San Luis Potosí.— En 2010, tras enterarse de que el gobierno de Felipe Calderón había entregado concesiones mineras en el desierto de Wirikuta, en San Luis Potosí, los wixaritari idearon una estrategia para defender este sitio donde, según su cosmogonía, se originó el Universo y a donde peregrinan desde sus comunidades, a más de 500 kilómetros de distancia, para renovar las velas de la vida.

La vía legal de esa estrategia está por resolverse y los llaman a estar atentos de lo que ocurra con este territorio, sagrado para ellos y que, además, cuenta con un decreto de protección por su riqueza natural y cultural.

Hoy se sabe que 78 concesiones mineras amenazan aproximadamente 70% de las más de 140 mil hectáreas reconocidas por el gobierno de San Luis Potosí como Área Natural Protegida bajo la modalidad de Sitio Sagrado Natural.

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Además, estas concesiones para extraer plata y otros minerales se otorgaron a pesar de que el 22 de abril de 2008 el entonces presidente Felipe Calderón y los gobernadores de Jalisco (Emilio González Márquez), Nayarit (Ney González), Durango, (Ismael Hernández Deras), Zacatecas (Amalia García) y San Luis Potosí (Marcelo de los Santos Fraga) firmaron el Pacto de Hauxa Manaka, en el que se comprometieron a proteger los sitios sagrados de los wixaritari.

A 13 años de iniciada la defensa de Wirikuta, la lucha legal ha establecido precedentes históricos para los pueblos originarios por dos motivos fundamentales: primero, porque los wixaritari han logrado que se reconozca su interés legítimo para defender un territorio que consideran sagrado a pesar de que no forma parte de las tierras reconocidas a sus comunidades, y segundo, por haber obtenido una suspensión de la actividad minera en las más de 140 mil hectáreas reconocidas como Área Natural Protegida, después de realizar un “peritaje tradicional” que implicó una ceremonia en la que los marakames wixaritari solicitaron la comparecencia de sus deidades en Wirikuta para conocer su opinión sobre el caso.

El primer paso fue integrar en 2011 el Consejo Regional Wixárika por la Defensa de Wirikuta (CRW), en el que se congregan autoridades tradicionales, civiles y agrarias de las comunidades de Santa Catarina Cuexcomatitlán, Bancos de San Hipólito y San Sebastián Teponahuaxtlán con su anexo Tuxpan de Bolaños, ubicadas en la zona de la Sierra Madre Occidental, donde confluyen Jalisco, Nayarit y Durango.

Desde esa instancia se hicieron valer los derechos a la consulta, el territorio y la identidad cultural del pueblo wixárika y el 18 de julio de ese año el CRW presentó una demanda de amparo contra las 38 concesiones mineras que entonces habían salido a la luz, otorgadas a las empresas Minera Real Bonanza, S.A. de C.V. y Minera Real de Catorce, S.A. de C.V., ambas subsidiarias de First Majestic Silver Corp, y el 29 de agosto de 2013 se amplió la demanda de amparo contra 40 concesiones más.

Los dioses hablaron

Uno de los capítulos más relevantes en la lucha de los wixaritari para proteger su sitio sagrado más importante ocurrió entre la noche del 7 de febrero y la mañana del 8 de febrero de 2012 en el cerro de El Quemado, en Wirikuta, donde por única vez en la historia de este pueblo se permitió la presencia masiva de mestizos en uno de sus rituales más íntimos para consultar a sus deidades.

Durante un año, todas las comunidades wixaritari tuvieron que deliberar y organizarse para establecer una fecha y la forma de conducir la ceremonia en el lugar donde nacieron el sol, el pensamiento y la vida. A lo largo de aquella noche, los wixaritari cantaron, azotaron la tierra con los pies en una vigorosa danza colectiva, tocaron el violín y la guitarrita, hicieron ofrendas a los dioses, sacrificaron una vaquilla para alimentarlos y escucharon lo que ellos tenían que decir.

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Durante su más reciente pronunciamiento —que fue dado a conocer el pasado 18 de abril en la Casa Iteso Clavijero, en Guadalajara—, el Consejo Regional Wixárika ponderó la relevancia de aquel hecho: “Anunciamos que los logros obtenidos han sido gracias a la fuerza con la que nos han bendecido nuestras deidades y a la propia fuerza y unidad de las comunidades, demostrándose cuando realizamos el peritaje tradicional ofrecido en el amparo que se realizó en febrero de 2012 y, posteriormente, se otorgó la suspensión total de la actividad minera hasta que no haya sentencia”.

Wirikuta se extiende por los municipios potosinos de Real de Catorce, Charcas, Vanegas, Villa de Guadalupe y Villa de la Paz; es —según datos de la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental de San Luis Potosí y la Semarnat— una de las tres ecorregiones semidesérticas biológicamente más ricas del planeta.

Forma parte de la región florística potosina denominada El Huizache, donde se presenta la mayor concurrencia de cactáceas endémicas o amenazadas a escala mundial, y aunque solamente cubre 0.3% del desierto chihuahuense, alberga alrededor de 50% de sus especies de flora, 60% de sus especies de mamíferos y casi 80% de sus aves, muchas de ellas endémicas.

En ese territorio hay decenas de ejidos cuyos habitantes han convivido pacíficamente con los peregrinos wixaritari, pero hoy esa relación es tensa en algunas zonas.

Ahora, en vísperas de la resolución del caso, el pueblo wixárika vuelve a dirigirse a la sociedad civil para pedir atención de lo que pueda ocurrir, pues advierte que aunque existe un sólido marco jurídico internacional en materia de defensa de los derechos fundamentales de los pueblos originarios que es vinculante para el Estado mexicano, todavía prevalece en algunas instancias jurisdiccionales la inercia de analizar la situación a la luz de las legislaciones secundarias y eso permitiría la imposición del proyecto minero.

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