Con 13 y cinco años de servicio, dos oficiales de la Policía Municipal de Puebla, Lizeth y Giussepe, encontraron el amor en la corporación, enfrentaron las sombras al contagiarse de Covid-19 y hoy combaten al delito.
Los sobrevivientes del coronavirus sufrieron el viacrusis que representa contraer la enfermedad en el sistema de salud pero, junto con sus dos hijos, saltaron el trago amargo.
Durante el Día del Policía Municipal , ambos hacen un recuento de sus vidas y de cómo acabaron sirviendo a la comunidad portando un uniforme policial.
El oficial tercero Giussepe Reinoso Rodríguez, de 31 años, nació con estirpe de policía. Su abuelo y padre fueron agentes viales; la sangre y la tradición lo llevaron a la corporación.
Con 13 años portando el uniforme, asegura sentirse orgulloso de ser policía, oficio y profesión en la que encontró el amor en Lizeth, pero más ahora que lograron sobrevivir al virus mortal.
“Empecé con síntomas de gripe normal, pero más fuertes, mucho dolor de cuerpo, de cabeza, cansancio, puedo decir que es una horrible enfermedad”, recuerda.
Si bien pudo atenderse en el Seguro Social, éste le diagnosticó una simple gripe.
“Así estuve casi semana y media, creído que tenía gripe, no tomé las precauciones de aislamiento; seguí mal y después pude hacerme la prueba y me confirman Covid-19. Una vez enterado, ya tomé todas las precauciones”, comenta.
Ese diagnóstico inicial de gripe, ocasionó que contagiara a su esposa, Liseth Soto Martínez, oficial tercero de la policía desde hace cinco años.
Pero ella no tuvo la misma suerte de su marido, tras presentar los primeros síntomas, el Seguro Social le dijo que ya no tenía pruebas para Covid-19.
“Empecé con temperatura, cuerpo cortado, dolor en articulaciones y de cabeza, son dolores muy fuertes, al grado que no tenía paciencia para atender a mis dos hijos, sobre todo al pequeño que tiene un año de edad, no podía ni cargarlo por tanta debilidad”, recuerda con angustia.
Ambos acudieron al médico particular para reforzar su tratamiento, lo que significó un duro golpe a su economía, pero eso no importaba, sus hijos comenzaron con los mismos síntomas de Covid-19.
Narra que la familia tardó casi un mes en salir de la enfermedad, pero hoy nuevamente se encuentran activos, dando servicio a la comunidad poblana.
La mayoría de la familia de Lizeth Soto Martínez tiene profundas raíces en la docencia e incluso ella intentó seguir la tradición, pero las circunstancias se lo impidieron.
Una crisis económica personal y la oportunidad de contar con buen salario y prestaciones laborales la llevaron a enrolarse hace cinco años a la corporación.
A la distancia no existen arrepentimientos y por el contrario se siente orgullosa de ser un ejemplo para sus dos hijos.
“Los primeros días de regreso al trabajo sientes secuelas de la enfermedad, sientes cansancio al subir escaleras, dolor de cabeza. Pero hoy en día toda la familia está sana y continuamos con nuestras vidas”, expresó agradecida.
Liseth, de 27 años, se incorporó a la policía del municipio de Puebla cuando tenía 22 años de edad y aunque de niña soñaba con ser profesora, al igual que sus parientes, hoy se siente orgullosa de portar el uniforme.
Desde su incorporación al cuerpo policiaco con tan solo 22 años, Liseth refiere que su vida mejoró en todos los aspectos.
om/fml
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