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Ciudad Juárez.— El llegar a esta ciudad para buscar una mejor vida no sólo ha representado para decenas de madres rarámuris el dejar su lugar de origen y familia en la sierra de Chihuahua, sino también una lucha contra la discriminación y continuidad de su cultura, pero ahora con sus hijos.
Verónica Palma Cruz es una mujer, madre y corredora rarámuri de 37 años. Ella llegó de su natal Papajichi, en el municipio de Guachochi, Chihuahua, a los 14 años. Tiene dos hijos a quienes a diario les inculca parte de su cultura, sobre todo la lengua materna.
En entrevista con EL UNIVERSAL, detalla que su hijo mayor tiene 22 años y el menor 15, y al igual que decenas de personas de su comunidad, están en esta frontera para buscar una mejor manera de salir adelante.
“Allá donde yo vivía no había trabajo, estábamos pasando momentos muy duros, días donde no había para comer ahí con mis abuelos y por eso llegué a la ciudad”, cuenta.
La mamá de Verónica, debido a las creencias que tenía en ese momento, consideró que la edad que ella tenía —14 años— era una edad considerable para que ya trabajara.
“Conseguí un trabajo en una casa de limpieza, pero ya después estudié en la escuela secundaria abierta y también terminé la preparatoria y fue que fui brincado poco a poco y después de trabajar muchos años de limpieza como empleada doméstica me fui a una maquiladora a trabajar también”, agrega.
Fue en la maquiladora que conoció a su pareja y padre de sus hijos, y con quien cuenta, buscó la manera de salir adelante, pues estudiaron juntos la educación abierta y formaron su familia.
Actualmente vive en la colonia Tarahumara, un espacio donde radican los pueblos originarios y en donde les prestan una vivienda por un periodo de varios años, pero para ello deben de seguir una serie de reglamentos, los cuales están ligados a sus creencias, cultura y origen rarámuri.
Es por medio de ello que Verónica ha logrado que sus dos hijos, quienes nacieron en Juárez, conozcan su origen y lo adopten, pese a la discriminación que llegan a vivir en esta localidad.
La lucha de sus orígenes
Verónica cuenta que al nacer sus hijos les habló como primer idioma la lengua materna rarámuri y también el español, pero con el paso del tiempo ha sido una situación difícil tanto para ella como para ellos, ya que, aunque se ha visibilizado la presencia de grupos originarios en esta frontera, aún son víctimas de burlas y discriminaciones.
La mayoría de estas acciones se presentan por el uso de su vestimenta típica, color de piel y hablar en la lengua rarámuri.
“Al principio sí era muy difícil, yo sufrí mucha discriminación cuando llegué aquí, nos veían diferente. De igual manera en la maquila no te permiten llevar el traje completo por seguridad, entonces dejé de usar mi vestimenta, pero cuando no estaba en mi horario de trabajo lo conservaba. Yo he conservado mi vestimenta y hasta hacerlo yo misma”, detalla.
Pese a que ella a la fecha viste con las faldas y blusas típicas rarámuri, sus hijos ya no lograron usar las prendas, ya que crecieron en esta localidad y no lograron adoptar esa tradición.
“De hecho, están perdiendo la lengua materna, porque sufrían mucha discriminación en la escuela cuando ellos entraron. Cuando no estaban en la escuela ellos hablaban muy bien, porque yo desde el principio lo primero que les enseñé fue hablar el rarámuri. Ellos hablaban más en rarámuri que castellano, pero en la secundaria ya no quisieron hablarlo porque les decían muchas cosas. Mi hijo mayor es muy aparte, como que ya creció diferente”, dice.

Para ella, esa ha sido la lucha más difícil con sus hijos y como mamá rarámuri asegura que, aunque otras familias sí han logrado sostener las tradiciones o cultura como la vestimenta, en su caso no por la discriminación y situaciones que les han pasado.
Pese a ello, en la colonia donde vive y que está asentada al poniente de Juárez, siguen manteniendo tradiciones como celebraciones religiosas, deportivas, culturales y demás fechas, para que, aunque no se vista de forma típica, se mantengan vivas esas acciones.
“Hemos luchado para que se acabe esa discriminación porque la enseñanza está desde casa. Si a los hijos no les enseñas a respetar a los demás van a crecer igual. Yo y mis hijos lo hemos vivido, en un restaurante nos sacaron porque ese lugar no era para nosotros. Ha sido difícil porque no se respeta”.
Camino de superación
Además de ser madre y luchar contra la discriminación, Verónica ha buscado su superación personal, ya que también es corredora rarámuri, una actividad que comenzó en esta frontera para mejorar la calidad de vida de su hijo que sufría de asma.
En entrevista relata que se enteró de una carrera en el parque de El Chamizal, por lo cual acudió con su bebé para que pudiera respirar aire fresco, como se lo había recomendado un médico.
En una ocasión corrió tres kilómetros, después participó en otra de 10 en donde ganó los primeros lugares y así fue como continuó, hasta acudir a competencias en diversos estados y países como Canadá y Francia.
“Tengo ya 14 años participando en las carreras y me han invitado a diferentes lugares del estado o también de fuera de México. Mi primer viaje fue a Aguascalientes y fuera del país a Los Ángeles, California, Canadá, Carolina del Norte y también allá por Francia”.
A la fecha, además de participar como corredora, forma parte del equipo del Centro Municipal de Pueblos Originarios (Cempo), el primero que se abrió en Chihuahua y donde se busca resaltar la cultura de los pueblos indígenas. Ella es la encargada del deporte intercultural, donde trabajará con las comunidades en actividades deportivas.
Al festejarse hoy el Día de las Madres, Verónica les dice a las madres rarámuris y de otras etnias indígenas que luchen porque no se pierdan sus costumbres y que también trabajen por sus sueños y sus derechos.
“Que no se pierda la lengua materna, que hablen con sus hijos, es importante nuestra vestimenta, nuestra lengua. Que siempre luchen contra la discriminación y que no tengan miedo de hablar”.
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