles blancos, albeantes de limpieza. Todo estaba lleno de aseo y de esmero”.

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El 28 de febrero de 1981 las reporteras Berta Fernández y Rebeca Lizárraga publicaron una crónica retratando el ambiente que se vivió en el Salón Palacio, cuando las mujeres entraron a beber.
 

Las leyes y ordenanzas

De acuerdo con el Reglamento de expendios de bebidas alcohólicas el trabajo femenino en dichos establecimientos estaba prohibido en los años veinte, cuando las buenas costumbres y la moral en turno regían el criterio para que las mujeres no entraran a “los templos sagrados del alcohol y la masculinidad”, de acuerdo con las notas publicadas en EL UNIVERSAL y la investigación de Diego Pulido.

“Por principios de moralidad y para dar cumplimiento al Reglamento de Cantinas y Reposterías en vigor, por acuerdo del Gobierno del Distrito Federal el inspector de policía recorrió las calles de la ciudad hasta las más apartadas barriadas para impedir que se encontraran mujeres sirviendo de meseras en dichos establecimientos”, decía una nota del 17 de junio de 1919.

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En la imagen una nota publicada en EL UNIVERSAL del 17 de junio de 1919, la cual exhibe la prohibición para que las mujeres no trabajaran al interior de los despachos de bebidas alcohólicas.

“A pesar de estas restricciones las mujeres permanecían sin ningún reparo en el expendio desacatando al encargado, a los inspectores y gendarmes. Con el auxilio de la policía eran sacadas del lugar”, dice en su investigación Pulido Esteva.

En las reformas que aparecieron posteriormente a dicho reglamento las mujeres sólo podían comprar para consumir las bebidas embriagantes en la intimidad de su hogar.
 

Las mujeres en las cantinas

En la década de los años treinta varias mujeres fueron entrevistadas por Cube Bonifant para conocer su opinión acerca de la presencia femenina en espacios etílicos.

Para la señorita Luz María González C. no debían tolerarse porque sólo eran “un factor para la prostitución de la mujer”. La periodista Rasa Seldi consideró: “desde que las mujeres empezaron a adquirir los vicios de los hombres y a invadir sus actividades o por querer ser más, ascienden a demonios”. Esperanza Quezada afirmó que éstas “eran la peor de las imitaciones”.

Actualmente entrevistamos a varias mujeres para conocer cuál fue su experiencia al entrar por primera vez a dichos lugares. Algunas fueron llevadas por un familiar como en el caso de la arquitecta Bárbara Rosas y señala: “yo fui a los 20 años, me llevó mi papá allá por los años ochenta y la sensación que sentí fueron las miradas de los caballeros”.

Daniela Serrano expresa: “a los 18 años entré para conocer el ambiente, fui a un cumpleaños de un familiar, hace como unos cinco años”.  Las experiencias son variadas como el caso de Violeta Martínez quien dijo: “creo que como a los 20 años pisé una, me gustó, estaba tranqui, fue en Coyoacán, fui a beber una cerveza con mis amigos”.

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Viernes es el día que más presencia de mujeres hay en estos espacios. “Como un 40 por ciento son mujeres las que visitan la cantina por el ambiente, aquí se siente cómodas porque es un centro de convivencia”, dice en entrevista Martín Ascencio, propietario de la cantina Salón España.

Para todas no fue tan agradable visitar estos lugares tal y como lo cuenta Laura Ramírez: “a los 23 años me llevó una amiga a una de mala muerte allá por el rumbo de Garibaldi. Sentí un poco de miedo, fue una experiencia horrible porque había un travesti y tenía las piernas abiertas y se le veía todo”.

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En estos espacios de recreación y convivencia aún prevalecen los señores de los toques, aquellos que como Alfredo Ramírez (en la imagen) cargan una cajita con una batería, una bobina y un transformador, que producen descargas de 0 a 240 voltios y “que sirve como terapia para los nervios, dice en entrevista. Foto: Brenda Martínez.

“A los 15 o 16 años fue la primera vez que entré, mi mamá me llevó para que las conociera. Fui a una de tradición y otra de las feas, donde hay tipas de compañía para que las conociera y no me contaran”, dice la abogada Alejandra Martínez.

“En los noventa fui a una cantina de hombres, con unos amigos y no querían atenderme y después nos atendieron más a fuerza que de ganas y si fue incómodo”, comparte Karina Rodríguez.

En el siglo pasado era impensable que las mujeres trabajaran de meseras o bebieran en una cantina, las leyes, la moral en turno, el machismo y los prejuicios no lo permitían.

En la actualidad la lucha contra la desigualdad de género en el ámbito público y privado sigue latente. Sin embargo, poder frecuentar estos espacios, antes prohibidos para las mujeres, es el pretexto perfecto para ir a tomar unos tragos, platicar a gusto con una botana, convivir con las amigas, la pareja o la familia y disfrutar sus especialidades culinarias.

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En la imagen un aviso a la entrada del Bar Florida  (Independencia y López), en el cual aún se puede leer que después de levantarse la prohibición a las mujeres en las cantinas prevalecía esta indicación para militares, menores de edad y uniformados.

La fotografía antigua de la comparativa fue tomada de EL UNIVERSAL Ilustrado publicada en 1931.

Fuentes:
Archivo y hemeroteca de El Universal
Entrevistas propias.
“Entrevistas fulgurantes” por Cube Bonifant en El Universal Ilustrado, noviembre 1935.
 “Escenas de la vida nacional”, texto publicado en El Universal Ilustrado el 31 de marzo de 1931.
Reglamento de expendios de bebidas alcohólicas, 26 de mayo de 1919, art. 7/DOF, 2 de junio de 1919, p.385
¡A su salud! Sociabilidades, libaciones y prácticas populares en la ciudad de México a principios del siglo XX de Diego Pulido Esteva.
“La cantina ha muerto…la mujer la mató”, texto de Alberto Ángel “El Cuervo”. Publicado en La Voz del Norte. (5 de octubre de 2014)
Cocina mexicana o Historia Gastronómica de la Ciudad de México. Texto de Salvador Novo. 1967