Toluca, Méx.— Piezas en honor a la muerte que están repletas de vida, así define Javier Carrillo a las catrinas de barro crudo que aprendió a elaborar desde hace tres décadas y que lo convirtieron en uno de los artesanos más destacados de Metepec.

Javier empezó en el oficio a los 15 o 16 años y, a diferencia de otros artesanos locales, no es una actividad que haya heredado de sus padres o abuelos, pues si bien alguna vez elaboraron cazuelas o tlapitzallis (flautas en forma de animales), abandonaron el oficio porque no dejaba para comer.

Entonces, narra, tuvo que aprender con amigos desde lo básico —que es moler con metate el barro en la calle— hasta comenzar a hacer los cuerpos de las figuras.

Explica que fabrica desde nacimientos hasta ángeles, esculturas minimalistas y diseños bajo pedido. Lo único que no produce son piezas repetidas, porque cada una de las entregas tiene su propia historia.

“De muchas he aprendido bastante, por ejemplo, me di cuenta que no podría vivir del arte abstracto o del minimalista porque jamás vendí ninguna pieza y las terminé regalando”.

El artesano platica que mucho de lo que piden los clientes en esta temporada son catrinas, pues se convirtieron en un emblema del Pueblo Mágico. Aunque trata de darles un toque especial, concentrar mucho de la cultura mexicana y, sobre todo, amor.

“Yo sé que mis hijos no van a continuar con este oficio y aunque para mí es una forma de vida, la verdad es que trascender es muy complicado, porque cuando te consolidas ya puedes vender, mientras hay que esperar para lograr clientes”.

Una de sus piezas emblemáticas está inscrita este año en el concurso CatrinArte que organiza el ayuntamiento de Metepec. Es una Catrina de barro con terminado en color crudo que mide metro y medio, y tiene un sombrero decorado con las figuras de una banda musical.

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