El balón ha comenzado a rodar en nuestra tierra, pero más allá de la grama y los estadios de alta alcurnia, lo que verdaderamente ha inaugurado este Mundial 2026 es el sentimiento de un pueblo que, contra todos los pronósticos y las voces agoreras del pasado, ha decidido volcarse a las calles con alegría y esperanza.
Mientras algunos, desde sus escritorios y sus intereses de grupo, intentaban ensombrecer el ambiente con protestas y visiones pesimistas, México dio una lección de unidad. La inauguración no fue un evento exclusivo para las élites; fue, como debe ser, un evento de la gente. Y fue precisamente ahí, en la esencia de lo nuestro, donde vimos a nuestra Presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, rompiendo los protocolos que tanto gusta imponer el establishment.
Al elegir el Deportivo Los Galeana, en la Gustavo A. Madero, para vivir el primer encuentro de nuestra Selección junto a miles de mexicanas y mexicanos, la Presidenta envió un mensaje contundente: este gobierno no se esconde en palacios ni se aísla en palcos exclusivos. Claudia Sheinbaum ha demostrado, con hechos, que su lugar es con el pueblo. Verla ahí, con la camiseta de México, compartiendo el grito de gol y la emoción contenida de familias enteras, es la prueba de una nueva era donde la política tiene rostro humano y cercanía territorial.
No nos equivoquemos: este Mundial es mucho más que deporte. Es un motor de transformación económica. Estamos hablando de una derrama estimada que podría superar los 10 mil millones de dólares, una cifra que no se quedará en las cúpulas, sino que, bajo la estrategia de este gobierno, busca permear en el comercio local, en los hoteles, en los transportistas y en cada pequeña empresa que es el corazón de nuestra economía. La promoción turística que hoy proyectamos al mundo es, ante todo, la promoción de un México que recibe al visitante con la frente en alto, orgulloso de su cultura y de su capacidad organizativa.
A pesar de los intentos de desestabilización, de las consignas de quienes se resisten a entender que el país está cambiando, el Mundial se lleva a cabo con éxito. La fiesta estalló de Tijuana a Tapachula. Las plazas, los hogares y los centros comunitarios se han convertido en un solo estadio nacional.
Desde aquí, reconocemos el esfuerzo incansable de la Presidenta Claudia Sheinbaum por consolidar este segundo piso de la transformación, donde eventos de talla mundial se aprovechan para fortalecer el bienestar de quienes menos tienen. Mientras otros critican, nosotros celebramos la victoria del pueblo, que hoy sabe que tiene una Presidenta que no le teme a la calle, que no le teme a la cercanía y que, con total compromiso, lidera un México que ya nadie detiene.
Que siga la fiesta, que siga el esfuerzo y que, al final de este camino, el gran ganador sea el México de a pie, el que trabaja, el que se organiza y el que, como hoy, sabe festejar con dignidad su propia grandeza.

