Veinticuatro horas antes, Miguel Ángel Estopier prepara la mezcla de levadura que horneará para la que llegará a la mesa de las familias capitalinas, como manera de rescatar esta que, asegura, se ha ido perdiendo entre generaciones.

Dice que la rosca tradicional mexicana ha tenido que luchar con el paso de los años con nuevos sabores que desvirtúan lo habitual, y con los precios que han aumentado hasta cinco veces desde que él inició como panadero hace 30 años.

“Independientemente del oficio, es muy bonito querer regalar un poco de nuestra tradición para que vuelva a surgir un poquito de lo que ya se está empezando a perder”, señala.

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Miguel Ángel destacó el aumento de precios; hace tres décadas la rosa grande costaba 100 pesos y hoy tiene costo de hasta 525 pesos. Foto: Fernanda Rojas / EL UNIVERSAL
Miguel Ángel destacó el aumento de precios; hace tres décadas la rosa grande costaba 100 pesos y hoy tiene costo de hasta 525 pesos. Foto: Fernanda Rojas / EL UNIVERSAL

Mientras se acomoda su bandana y su mandil desde el primer piso de la panadería Tahona, ubicada en el Centro Histórico, Miguel Ángel cuenta que preparar estas Roscas de Reyes en pleno 2025 es una manera de rescatar las tradiciones, “que se han ido perdiendo junto con la esencia del pan tradicional”.

Artesanalmente le coloca una a una la naranja, el ate, el turrón y el azúcar que conformarán este pan; para él, afirma, así se hornea una Rosca de Reyes de verdad.

“Porque en muchos lugares ya no es como antes, ya ni siquiera se le pone acitrón, ahora es ate. Ya la hacen con muchos sabores rellenos, ahora ya hay con chocolate o con la misma masa sabor a chocolate”, comenta.

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En la panadería Tahona, ubicada en el Centro Histórico, la preparación de
la Rosca de Reyes comenzó un día antes y de forma tradicional. Foto: Fernanda Rojas / EL UNIVERSAL
En la panadería Tahona, ubicada en el Centro Histórico, la preparación de la Rosca de Reyes comenzó un día antes y de forma tradicional. Foto: Fernanda Rojas / EL UNIVERSAL

Al mismo tiempo que pesa la masa para hornear la rosca perfecta, el panadero señala que otro de los retos a los que se tiene que enfrentar esta dulce tradición es a los precios que han incrementado con el paso de los años “y que desgraciadamente no en todas las familias se pueden dar el lujo de comprarla”.

“Yo recuerdo que hace 30 años la grande estaba como en 100 pesos, ahora ya está en 500 y en otros lados un poquito más cara”, menciona Miguel Ángel, quien agrega que el año pasado en Tahona se vendía en 490 y ahora se oferta en 525.

Dice que también han tenido que luchar contra las grandes cadenas comerciales, las cuales hacen la Rosca de Reyes con procesos químicos que aceleran su producción, que elaboran muchas piezas para su venta, pero sin la calidad de una panadería tradicional.

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Otro año más, Estopier lleva a cabo su parte favorita de hacer este pan: colocar las piezas de plástico que simbolizan al Niño Jesús, los cuales causan risas y controversia en las familias al conocer a quién le toca llevar los tamales en el Día de la Candelaria.

No quiso revelar el secreto de la manera en que son colocados, y asegura que ni los nuevos sabores, los precios o las grandes cadenas comerciales lo descubrirán, y la Rosca de Reyes seguirá siendo un motivo más para unir a las familias de la capital.

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